martes, 24 de mayo de 2016

NIDOS EN MI BALCÓN... o como atraer a pequeños vecinos hasta el borde de tu ventana

Un rincón para la naturaleza, un rincón para la vida...


Siempre me ha gustado observa las aves (¡Bueno, y al resto de animales!), pero jamás me imaginé que mirando simplemente a través de  los cristales de mis ventanas, pudiese contemplar un universo tan variado de vida. Así es: sin salir del límite interior de mi casa, puedo observar diversas aves volando en el cielo, paseándose a través del patio del bloque de edificios donde vivo, o bien descansando, comiendo o jugando entre las macetas y las plantas del pequeño huerto urbano que tengo repartido entre mis dos balcones (ver: Pájaros desde mi balcón... o una pequeña guía de las aves que puedo ver sin salir más allá de los límites de mi casa). Ver tanta vida es algo que me relaja. Es sentir la naturaleza dentro de los límites de tu propio hogar.


Efectivamente, el paso de los pájaros en mi propio balcón es algo cotidiano, y con el tiempo estas visitas se han ido multiplicando, pues si bien, en un principio, el paso de algunas de estas aves era simplemente casual, finalmente muchas de ellas han acabado viniendo a este lugar en busca del agua, comida, sombra y recogimiento que se les ofrece.Y por si todo eso no bastase, recientemente construimos un pequeño comedero para pájaros (ver: Pequeño comedero para pájaros), que contribuyó, definitivamente, a que éstos vengan a diario desde entonces, a todas horas.


Así que, motivados por todo ello, finalmente pensamos, ¿porqué no construimos unos nidos y a ver qué pasa?

Nos pusimos manos a la obra... Sé que, simplemente, podíamos habernos limitado a comprar uno o dos nidos prefabricados pero, ya que queríamos atraer a algunos pájaros para que criasen en nuestro balcón, queríamos hacerlo de un modo personal, dándonos el gusto de construir la futura “casa” o “nido” de estos nuevos inquilinos con nuestras propias manos, involucrándonos más personalmente en el proyecto.

Después de hablarlo, decidimos construir un par de nidos.


Para ello, compramos un par de tablas de madera de 150 cm de largo, por 20 cm de ancho y 2 cm de grosor, lo que al final no sólo nos daría para construir un par de cajas nido, sino que además nos daría para hacer dos nuevas mesas para pájaros, de un tamaño superior al pequeño comedero que hasta entonces habíamos tenido en el balcón.

Con la ayuda de mi padre -ya que sin él, esto no hubiese sido posible-, corté las piezas que forman el armazón de la caja nido (tal y como puede observarse en una de las fotos), teniendo en mente, ya de entrada, que queríamos que las cajas tuviesen un techo inclinado que pudiera alzarse con la ayuda de una bisagra, por si, más adelante, era necesario hacer limpieza dentro de la misma. También, para mayor seguridad, decidimos que uniríamos las piezas de la caja empleando tornillos, y no clavos, que es lo que se emplea habitualmente, de modo que todo quedase mejor encajado.


Una vez unimos el armazón principal, decidimos personalizar cada nido con algunos pequeños complementos que los diferenciasen uno de otro, empleando del mismo modo una tonalidad de barniz distinta en cada uno de ellos (una clara y otra oscura), utilizando tonos naturales, de modo que los nidos no resultasen demasiado llamativos ni chillones, pero diesen algo de juego.


Tras dejar que los nidos se secasen y aireasen totalmente, finalmente los colocamos en un punto alto y algo sombreado del balcón, esto último un poco difícil, ya que la fachada, al estar encarada hacia el sur, se ve expuesta al sol durante casi todo el día, desde el amanecer hasta el atardecer.


Tal y como muestra la imagen, colocamos los nidos de modo que pudiésemos aprovechar parte de la sombra proyectada por el balcón del piso superior, a la vez que los situamos justo por encima de una enorme maceta donde tenemos un pequeño árbol plantado, en la base del cual reposa la pequeña charca que creamos hace tiempo. De este modo, logramos darle un toque algo más natural al conjunto, dentro de los límites posibles.


Los nidos estuvieron unas semanas vacíos pero, finalmente, un par de parejas de gorriones molineros (passer montanus) decidieron instalarse en ellos. Y, a día de hoy, vamos viendo desde el otro lado de las ventanas de nuestra cocina, como estos pájaros van construyendo su propio nido dentro de estas cajas nido, haciédolas suyas, trayendo hierbas y ramitas con las que forrar su interior. Es el punto donde finalmente nos hemos convencido que nuestro proyecto ha sido un éxito.


A día de hoy, ya sólo nos queda esperar, y ver si de estos nidos surgirá una nueva generación de gorriones que alegren nuestros corazones.

Nos dio trabajo, ¡pero ha valido la pena!


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