domingo, 22 de mayo de 2016

URBEX: EL BOCARD DE CANEJAN, LA FÁBRICA POST-APOCALÍPTICA DE MADERA

Texto y fotografías: Joan Ramon Santasusana Gallardo.
Fecha: 13 de octubre de 2015. Lugar: En algún lugar de la comarca de la Val d'Aran, provincia de Lleida, Cataluña, España.
Total fotografías tomadas: 114. Total fotografías publicadas: 62.
Si quieres saber qué es el urbex: Urbex: exploración urbana.
Si quieres ver otros archivos urbex: Archivos urbex.


Hacía mucho tiempo que sabía de este lugar, que descubrí en una de mis visitas a las tierras de la Val d’Aran, muchos años atrás, aunque desconocía su nombre y el uso que se le había dado en su momento.

Cuando lo descubrí por casualidad, mientras me dedicaba a visitar algunos de los pueblecitos araneses de montaña, me sentí impresionado por su imponente imagen, la de una enorme estructura de madera surgiendo entre la verde espesura que amenazaba con devorarla.


En aquella ocasión, hubiese querido detenerme y explorar el lugar, pero no pudo ser, ya que en aquella iba con prisas y la agenda algo apretada, pero por la grandiosidad de aquel enorme edificio de madera en ruinas de aspecto post-apocalíptico y la belleza y la espectacularidad del paisaje que lo rodeaba, se me quedó grabada en mi memoria y no lo pude olvidar.

Por aquel entonces, podría decirse que ya practicaba desde hacía años esto que hoy en día se ha dado por llamar urbex o exploración urbana, aunque para la gente de campo como yo, simplemente se tratase de “investigar ruinas o casas abandonadas”. Era ésta, además, una actividad que por lo general no tenía asociada aún a la fotografía de esos mismos lugares ni a la investigación, ya que se trataba de explorar por el simple placer de explorar.


Sea como sea, aunque la visión de este lugar duró apenas unos minutos, permaneció grabado en mi memoria, aunque por lo lejano del sitio, tanto en el espacio como en el tiempo, no sabía si alguna vez volvería a verlo o visitarlo, y mucho menos si el mismo permanecería en pie, pues ya años atrás amenazaba en caer, siendo como es una edificación de madera en pura ruina, atrapada entre unos bosques por lo general fríos y húmedos.

Pero cosas de la vida, años después volví a visitar la Val d’Aran, y la fábrica post-apocalíptica, como me había dado por llamarla, continuaba ahí, igual de imponente a como la recordaba.


Antaño, esta vieja edificación, conocida como el Bocard o el Bocard de Canejan, fue sólo una pequeña parte de un enorme complejo industrial minero que recorría el valle del río de Toran, que cruza un largo y estrecho valle que forma una pendiente bastante pronunciada, y en su momento tuvo mucha maquinaria minera a su disposición, de la que ya no queda rastro alguno: motores, lanzadoras, cables, vagonetas, basculantes e, incluso, un funicular aéreo o teleférico. Tras unos años de esplendor a principios del siglo XX, las minas finalmente cerraron en el año 1956, y toda su maquinaria fue desmantelada hacia la década de 1960, momento en el cual el enorme edificio conocido como el Bocard quedó totalmente abandonado y pasando a ser propiedad del cercano pueblo de Canejan, que se halla prácticamente suspendido en las montañas adyacentes.


Este complejo industrial minero fue sin dudas de considerables dimensiones, y supo aprovechar el enorme desnivel de la montaña para situar un primer andamio receptor de minerales, hecho de obra, y las dos grandes estaciones del funicular aéreo o teleférico un poco más abajo. La edificación de madera que yo, simplemente, llamo la fábrica post-apocalíptica, fue tan solo una parte de este entramado, el lugar donde se limpiaba y procesaba el mineral propiamente dicho –básicamente zinc- utilizando tres pequeños embalses comunicados entre ellos que se alimentaban de las aguas del río de Toran. Estos embalses aún pueden hallarse escondidos entre las rocas o las hierbas.


En un principio, la blenda de las minas de Liat era muy rica en zinc (aproximadamente un 50% del mineral) y se bajaba hasta la Era Farga de Güerri a lomos de caballos y mulas. Posteriormente, surgiría la Era Honeria con unas grandes vueltas o hornos que se utilizaban para calentar la mena y hacerla estallar empleando la fría agua del río de Toran, dejando el mineral suelto, que se llevaba entonces hasta Pontaut para ser transportado hasta Francia. Finalmente el complejo de Liat seria dotado del largo teleférico ya mencionado, que cubría los más de 15 km de distancia que separaban las minas de Liat propiamente dichas hasta la de ángulo que se encontraba a orillas del río de Toran y el Bocard de Canejan, en el fondo del valle, prácticamente al pie del río Garona.


Por cierto, pese a su deplorable estado de ruina y abandono, quiero hacer constar que el Bocard de Canejan actualmente es considerado un monumento del municipio de Canejan que ha sido incluido en el Inventari del Patrimoni Arquitectònic de Catalunya, lo que nos puede dar una idea de la importancia de este lugar que marcó parte de la historia de esta bella región enmarcada entre montañas, ríos y brumas.

Como digo, ésta es su historia, pero para mí, en mi imaginación, el Bocard de Canejan es y continuará siendo siempre aquella fábrica post-apocalíptica que está inmersa en un mundo verde donde el hombre ya hace tiempo que extinguió o, si acaso, si aún vive, apenas quedan unas pocas reminiscencias de él.
























































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