miércoles, 6 de diciembre de 2017

CHISTES Y MEMES DE INTERNET QUE ME HICIERON REÍR MÁS DE UNA VEZ

"La función química del humor es ésta:
cambiar el carácter de nuestros pensamientos."
Lin Yutang (1895-1976), escritor chino.

De cuando en cuando, mientras deambulo perdido y náufrago por esos mares absurdos que son las páginas de internet, me tropiezo con algún chiste o meme que me hace sonreír o reírme a carcajada limpia. Es frecuente que eso suceda. Sin embargo, una vez visto y leído, sólo suelo hacerlo una vez. Aún así, hay unos pocos que tienen la capacidad de hacerme reír -aunque ya sólo sea por dentro, en mi alma- cada vez que los miro. Ya sea porque considero que ese chiste o meme es real como la vida misma -aunque exagere un poquito-, por lo crítico hacia nuestro modo de vivir o nuestra sociedad, por lo surrealista, lo escatológico o porque aborde temas cercanos a mí modo de vivir, pensar o sentir. Cuando me tropiezo con algunos de estos chistes, éstos van a parar a mi ordenador, simplemente por el hecho de que me han hecho tanta gracia que necesito verlos de cuando en cuando, o bien me los guardo para mostrárselos a mi pareja o a quién tenga la desgracia de caer cerca de mí… En todo caso, ¿para qué guardarlos en mi ordenador, si desde aquí puedo mostrárselos al resto del mundo?




































domingo, 3 de diciembre de 2017

CUATRO AÑOS JUNTO A TI...

... y espero que sean muchos más.


Hoy hace cuatro años desde que te conocí en persona. Según me cuentas, antes ya habíamos coincidido en una ocasión, pero yo no la recuerdo, y, en aquel momento, tampoco sabíamos que en un futuro, casi tres años después, nuestros caminos iban a cruzarse de nuevo para formar algo juntos. Lo reconozco, en aquella primera ocasión, tú estabas allí con aquella vieja amiga a la que me pasé a saludar, pero yo no me fijé en ti. Iba a mi bola, ¡como siempre!

La historia podía haberse acabado aquí. Punto y final.

El tiempo pasó…


Pocos días después de aquel fugaz encuentro contigo, empecé una nueva relación que no terminó de cuajar bien, y tras la ruptura, me sumí en un largo año de soledad y reflexión, que se inició con pena y tristeza pero empezó a evolucionar en un gran cambio en mi vida. Descubrí que soltero y libre, lo empezaba a llevar bien y era mucho más feliz. No fue el mejor de mis años, pero fue uno de los años en que más aprendí, y empecé a manejar bien el timón de mi vida.

Aprendí a disfrutar de mi soledad haciendo cosas que verdaderamente me hacían sentir feliz y me realizaban, y a retomar cosas que tenía olvidadas o aparcadas. Aprendí que si bien no tenía claro que era lo que quería en mi vida, si tenía muy claro que era lo que no quería. Aprendí a retomar viejas amistades y a conocer a gente nueva según nuestras afinidades. Aprendí que mucho mejor que mirar al pasado u obsesionarse con el futuro, lo mejor es vivir el presente, el día a día. Aprendí a dar un nuevo valor a las cosas según si me servían para ser más feliz, o a desembrazarme de ellas si, por el contrario, no servían para nada más que para convertirse en un lastre. Y aprendí muchas cosas más que ahora mismo no recuerdo o que se me habrán borrado de la memoria. El caso es que, en pocos meses aprendí lo que de otro modo quizás me hubiese llevado toda una vida. Fue una época de evolución y cambio brutal, que me ayudó a mejorar muchos aspectos de mi vida. Me sentía libre y feliz de un modo en que no me había sentido durante muchos años.


Aunque reconozco que eventualmente sí que podía pensar en si algún día volvería a encontrar alguien con quien compartir mi vida, esa fue una prioridad que dejó de importarme. Me di cuenta que realmente necesitaba conocer a gente nueva para ampliar horizontes y compartir parte de esos momentos que me hacían sentir feliz, pero no necesitaba a una pareja, sino simplemente conocer a gente nueva afín a mis gustos, mis pasiones, a lo que realmente me hace sentir vivo: las ferias medievales y steampunk, las exploraciones urbanas, los largos paseos por el campo o los bosques, el reencuentro con viejos amigos, la familia, el humor absurdo, el descanso en el hogar, el respeto a la intimidad… Aprendí mucho, y todo eso, y mucho más, me ayudó a crearme una nueva vida en la que, aún estando solo, me sentía feliz de un modo en que no me había sentido en muchos años.

Y un día, por casualidad, nos conocimos a través del mundo virtual, yo aceptando tu solicitud de amistad, pero preguntándote los motivos de que me hicieras esa solicitud si no nos conocíamos ni veía claro que compartiésemos nada en común. Pero hablamos, y acabamos descubriendo que teníamos muchas más cosas en común de las que yo hubiese sospechado al principio. Tu gusto por lo pequeño y los pequeños detalles, tu sensibilidad en las fotografías, el amor por la naturaleza, por lo medieval, la artesanía y lo creativo… ¡Tener una amiga en común en el mundo real que te hablase bien de mí también ayudó, claro! ¡Jajajajaja!


Y dimos ese primer paso de conocernos un día en persona, y pese a mis nervios y miedos, la cosa fue bien y avanzó… No explicaré aquí mucho más, porque como sabes, ya he hablado de ello en muchas otras ocasiones. Hoy no quiero repasar aquellos días, sino más bien reflexionar en lo que has supuesto tú en mi vida y como has cambiado mi mundo.

Tengo claro que desde que te conocí, contigo he sido feliz cada día de mi vida, incluso en esos malos momentos que hemos atravesado en alguna otra ocasión, en las que tu simple mirada, un abrazo tuyo o una caricia han aliviado mi dolor al igual que yo he intentado aliviar el tuyo. He sido feliz por todo lo que me has dado, pero también por lo que no me has quitado, porque me has dejado conservar mi verdadero yo aceptando mis virtudes y mis defectos. Jamás has intentado modificar mi manera de ser, y eso no es algo fácil de encontrar en otra persona, y mucho menos cuando se convive juntos.


Me has dado mi espacio individual, y eso ha hecho que los momentos que hemos compartidos juntos sean mejores, más intensos, más genuinos. No es sólo un nosotros, sino también un tú y un yo. Un respeto a la persona que somos cada uno de nosotros como individuos.

Otra cosa que sabes que valoro mucho o me maravilla de ti es tu sentido del humor, a la hora de darlo o recibirlo, que pasa desde el humor inteligente o la fina ironía hasta llegar a lo más surrealista o escatológico. Porque, ¿qué sería la vida sin risas? Un lugar bello, pero más gris.


Cuatro años, y creo que aún después de tanto tiempo no hay ni un día que no me sorprendas con algún pequeño detalle. Quizás me sorprendo porque después de tanto tiempo aún estás aquí, junto a mí. Pero es mucho más que eso, es nuestra capacidad de vivir el presente y de podernos sorprender mutuamente improvisando cada día, con los banquetes que hacemos en casa, con esas salidas inesperadas al aire libre, buscando fotografiar pájaros o pequeños detalles de la naturaleza, cazando leyendas o árboles monumentales, descubriendo la belleza de pequeños pueblos que aún guardan calles que parecen olvidadas o suspendidas en el tiempo, los cuentos inventados que nos contamos en ocasiones por la noche antes de dormir, las miradas, lo sublime, lo obsceno, el arte o lo mundano… Y así, cada día, vamos construyendo un mundo nuevo, e, incluso en la monotonía, contigo cada día es diferente.

Es muy sencillo… simplemente te amo por ser como eres. Ni más ni menos. Y hoy ya son cuatro años junto a ti. T’estimo!



sábado, 2 de diciembre de 2017

LA CONTEMPLACIÓN DE LAS HOJAS EN OTOÑO (MOMIJIGARI)

Texto y fotografías de: Joan Ramon Santasusana Gallardo.

Querido otoño de contemplación...


La contemplación de la naturaleza es, en cierto modo, un acto espiritual. Cada estación del año y cada lugar donde transcurre cada una de estas estaciones nos transmiten unos sentimientos variados y distintos.


De todas las estaciones, siempre he dicho que el otoño, en cuanto a contemplación se refiere, es mi momento preferido, aunque, para ser sinceros, disfruto con cada estación por distintos motivos: me maravilla la explosión de vida de la primavera, la actividad de los seres vivos en verano, con la calma de sus mediodías y sus largos días de sol, y me atrae la fría paz del invierno que invita a acurrucarse en el hogar buscando el calor del abrigo, el cobijo de una manta o la lumbre del hogar mientras uno contempla el paisaje gris a través del cristal de una ventana.


Sin embargo, como digo, el otoño siempre ha sido mi estación preferida, porque tiene ese algo especial, donde se combina un aire de vida y decadencia que me fascinan… Es el momento en que el color de las hojas de los árboles de hoja caduca cambian, en que el ambiente se empieza a tornar más frío y las noches se alargan, en que la lluvia marca su pauta, y el mismo repiquetear de los tacones de los zapatos en una acera húmeda parece hacer un sonido distinto al que emitía en primavera o verano, cercano pero más lejano, más frío. Es la estación que invita a la soledad, a los largos paseos en el bosque, a los recuerdos y la nostalgia, y a oler el aroma de los frutos secos, las setas y las castañas asadas, o a cocinar boniatos, arroz con leche o pan de cebolla.


Pasear por los bosques de hoja caduca durante este momento del año tiene algo mágico, especialmente si se hace al amanecer o atardecer, entre niebla, rocío y frío. Observar los pájaros entre las ramas, buscando bayas o insectos, el rumor del correteo de un conejo o un ratón entre las hojas. El verde, el rojo, el marrón y el amarillo se combinan en majestuosas tonalidades de color, en el que las hojas de los árboles, el musgo y el liquen combinan prodigiosamente con los frutos y bayas coloridas del bosque.


Los japoneses tienen una bella palabra para este describir este tipo de contemplación de las hojas y árboles otoñales: momijigari. Una palabra hace referencia a la costumbre o tradición japonesa de ir a contemplar las hojas de los árboles en otoño, refiriéndose especialmente a las del arce japonés, que toma bellas tonalidades rojizas y muchas otras tonalidades, y que va ligado al gran amor por la naturaleza y contemplación de la filosofía zen.


No sé vosotros, pero yo, en otoño -aunque también me sucede el resto del año a otros niveles- necesito disfrutar de esa contemplación de lo vivo, del cambio del mundo, de los ruidos y rumores del bosque, y el lento goteo de las gotas del agua cayendo a través de las hojas perennes o caducas de los altos árboles o el musgo.


¿Qué más puedo decir? ¡Amo el otoño! Y amo guardar el recuerdo de sus colores en fotografías o directamente en mi memoria, esperando poder contemplar ese mismo espectáculo el próximo ciclo del año. Hasta entonces, continuaré viviendo en lo que pueda y la salud lo permita, cada momento de mi vida.

martes, 21 de noviembre de 2017

SOBRE MIS PADRES: 50 AÑOS - BODAS DE ORO DE JOSEP Y REMEI


El 17 de septiembre de 2017 mis padres celebraron sus bodas de oro. Quise dedicarles unas palabras que recogí en un pequeño libreto que hice a mano, que transcribo a continuación, traduciéndolo del catalán a castellano...


¡50 años desde que se casaron! ¡Uf!

A veces, cuando uno piensa en los padres, cuesta recordar que cada uno de ellos, como todos nosotros, tiene toda una historia personal detrás, conformada de alegrías y tristezas, de felicidad y desengaños, de ilusiones y miedos... Creo que buena parte de nuestra vida la conforman estos sueños e ilusiones que nos hacen seguir hacia adelante, y de la felicidad que conseguimos cuando algunos de estos sueños incluso se cumplen. Nadie no conocerá nunca del todo quienes somos como individuos, quizás ni nosotros mismos, pero realmente en la vida de todos nosotros siempre habrá personas que se acercarán más a este conocimiento de quienes somos realmente, que llegarán a tocar nuestra alma, ya sea por la convivencia, o porque con ellos nos podemos mostrar tal como somos. Pareja, familia, amigos...

Hoy querría hablar de mis padres, pero no como padres, sino simplemente como los individuos que son y que decidieron, en algún punto de la vida, unir sus caminos: Josep y Remei.


Nacieron en lugares y de familias muy distintos, pero un día, por circunstancias de la vida, el azar o el destino, se conocieron, y no se sabe muy bien como, acabaron juntos. Bien, ¡no se sabe, no se sabe! ¡Sí que se sabe! De hecho, parte de estas historias y anécdotas de su juventud forman parten de las historias que nos explicaban a Susana y a mí de pequeños.

En un día como hoy quiero recordar que parte de su juventud, cuando aún hacía poco tiempo que Remei había venido desde sus tierras andaluzas a Cataluña, donde ya tenía una “colla” (pandilla), y Josep hacía poco que acababa de llegar de hacer la mili en el desierto del Sahara, se conocieron en Puig-reig. Puig-reig, que por aquel entonces era mucho más pequeño de lo que es hoy en día, pero que tenía su cine, un campo de fútbol, una piscina o, incluso, un “carrilet” (ferrocarril). Eran tiempos de sueños, de cambios y, todo y que había una dictadura de por medio, ya se empezaban a sentir aquellos nuevos aires de libertad. ¡Eran jóvenes! ¿Qué os tengo que decir yo, si aún no había nacido?

Y como todos los jóvenes de aquella época, salían a tomar el vermut con la “colla” al bar del pueblo, en verano iban a la piscina a nadar y tomar el sol, asistían al concierto del típico grupo del momento o iban a bailar a “l’envelat” (la carpa)... ¡Uy, el baile! ¡Uy, la noche! ¡Qué peligro! Entonces, un simple bailes tenía una carga de emociones y erotismo mucho más complejo del que hoy en día nos podemos imaginar. ¡Ahora todo es más fácil, pero quizás no tan bonito!


No conozco toda su historia ni creo que nunca llegue a conocerla con todos sus sueños y sus ilusiones, ni sé todo lo que habéis sacrificado por el camino. Pero no dudo que en vuestra juventud, el amor que vivisteis, con todos aquellos altos y bajos, tuvo aquella magia única que tiene el amor en los primeros años de nuestra vida, cuando se abre un nuevo mundo de posibilidades ante nuestros ojos.

Tampoco sé exactamente en que punto os decidisteis casar. Pero lo hicieron un día como hoy, y de aquel día hasta hoy ya han pasado cincuenta años. De Puig-reig a Cardona, de Cardona a Vilanova i la Geltrú, después hacia Girona... Una niña, un niño, cambios de trabajo, de casas, de vida, nietos... ¡Cojones, sin saber como habían pasado los años ya eran abuelos! ¡Èlia, Eduard, Marcel! ¡Un no parar!

En todos estos años los he visto reír y discutir. Los he visto enfadarse y hacer las paces. ¡Y alguna mañana, desde mi cama, incluso los oía haciendo el amor! ¡Quizás se creían que no los escucharíamos! Infinitas veces los he visto jugar, abrazarse o darse besos. Hay que decirlo... ¡Qué bonito!


Podría hablar de su valor como padres, y de la libertad que nos han dado como hijos, ¡pero hoy no toca! Mi hermana y yo formamos parte de su vida, somos fruto de su amor y de esta vida que nos dieron. Pero hoy no celebramos el día de la madre ni el del padre, sino el día de la pareja que ellos son, y de lo que, como pareja, aún les queda por vivir. ¡La edad pesa, pero la vida continúa y se ha de aprovechar! Aún así, no está de más darles las gracias por todo lo que nos han enseñado, todo lo que nos han dado, y por tantas veces que nos han ayudado o respaldado. Nunca se lo podremos agradecer lo suficiente.

¡Ahora sólo quiero decir una cosa más! Ya habéis hecho vuestro trabajo, habéis sido padres, abuelos y mucho más. Nos habéis regalado buena parte de vuestra vida y de vuestro tiempo. ¡A veces las habéis pasado putas y habéis hecho sacrificios, pero ahora -y esto va también para el resto de la gente- es vuestro momento! ¡Vivid a vida y gozad de cada instante mientras podáis! ¡Qué ya toca! ¡Y ya nos veremos de aquí a cincuenta años más!

¡Por muchos años, y que os continuéis amando!

SOBRE ELS MEUS PARES: 50 ANYS - NOCES D’OR DE JOSEP I REMEI


El 17 de setembre de 2017 els meus pares van celebrar les seves noces d’or. Vaig voler dedicar-los unes paraules que vaig replegar en un petit llibret que vaig fer a mà, que transcric a continuació...


50 anys des de que es van casar! Uf!

De vegades, quan un pensa amb els pares, costa recordar que cadascun d’ells, com tots nosaltres, té tota una història personal al darrera, conformada d’alegries i tristeses, de felicitat i desenganys, d’il·lusions i pors… Crec que bona part de la nostra vida, la conformen aquests somnis i il·lusions que ens fan seguir endavant, i la felicitat que aconseguim quan alguns d’aquests somnis fins i tot es compleixen. Ningú no coneixerà mai del tot qui som com individus, potser ni nosaltres mateixos, però realment a la vida de tots nosaltres sempre hi haurà persones que s’acostaran més a aquest coneixement de qui som realment, que arribaran a tocar la nostra ànima, ja sigui per la convivència, o perquè amb ells ens podem mostrar tal com som. Parella, família, amistats…

Avui voldria parlar dels meus pares, però no com a pares, sinó simplement com els individus que són i que van decidir, en algun punt de la vida, unir els seus camins: el Josep i la Remei.


Van néixer en indrets i de famílies molt diferents, però un dia, per circumstàncies de la vida, l’atzar o el destí, es van conèixer, i no se sap ben bé com, van acabar junts. Bé, no se sap, no se sap! Sí que se sap! De fet, part d’aquestes històries i anècdotes de la seva joventut, formen part de les històries que ens explicaven a la Susana i a mi de petits.

En un dia com avui vull recordar part de la seva joventut, quan encara feia poc temps que la Remei havia vingut des de les seves terres andaluses a Catalunya on ja tenia una colla, i el Josep tot just acabava de tornar de fer la mili al desert del Sàhara, i es van anar a conèixer a Puig-reig. Puig-reig, que per aquell temps era molt més petit del que és avui en dia, però que tenia el seu cinema, un camp de futbol, una piscina o fins i tot un carrilet. Eren temps de somnis, de canvis i, tot i haver una dictadura pel mig, ja es començaven a sentir aquells nous aires de llibertat. Eren joves! Què us he de dir jo, si encara no havia nascut?

I com tots els joves d’aquella època, sortien a prendre el vermut amb la colla al bar del poble, a l’estiu anaven a la piscina a nadar i prendre el sol, assistien al concert del típic grup del moment o anaven a ballar a l’envelat… Ui, el ball! Ui, la nit! Quin perill! Llavors, un simple ball tenia una càrrega d’emocions i erotisme molt més complexa del que avui en dia ens podem imaginar. Ara tot és més fàcil, però potser no tan bonic!


No conec tota la seva història ni crec que mai arribi a conèixer tots els seus somnis i les seves il·lusions, ni tot el que heu sacrificat pel camí. Però no dubto que en la vostra joventut, l’amor que veu viure, amb tots aquells alts i baixos, va tenir aquella màgia única que té l’amor en els primers anys de la nostra vida, quan s’obre un nou món de possibilitats davant els nostres ulls.

Tampoc sé exactament en quin punt es van decidir a casar. Però ho van fer un dia com avui, i d’aquell dia fins avui ja han passat cinquanta anys. De Puig-reig a Cardona, de Cardona a Vilanova i la Geltrú, després cap a Girona… Una nena, un nen, canvis de feina, de cases, de vida, néts… Collons, sense saber com els anys havien passat i ja eren avis! L’Èlia, l’Eduard, el Marcel! Un no parar!

En tots aquest anys els he vist riure i discutir. Els he vist enfadar-se i fer les paus. I algun matí, des del meu llit, fins i tot els havia sentit fer l’amor! Potser es pensaven que no els sentiríem! Infinites vegades els he vist jugar, abraçar-se o fer-se petons. S’ha de dir… Què bonic!


Podria parlar del seu valor com a pares, i de la llibertat que ens han donat com a fills, però avui no toca! La meva germana i jo formem part de la seva vida, som fruit del seu amor i d’aquesta vida que ens van donar. Però avui no celebrem el dia de la mare ni el del pare, sinó el dia de la parella que ells són, i del que, com a parella, encara els queda per viure. L’edat pesa, però la vida continua i s’ha d’aprofitar! Tot i així, no està de més donar-los les gràcies per tot el que ens han ensenyat, tot el que ens han donat, i per tantes vegades que ens han ajudat o fet costat. No els podrem agrair mai prou.

Ara només vull dir una cosa més! Ja heu fet la vostra feina, heu sigut pares, avis i molt més. Ens heu regalat bona part de la vostra vida i del vostre temps. De vegades les heu passat putes i heu fet sacrificis, però ara -i això també va per la resta de la gent- és el vostre moment! Viviu la vida i gaudiu de cada instant mentre pugueu! Què ja toca! I ja ens veurem d’aquí a cinquanta anys més!

Per molts anys, i que us continueu estimant!

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA LLEGENDA DEL CASTELL DE COLL DE SOM

El castell de Coll de Som és una fortalesa del segle XIX, que fou utilitzada durant les Guerres Carlines i la Guerra Civil. Localitzada dins del terme municipal de Benifallet, a la comarca del Baix Ebre, està situat a la cota més alta del Coll de Som (251 m), des d’on es domina una àmplia vista panoràmica de la vall de l’Ebre, just per sobre de l’Assut de Xerta. D’aquesta fortificació actualment només en resten runes, quedant en peu les restes d’alguns murs de maçoneria ordinària arrebossada amb carreus a la base i espitlleres, i les cantonades dels mateixos, formant tot el conjunt un recinte petit i estret. La seva localització l’ha volgut convertir en centre o part d’una antiga vila medieval desapareguda.

El castell de Coll de Som.

En el lloc estratègic on actualment descansen les runes del castell de Coll de Som, de molt difícil accés, car no hi ha camí ni sender per arribar-hi fàcilment, convertint-lo en un veritable niu d’àguiles, algunes persones han volgut situar l’antiga vila medieval de Som, la existència de la qual vindria avalada pel fet que, per la superfície de la zona d’aquesta muntanya s’han trobat diferents fragments de ceràmica ibèrica, àrab i moderna.

DOCUMENTACIÓ FOTOGRÀFICA EXTRA

A continuació deixo algunes fotografies de les restes del castell de Coll de Som, i d’algunes de les vistes que des d’aquell castell s’albiren.

El castell de Coll de Som.

El castell de Coll de Som.

Restes del castell de Coll de Som.

Restes del castell de Coll de Som, amb vistes al riu Ebre.

Restes del castell de Coll de Som.

Restes del castell de Coll de Som.

Restes del castell de Coll de Som.


Restes del castell de Coll de Som.

Restes del castell de Coll de Som.

Vistes des del castell de Coll de Som de l'Assut de Xerta.

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