Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos propios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos propios. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de mayo de 2019

Microrrelato: AMOR INMORTAL


Y el vampiro, con el aspecto de un adolescente joven y elegante, le dijo: “Te amaré para siempre y nuestro amor será eterno”. Y ante tal promesa, ella cayó rendida en sus brazos soñando que viviría una historia romántica de amor inmortal.

Aún no había pasado una semana cuando la policía encontró el cuerpo sin vida de la chica tirado como una muñeca rota en el sucio canal de una cuneta de carretera secundaria. Un cuerpo completamente lívido, seco, sin una gota de sangre.

Mientras, en otra ciudad, en ese mismo instante, aquel seductor vampiro volvía a repetir aquellas mismas palabras a otra ingenua adolescente: “Te amaré para siempre y nuestro amor será inmortal”. Como las otras, ella cayó rendida en sus brazos soñando que viviría una historia romántica de amor inmortal. Siempre lo hacían...

jueves, 16 de mayo de 2019

Microrrelato: EL CAZADOR


Se habló durante mucho tiempo de los Inquisidores, el Santo Oficio, los temidos cazadores de brujas que durante siglos azotaron Europa mediante el miedo, la tortura y la total impunidad de sus actos. Todo el mundo temía la Santa Inquisición. ¡La Santa Inquisición! Sus miembros se sentían prácticamente intocables, la Mano de Dios, los Elegidos. Intocables... ¡Qué error! Porque si bien ellos podían detener, humillar, torturar, y hacer confesar lo inconfesable mediante la aplicación del desgaste, el hambre y el dolor, para finalmente juzgar y condenar a la horca y la hoguera a los inocentes, ahora había llegado hasta ellos el rumor de una pesadilla que se acercaba, mucho peor que el propio Diablo al que pretendían erradicar.

Los Inquisidores oyeron los rumores y temblaron, pues existían ya pruebas evidentes de que algunos miembros de su orden habían desaparecido sin explicación alguna, y se había perdido el rastro de todos ellos.

Se decía que era un malnacido que venía dispuesto a cobrarse la muerte de todas aquellas mujeres inocentes que habían sido mutiladas o asesinadas en nombre de Dios, de aquellos indefensos que por sus deformidades habían sido considerados adoradores de demonios. Se comentaba entre susurros que empleaba sobre los Inquisidores los mismos métodos que éstos habían empleado con otros, y métodos mucho peores que nadie se atrevía a imaginar.

¡Los Inquisidores! Sus crímenes, realizados en nombre de Dios, ya eran demasiados, y debían aprender de una vez por todas que a veces incluso los cazadores son cazados. Así es como llegó él hasta estas tierras, surgido de la oscuridad: el Cazador de Inquisidores, el cazador de cazadores de brujas. Y no venía sólo para aplicar justicia, sino venganza.

miércoles, 1 de mayo de 2019

EL FIN DEL MUNDO EN UNA JARRA DE CERVEZA

Y así, sentado frente aquella vacía mesa en una esquina de aquel vacío bar, contempló con sus fríos ojos grises la espumeante jarra de cerveza que acababa de llenar, dio un largo sorbo, cogió la pistola, y se voló la cabeza sin remordimientos, arrepentimiento ni tristeza. Lo había perdido todo, y ya no le quedaba ninguna razón para continuar. Fuera, las calles estaban vacías, desoladas: en menos de 57 horas una mortal virus había asolado a todos los pájaros y mamíferos de la Tierra y había acabado con la humanidad. Todos ellos llevaban más de cinco meses incubándolo, invisible, indetectable, simplemente esperando el momento adecuado para actuar.

lunes, 18 de marzo de 2019

Microrrelato: DEMASIADAS COSAS EN LA CABEZA

Texto: Joan Ramon Santasusana Gallardo.


Era un alto cargo de estado muy ocupado que sentía constantemente migrañas y dolor de cabeza. El estrés y la responsabilidad, decían. “¡Tengo muchas cosas en la mente, multitud de ideas en el cerebro, demasiadas cosas en la cabeza!”. Siempre fue así. “¡Demasiadas cosas en la cabeza! Todas presionando por salir.” Y durante semanas, todo fue a peor. Empezó a hacer cosas extrañas, pérfidas y, hacia el final de su carrera, claramente retorcidas y malvadas. En aquella última reunión a puerta cerrada con otros altos cargos de estados vecinos, lo dijo: “Tengo demasiadas cosas en la cabeza. Demasiadas cosas… ¡Y la cabeza me va estallar!” Y así fue. Repentinamente su cabeza estalló, diseminando miles de extrañas larvas bulbosas y acéfalas de un extraño color azulado, que rápidamente penetraron por cualquier oquedad de los cuerpos de todos los allí presentes. Al salir de la reunión, todos se quejaron de sufrir un extraño dolor de cabeza y se notaban con sus estómagos anormalmente abultados. Tras de sí, solo quedó una sala vacía y un traje de ejecutivo vacío extrañamente manchado en una de las butacas. A uno de ellos ya no se lo volvió a ver jamás, y desde entonces, todos aquellos  altos cargos de otros tantos estados allí reunidos se han ido quejando de tener demasiadas cosas en la cabeza…

martes, 5 de marzo de 2019

Microrrelato: EL TÍTERE

Texto: Joan Ramon Santasusana Gallardo.


Únicamente quería dormir. ¡Sólo dormir! Hacía tanto tiempo que no descansaba. ¡Demasiado! No debí coger el coche aquella noche. El sueño, el cansancio, los reflejos... ¡La oscuridad! Con tan poca visibilidad y mi atención tan menguada, es natural que no viera aparecer de repente aquella figura desnuda en el estrecho arcén de aquella carretera tan poco transitada. No pude reaccionar. Lo arrollé, le pasé por encima, y sentí como la arrastré durante unos pocos metros a lo largo de mi abrupta frenada. Definitivamente no debí coger el coche aquella noche, no. Tras unos instantes de duda (¿Debía huir? ¿Estaba vivo?), puse las luces de posición y salí para ver aquel cuerpo destrozado que había dejado un par de metros más atrás. Algo no encajaba... aquello, aquel hombre, aquella cosa aplastada, tenía sus miembros anormalmente retorcidos, flácidos, casi como si no tuviera huesos, como si fuese únicamente algo hecho de goma o gelatina. Y aquellas manos y aquellos pies tenían unos dedos... demasiados dedos. ¡Demasiados! Y entonces aquella grotesca cabeza calva se giró para mostrarme su único gran ojo central enmarcado dentro de un extraño rostro carente de orejas y adornado con una gran boca en forma de estrella de mar. Lo escuché en mi mente: “Ahora... eres... mío”. Únicamente quería dormir. ¡Sólo dormir! Y desde entonces ya no ha dormido y sé que ya no dormiré jamás, siendo como soy, ahora y para siempre, su esclavo, un títere que le sirve para la eternidad.

lunes, 4 de marzo de 2019

EL CAMINO DE ADARA

Texto: Joan Ramon Santasusana Gallardo.


Siempre había tenido miedo de los cuentos y fábulas que se contaban sobre las criaturas que habitaban en aquel bosque. Historias de antiguos titanes y gigantes, de sátiros y ninfas, de lamias y centauros, y de toda suerte de espíritus invisibles… Aún así, a pesar del terror que le provocaban aquellas tétricas leyendas, haciendo acopio de valor, Adara viajó durante cinco días y cinco noches  a través de aquella región lúgubre y salvaje siguiendo senderos escabrosos y escondidos que sólo conocían las antiguas sacerdotisas, para así poder ahorrarse los diecisiete días de viaje extra que hubiera tenido que hacer de haber seguido el camino a que recorría las regiones más seguras atravesadas de campos y viñedos. Después de la muerte de su marido a manos de la terrible parca, necesitaba regresar con su familia.

Durante todo su viaje a través de aquella inhóspita selva se había sentido observada. Los susurros en el bosque, los leves pasos sobre las hojas, aquellas ramas que a pocos pasos de ella de repente parecían moverse misteriosamente, como si unos instantes antes alguien la hubiese acechado desde allí… todo ello la había mantenido constantemente alerta, con el miedo atenazando su corazón. Pero ahora, por fin, entreveía una luz al final del camino, una gota de esperanza: ya llegaba, por fin, al final de su camino. A lo lejos, la luz del sol parecía penetrar lo que sin duda marcaba los lindes finales de aquel bosque. Y un poco más allá, la figura de un ser humano: un hombre de ancha espalda que sostenía una lanza firmemente agarrada en su mano.

Al ver el porte regio de aquel desconocido se sintió más segura y se dirigió hacia él, dejando atrás sus miedos a medida de cada paso que avanzaba, intentando escapar de las sombras de aquella región olvidada por los dioses.

Fue justo al salir del límite del bosque, ya a pocos metros de aquel escultural hombre, cuando vio aquellas otras figuras humanas tendidas en el suelo, manchadas de sangre y dolor. Parecían ser los cuerpos de unos campesinos: un hombre, una mujer, tres niños…

Entonces, repentinamente, el guerrero se giró, dijo “¡Seis!”, y sonriendo, con un rápido movimiento hundió  profundamente su arma en el vientre de Adara.

Mientras caía, el último pensamiento de Adara fue éste: “Seis no. Siete…”. Pues con su muerte moría también el hijo o hija que llevaba dentro de sí. Y mientras yacía allí, en el suelo, moribunda, y veía que el hombre se acercaba a ella para rematar su trabajo, una última lágrima escapó de uno de sus ojos.

Desde el linde de aquel bosque sombrío y primigenio escapó entonces una especie de suspiro triste que alcanzó los oídos del guerrero. Eran los espíritus que hasta aquel día habían protegido a Adara del ataque de los lobos, del frío de la noche, de la picadura de la víbora, la araña y el escorpión… Los espíritus que le habían proporcionado bayas y raíces de alimento durante su trayecto, y aguas cristalinas y rocío para su sustento y la futura vida que llevaba en su interior. Eran los espíritus invisibles del bosque, los centauros y las lamias, las ninfas y los sátiros, los gigantes y los antiguos titanes.  Ellos también lloraban la muerte de Arada y su descendencia perdida.

Al oír aquel suspiro, el corazón de aquel salvaje guerrero se encogió y huyó atemorizado, dejando todos aquellos cuerpos tras de sí. Se contaban historias demasiado extrañas de aquella oscura espesura…

jueves, 28 de febrero de 2019

Microrrelato: UNO ENTRE LA MULTITUD

Texto: Joan Ramon Santasusana Gallardo.


Siempre le había encantado acudir allí donde veía a grandes multitudes reunidas, independientemente del hecho que las aglutinase. Nunca tuvo manías. Simplemente le gustaba encontrarse rodeado por la gente, ya que su vida era triste y solitaria. Así que, cuando oyó el sonido de esa enorme marabunta de cuerpos avanzando a paso lento por la calles, sin prisa pero sin pausa, entre gritos, susurros y arrastrar de pies, cogió las llaves de su piso y bajó para unirse a ellos con una sonrisa en su cara. No fue hasta después de media hora que comenzó a observar que algunos de aquellos manifestantes tenían el aspecto realmente demacrado, y empezó a ver algunos cuerpos mutilados y devorados por el camino, que empezó a entender que por fin el apocalipsis zombi había empezado. ¡Sí, sin duda era eso, ya que entonces observó que algunos de aquellos cuerpos a medio devorar se levantaban! Pero bueno, la verdad es que no importaba demasiado... Ese fin de semana tampoco tenía nada mejor que hacer, así que les siguió la corriente durante un par de horas y, hacia aquello de las nueve de la noche, se apartó lentamente del grupo y volvió a casa. Mientras, veía como los muertos continuaban acorralando y devorando a todos aquellos que, aterrados, intentando huir a toda prisa. El terror de los vivos era el acicate que empujaba a los muertos a devorar a los vivos. Él nunca entendió demasiado de emociones. Cuando llegó a casa se hizo una buena tortilla de patatas.

sábado, 6 de enero de 2018

NOCHE DE REYES


¡Vaya noche! Esta madrugada, mientras dormía plácidamente en mi cama después de prácticamente tres días sin descansar en el trabajo, me he despertado de repente a causa de un ligero ruido. Efectivamente, he entreabierto los ojos, y aguzando el oído me ha parecido escuchar de nuevo unos leves susurros así como el sonido de papeles removiéndose, provenientes del comedor.

Levantándome de puntillas, muy, muy silenciosamente, me he dirigido hacía allí y me he sorprendido al descubrir a tres tipos disfrazados de Reyes Magos intentándose llevar los regalos que tenía apilados a los pies del árbol de Navidad del comedor. Por un momento me ha entrado pánico, pero viendo que no se han percatado de mi presencia he respirado hondo y, conservando la sangre y mente frías, me he dirigido suavemente hasta la cocina, cogiendo el cuchillo más grande del cajón de enseres y, volviendo de nuevo al comedor he sorprendido a esos tipos por la espalda mientras estaban removiendo los paquetes que llevaban en un enorme fardo, y los he eliminado tan hábilmente como he podido. No ha sido rápido, no. No ha sido tan rápido como en las películas. Como no tengo demasiada experiencia con los cuchillos, la pelea ha sido más larga de lo que me esperaba y me ha costado acabar con ellos. ¡Cómo se han resistido, los muy cabrones! Golpeándome con sus puños, intentando defenderse, dándome patadas... ¡Uno incluso me ha mordido! Pero finalmente el cuchillo se ha impuesto sobre los golpes y he vencido.

¡El suelo ha quedado hecho un asco! ¡Cuánta sangre! Nunca lo hubiese imaginado... He pensado a toda prisa. He cogido un par de mantas y un saco de dormir y he envuelto sus cuerpos con ellos. Después, tan veloz como he podido, he fregado el suelo del comedor hasta dejarlo impoluto. Luego he cargado los cuerpos hasta la camioneta y los he llevado lejos de casa, a algo más de media hora de camino para arrojarlos dentro de un pozo vacío de cierto solar abandonado que sé que dentro de un par de días van a rellenar de cemento. He lanzado los cuerpos al fondo y he arrojado algo de tierra y algunas rocas sobre ellos y he regresado a casa mucho más tranquilo.

Al llegar a casa he comprobado el comedor de nuevo, el suelo brillante y limpio. Ninguna mancha de sangre en la pared ni sobre el papel de los regalos y paquetes apilados bajo el árbol de Navidad. Aunque ahora que lo pienso... realmente no recuerdo haber puesto ahí todo ese montón de paquetes... Juraría que ayer noche, cuando me acosté, no había nada debajo el árbol... ¡Oh, demonios! No recuerdo, demasiado trabajo, necesito descansar, ha sido una noche muy dura...

miércoles, 27 de agosto de 2014

EL TREN ENTRE MUNDOS (UN SUEÑO)

Nota: Puede que este sueño haya surgido porque sí, sin ningún motivo, como sucede con muchos sueños, pero me inclino a creer que todo él ha venido inducido porque esa misma noche –hablo concretamente de la madrugada del 26 de agosto de 2014-, estuve actualizando en este mismo blog un artículo que gira entorno a mis propios sueños, “El onironauta - Experiencias oníricas en el Mundo de los Sueños”, en el que describo diversas criaturas y monstruos con los que alguna vez he soñado... Y puede que este sueño también se viera influenciado por las imágenes y fotografías de las esculturas fantásticas del Bosc de Can Ginebreda, que visité el día anterior, algunas de las cuales, ciertamente, tienen la apariencia de criaturas lovecraftianas. Sea como sea, ha sido un sueño alucinante, un viaje a través de mundos y dimensiones, cuyo hilo conductor era un enigmático túnel o portal del cual surgía una extraña locomotora de vapor que no parecía estar pilotada por nadie, salvo sí misma; un tren seguido de viejos vagones que dejaba a todos aquellos pasajeros que subían a él en lugares no imaginados. Éste ha sido el sueño...


Esta noche he soñado. He tenido un sueño como aquellos que hacía tiempo que no tenía: intenso, vivido, pura aventura, con dosis de misterio, terror y fantasía. Un sueño delirante pero sólido, que combinaba criaturas lovecraftianas y seres de pesadilla, búnkeres científicos abandonados, una misteriosa locomotora de vapor cuyo destino eran otras dimensiones, extraños híbridos animales, hombres bestia y semihumanos. Visitas a mundos vírgenes, a un salvaje oeste que combinaba una estética steampunk y cyberpunk, un planeta moribundo desde el que se divisaban misteriosas galaxias y que recibía la periódica visita de seres extraterrestres...

Era extraño. Éramos un grupo de científicos, soldados y qué sé yo. Ni siquiera sé que hacía yo metido en ese grupo. Había ido a parar allí atraído por una misteriosa oferta de trabajo, como tantos otros, y juntos teníamos que emprender nuestro camino desde la estación de una pequeña población de un país desconocido de América Central. Allí tomamos un tren, una antigua reliquia formada por una vieja locomotora de vapor y unos pocos vagones de madera deslustrada. Juntos emprendimos la marcha, atravesando montes, túneles y montañas, hasta que después de atravesar un largo túnel que se nos antojó interminable, como si hubiese caído la noche, el tren nos dejó en lo que parecía ser una estación abandonada, llena de óxido y cemento cuarteado.

Aquel lugar no parecía ser el cálido sitio que esperábamos encontrar en un país de América Central, sino más bien un lugar frío, inhóspito. Desconocido. El paisaje parecía estar atrapado entre montañas por el norte y el oeste, por una amplia llanura rocosa por el este, y en el sur, por un mar que se extendía sereno y calmo. Un mar que, según todos los pronósticos y mapas, no debería estar allí. Habíamos descendido del tren, y la locomotora ya se había alejado siguiendo las vías hacia un horizonte que se nos antojaba desértico e infinito.

No recuerdo que hacíamos exactamente en ese lugar, ni que se esperaba que hiciéramos, allí. Alguna especie de excavación arqueológica e investigación de campo. Pero nadie sabía que lugar era aquel, porque aquel no era el destino esperado. Finalmente, sin nada  mejor que hacer, decidimos investigar aquel lugar vacío y desolado, y fue así como hallamos una serie de búnkeres y edificios abandonados, y vestigios de una antigua jungla tropical que se hallaba resguardada en el interior de los edificios derruidos que se hundían varias plantas hacia el interior de la tierra. El resto, el exterior, se antojaba desértico pero frío, y sólo aquí y allí asomaba algún arbusto o árbol raquítico.


Al principio creímos que aquello era un viejo pueblo o una vieja colonia minera dejados a su suerte, devorados por los elementos, como ocurre a veces con algunas bases científicas, marinas o militares en zonas remotas. Algunos indicios nos hicieron sospechar que quizás nos hallábamos en la Antártida, aunque eso fuese materialmente imposible. De América Central a la Antártida en tren, y en apenas unas horas. ¡Imposible! Aunque se barajó alguna teoría de la tierra hueca, y bases antárticas secretas creadas por los nazis en la II Guerra Mundial. Pero habían algunos árboles dispersos entre las montañas vacías, y en el antártico no hay árboles, ni mucho menos restos de jungla.

Fuera como fuese, después de investigar el exterior de aquel pueblo, decidimos internarnos en los búnkeres vacíos, descendiendo a través de las plantas que se hundían en la tierra que daban acceso a su interior. Y allí descubrimos un complejo científico de grandes dimensiones, de varias plantas subterráneas construidas con hormigón armado, cuyas paredes parecían cubiertas de maquinaria y ordenadores obsoletos. Algunas hojas y libros aquí y allí hacían alusiones a extraños experimentos y criaturas. Los científicos del equipo decidieron investigar el asunto, pasando allí los días y noches enteros, mientras que el resto de la expedición, al caer el sol, iba a descansar en el pueblo o base abandonada, cerca de las vías de la vieja estación abandonada donde nos había dejado aquel tren.

Para entonces ya habían pasado muchos días, y nada indicaba que fuera a pasar el tren que nos había dejado abandonados a nuestra suerte jamás. Durante días esperamos el tren, y el tren no apareció. Empezamos a creer que estábamos en otro mundo, que aquella locomotora que se nos había antojado antigua, era algo más que sólo un tren. De hecho, en las veladas alrededor del campamento empezamos a atar cabos. No estábamos en el lugar en que creíamos que deberíamos estar, de eso no había duda, y ni mucho menos en la tierra en la creímos estar. Allí había un mar siempre en calma, un mar que no debería estar allí, y el viento jamás soplaba. Seguimos las vías del ferrocarril durante kilómetros, durante días, siempre recorriendo paralelos a la orilla del mar, hasta que en una curva de la costa, las vías continuaban su camino hacia una extensa planicie rocosa sin fin, semejante a los campos estériles de Marte, de piedra rojiza, y por el otro lado la costa continuaba su recorrido hacia el sur. Las aguas del mar parecían estar muertas, aceitosas, aunque en ocasiones nos pareció vislumbrar bajo las aguas enormes criaturas semejantes a serpientes y algún calamar gigante. Ni un pájaro en el cielo eternamente gris. La única vida de aquel erial parecía hallarse en las pequeñas junglas que se hundían en la tierra, allí donde el subsuelo de los viejos búnkeres se había hundido.

Para entonces, algunos de los miembros de la expedición, ya habían empezado a desaparecer misteriosamente en la oscuridad de aquel enorme complejo subterráneo. La inquietud se apoderó de nosotros. Empezamos a buscar armas y víveres en las ruinas del lugar, pues teníamos la sensación que algo se ocultaba en aquel lugar, acechando.


Efectivamente, pronto descubrimos los cuerpos muertos de criaturas repugnantes. Eran como enormes trozos de carne entumecida y putrefacta, como enormes gusanos que medían entre un metro y medio y dos metros y medio. Parecían muertos, pero pronto descubrimos que algunos de ellos estaban vivos, y cuando sus cuerpos infectos se abrían, de ellos surgían tentáculos y vísceras dispuestos a devorar a los desprevenidos. Disparos, muerte... ¡una carnicería! Sólo el exterior parecía seguro, pero allí no había alimentos y el frío amenazaba con congelarnos, a pesar de que alrededor nuestro habían pequeños bosques de apariencia tropical, como un pequeño oasis surgiendo de la tierra semiderruida.

Empezamos a temer la oscuridad. Los únicos alimentos procedían del pequeño oasis selvático que crecía en aquellos lugares en que las ruinas subterráneas que se habían derrumbado. Allí había vida, alimentos, pero para llegar a ella debíamos bajar por las plantas, pasillos y túneles oscuros, y allí el mal acechaba. Al caer la oscuridad algo parecía apoderarse de la atmósfera de ese mundo, no ya lugar, pues sospechábamos ya que esa no era nuestra Tierra. Otra Tierra, quizás, pero no nuestra Tierra.

De vuelta a la base, en el exterior, cerca del pueblo y la estación abandonados, nuestras miradas señalaban al extraño túnel a través de las montañas, del cual había surgido el tren, para dejarnos en ese lugar. Era un túnel rocoso, excavado en la roca viva, cuyo final en el interior de la tierra no se veía. A su alrededor, algunas hierbas y líquenes, y unos pocos árboles raquíticos y retorcidos, sin señales de vida animal alguna. Nos adentramos en él durante horas caminando, pero no parecía tener final, y temíamos que allí también acechasen criaturas subterráneas.

Los días pasaban, y en ocasiones, aquel misterioso tren hizo su aparición a gran velocidad, sin detener nunca su marcha, sin hacer ninguna parada, siguiendo su trayecto o su camino hacia un destino o destinos desconocidos... No pudimos hacer nada para detenerlo, pero finalmente decidimos poner una guardia a la salida del túnel, para que nos advirtiera de su llegada.

Comprendimos que aquel tren nunca paraba, que no podíamos detenerlo, sino que teníamos que subir a él a toda marcha si queríamos regresar a nuestro mundo. El túnel era un portal entre mundos, pero la locomotora y sus vagones eran el medio para cruzar el portal.

El tren pasó en dos ocasiones, pero tal era su velocidad, que era imposible subirse a él a su paso por la estación abandonada. Los científicos habían calculado que aquella vieja locomotora con sus vagones destartalados circulaba a una velocidad superior a los trescientos kilómetros por hora. Sólo ralentizaba su velocidad en el interior del túnel, así que finalmente decidimos apostar en la boca de salida un pequeño campamento, y esperar a que este apareciese de nuevo.

Los días pasaron, pero finalmente, un día, el tren apareció. Oímos su llegada, y avisamos tan rápido como pudimos a la gente del equipo que aún permanecía en la aldea. Ayudándonos de cuerdas pretendíamos frenar su entrada a aquel mundo, y subir de nuevo a él. Al menos subir aquellos que pudieran lograrlo, y una vez en ruta, ya buscaríamos un modo de volver a ese lugar con ayuda.

Las cuerdas no detuvieron al tren, pero si que lograron frenar su velocidad. A la carrera, ayudándonos unos a otros si teníamos la ocasión, la mayor parte del grupo superviviente conseguimos subirnos a la locomotora a la carrera, pero una chica quedó rezagada. El viejo tren la dejó atrás antes de tomar velocidad de nuevo. Quedó atrás abandonada. Aquel tren viejo, como surgido de otra época, se alejó y desapareció en la lejanía, dejando tras de sí una vía vacía que parecía infinita. Juramos que volveríamos.

Fue entonces cuando descubrimos que nadie dirigía aquel tren infernal, que iba sin piloto, y no había ningún modo humanamente posible de frenarlo. Sus calderas siempre ardiendo, quizás alimentadas por algún tipo de fuego infernal. Había algo de magia en ello. De ciencia y de magia. El concepto mismo de un tren que viajaba entre mundos se nos escapaba.


En los vagones, hallamos extraños pasajeros, humanos de ropajes extraños y desconocidos y criaturas que no eran de este mundo. Nadie conocía exactamente su destino, nadie sabía de donde provenía este tren, ni quién lo había fabricado. Algunos hablaban de una raza extraterrestre antiquísima, otros, del mismo Diablo, que con él capturaba y llevaba a lo desprevenidos hasta el infierno.

Era difícil decidir cuando saltar. En ocasiones los mundos que se entreveían fuera eran totalmente alienígenas, a veces muy semejantes a nuestro mundo, pero algunos detalles nos hacían dudar. En el interior de aquellos vagones, el tiempo no parecía pasar. Un día, sin embargo, el tren pareció pasar por la misma estación donde lo habíamos tomado una vez, y bajamos de regreso a nuestro mundo.

Aunque pronto descubriríamos que habían pequeños detalles que nos hacían sospechar que aquella no era realmente nuestra Tierra. Muy parecido a nuestro mundo, sí, pero no el mismo. Una Tierra paralela, quizás. O recuerdos alterados. Pero fuese como fuese, habían pequeños detalles que habían cambiado: el color de una habitación, amigos que ya no te conocían, y conocidos que nunca habíamos conocido… Uno de los supervivientes de esta experiencia no fue reconocido por sus padres, pues aseguraban que nunca habían tenido un hijo, como si realmente nunca hubiese existido.

Pronto descubrimos que los supervivientes de aquel mundo no encajábamos en éste. Y teníamos que emprender la búsqueda de la amiga que había quedado abandonada.

En el otro mundo, la chica que había quedado atrás pensó que en el próximo intento lo conseguiría. Quizás sus compañeros regresasen con ayuda, pero quizás no. Espero, pero, efectivamente, cuando el tren reapareció, logró subirse a aquel tren imposible. Allí, al contrario que sus compañeros, se encontró con los vagones vacíos, sin nadie que la informase de como funcionaba todo aquello, aquella locomotora infernal que atravesaba dimensiones y mundos.

Tras lo que se le antojó una infinidad de tiempo viajando, su parada la condujo a una tierra diferente a la que había dejado atrás, aunque extrañamente su geografía parecía ser la misma: al norte y oeste, una cordillera montañosa; al este, una llanura infinita, y en por el sur, corriendo en paralelo junto a las vías, el extenso mar, con sus playas.

El tren paró en medio de aquella llanura herbácea donde, aquí y allí, habían diseminados extraños árboles semejantes, aunque no iguales, a los baobabs africanos. El clima era cálido, pero agradable, casi templado se diría. Aquella región parecía estar poblada por una abundante fauna híbrida, animales extraños que inmediatamente hacían pensar inmediatamente en una aglomeración de dos especies distintas de animales terrestres. Todo ello indicaba que sin duda no estaba en la Tierra, o más concretamente en la Tierra de donde ella procedía. Desde el ventanal del tren observaba las playas donde extraños delfines pinnípedos salían de las aguas marinas para descansar en las playas. En la planicie, los gallifantes de cuerpo gris, con cabeza de gallo y piel coriácea, pacían entre la hierba, entre grupos de goristruces de cuerpo simiesco y  largos cuellos rematados con cabeza de avestruz que comían semillas, y manadas de avestruleones de corto cuello descansaban bajo la sombra de los árboles mientras acechaban a sus presas con la mirada...


Las horas pasaban, mientras el tren permanecía parado en aquella inmensa llanura, y el sol no parecía descender, como si allí los días fuesen más lentos. El hambre empezó a hacer mella en la muchacha, que registró los vagones vacíos buscando comida. Finalmente, se aventuró a bajar del tren sin alejarse demasiado, buscando algún tipo de alimento. Fue una mala idea, pues de repente, sin saber como, pronto se vio rodeada por una manada a avestruleones acechantes que le cortaban el paso, impidiéndole regresar al tren. Nunca habían visto a una presa así, una muchacha humana, por lo que se mostraban cautos y temerosos, pero poco a poco se acercaban a ella, acechándola, cerrando el cerco, preparándose para el ataque, volviéndose más osados. Entonces, el tren arrancó, pero en aquella situación, frente los avestruleones, esa se convirtió en la menor de las preocupaciones de la chica.

Los avestruleones, por su constitución, recordaban más a un lobo que no a un león, y su tamaño era un tamaño intermedio entre esas dos criaturas. Sus cuerpos semejaban los cuerpos de cánidos sin pelo –aunque en realidad estaban cubiertos de un corto y fino vello- armados de garras felinas, aunque con unas uñas mucho más largas que las de cualquier felino. Su corto cuello macizo estaba rematado por una cabeza semejante a la de un avestruz.

La muchacha penetró en la inmensa playa arenosa y se adentró dentro de las frescas aguas marinas, esperando que estas criaturas temieran el mar, pero no era el caso, y un avestruleón más temerario que el resto, temiendo que su presa fuera a escapar, se arrojó contra la chica con sus garras extendidas... sólo para ser detenido en seco en pleno aire por el fuerte puño de un enorme ser homínido de aspecto simiesco. Ante su aparición, todos los avestruleones huyeron temerosos.

Era éste un ser semejante a un enorme homínido que media alrededor de dos metros, aunque su cuerpo estaba cubierto de un espeso vello de aspecto anaranjado, y su rostro tenía algo de simiesco, pero a la vez felino. Sus brazos era fuertes, macizos, proporcionalmente algo más largos que un brazo humano. Pero algo le indicó a la chica que aquello era un hombre, de otra especie quizás, pero un hombre que había evolucionado en este mundo tan diferente a la Tierra y más salvaje.

Mientras, el resto del grupo, en su propia Tierra, si es que aquella era realmente su Tierra, ya que no parecían encajar del todo con ella pese a ser un duplicado casi perfecto, había decidido emprender el viaje para recuperar a la muchacha que había quedado perdida. Sin embargo, el viaje en aquel tren imposible era arriesgado, aleatorio. ¿Eran todos los mundos terroríficos e inhóspitos? ¿Podíamos llegar a un mundo de atmósfera irrespirable accidentalmente y morir? Todos esos mundos parecían ser algo ariscos con el hombre, pero a través de aquella locomotora entre mundos, podía hallarse quizás un auténtico paraíso. Sabíamos como encontrar de nuevo aquel tren, en que estación esperar, aunque desconociéramos cuando aparecería de nuevo.

(A partir de este punto, el sueño se vuelve mucho más confuso. Recuerdo viajar de nuevo en el interior del tren, entre mundos.)

El grupo pronto descubriría una nueva sorpresa. Tras salir de un túnel y realizar una parada, pronto descubrimos que el simple hecho de bajar de un vagón u otro del tren, cada vagón conducía a distintos mundos. Fue así como, accidentalmente, el grupo se separó de nuevo.

Yo llegué, así, a un mundo desértico con las mismas características geográficas que el anterior –montañas al norte y al oeste, llanura al este y un extenso mar al sur-. Allí había una ciudad que parecía surgida de un viejo western, pero era a la vez era una especie de salvaje oeste extraño y fantástico, de aspecto retrofuturista. Allí, en grandes herrerías, la tecnología de vapor, el estudio de los campos magnéticos y de la energía eléctrica Tesla se combinaba con la ciencia cibernética y ordenadores de aspecto obsoleto.


La ciudad estaba habitada por humanos, pero también por algunas razas fantásticas como elfos, enanos y orcos, que convivían entre ellas, algunos de ellos armados con sus pistolas, sus brazos cibernéticos o sus implantes oculares. Era un mundo anárquico, algo desolado, desértico, aunque en aquella ciudad todos parecían convivir más o menos en paz.

(Recuerdo vagamente la búsqueda infructuosa de la compañera perdida, y visitar parte de las llanuras del lugar, pero poco más.)

Por otro lado, habiendo bajado por otro vagón, algunos de mis viejos compañeros de viaje fueron a parar a un mundo de eterna noche y oscuridad, sin sol, que sin embargo estaba constantemente iluminado por las estrellas y la luz que desprendía el brazo de una enorme galaxia. Era un mundo vacío, conformado por montañas y montañas de basura, que tras siglos de estar expuesta a la intemperie había acabado limpia de toda suciedad, conformando el paisaje. Entre la humedad de esa basura, en pequeñas charcas, o las pequeñas corrientes de agua, se deslizaban pequeños anfibios urodelos albinos semejantes a pequeñas salamandras. Como en los otros mundos, se repetía la misma geografía de montañas, llanura y mar; un mar que centelleaba bajo la luz de esas mismas estrellas que iluminaban todo el firmamento, y la fluorescencia emitida por desconocidas criaturas marinas semejantes a anémonas y medusas.

Este lugar era visitado ocasionalmente por una raza extraterrestre de aspecto humanoide de pálida piel e inusitada altura, con enormes ojos oscuros, que sentían fascinación por aquella vieja locomotora que era capaz de atravesar dimensiones y viajar a lugares que esa raza jamás había alcanzado. En sus enormes naves oscuras de extrañas formas geométricas, rematadas con extrañas varas de metal, con sus tonos violetas y morados, y pequeñas luces brillantes que parecían estar vivas bajo lo que parecía ser una estructura casi orgánica, aquellos seres interestelares viajaban por la galaxia en busca de conocimiento.


(Aquí, de nuevo, el sueño permanece confuso en mi memoria, aunque recuerdo que hubo intenso dialogo con estas entidades extraterrestres que eran sólidas, pero a la vez vagamente etéreas. Tras esto, vislumbro distintos mundos y lugares visitados, y finalmente todos nos logramos reunir de nuevo, para irnos separándonos uno a uno, cada uno de nosotros buscando su mundo: no el mundo donde nacimos, sino el mundo al cual creemos pertenecer.)

Pronto descubrimos que el túnel por el que viajaba aquella locomotora permitía viajar a todo tipo de dimensiones, mundos, barreras, épocas y realidades paralelas o alternativas. Y quién buscaba bien, a través de aquel tren, podría hallar la felicidad y sus sueños más deseados en un mundo concreto: una familia, un mundo virgen que explorar, un mundo dedicado a la ciencia y al conocimiento... Pero había que correr el riesgo, puesto que buscando el paraíso, si uno se perdía, podía acabar condenado en un infierno.

(En este punto del sueño, en mi propia búsqueda desperté. Pero algo me dice que en mi propia búsqueda había hallado la felicidad y mis sueños, al dedicarme a descubrir nuevos mundos.)

Nota final: Este sueño tiene su significado, y en él vi rastros de distintas novelas y películas que han conformado mi mente, especialmente en lo relacionado con la atmósfera, combinándolas a su vez con algunas de mis aficiones. Algunos de los compañeros del grupo inicial de este sueño era gente conocida, y otra no, pero su aspecto era variable y sus papeles se intercambiaban, como a veces sucede en los sueños. Yo mismo, en un momento podía ser un personaje u otro dentro de esa historia. Sea como sea, fue un sueño que disfruté como hacía tiempo que no disfrutaba. Por cierto, y como nota curiosa, creo que el clima de cada mundo fue de acorde con cada momento de la noche, pues recuerdo que esa noche pasé frío y calor paulatinamente, y ello influyó en la visión de cada uno de esos mundos.

martes, 5 de agosto de 2014

AVALON: LAS NIEBLAS DEL CAOS

Tiempo atrás, a modo de prólogo, escribí una breve introducción -casi a modo de cuento- para “Avalon”. Inicialmente, “Avalon” fue una una campaña de rol en vivo ideada por Andreu Blanco que, posteriormente, sería desarrollada y ampliada por “Leyendas Medievales”. Situada en una ambientación medieval-fantástica, que fue variando en su concepto desde sus inicios -en aquella prueba piloto que se realizó en el pueblecito de Fuentes Claras (Teruel)-, hasta su finalización -le siguieron tres episodios situados en distintos lugares emblemáticos de la provincia de Girona-, este mundo sufrió muchos canvios a lo largo de su creación, pero entre todos los conceptos que se barajaron, en mi corazón siempre fue éste el que se quedó. Éste fue mi Avalon. Un Avalon distinto al que conocemos...


Avalon… Avalon… Avalon…

El nombre de Avalon se repite como un eco entre muchos mundos del multiverso. Avalon… Un nombre que se ha convertido en un mito, en un ideal, en un sueño…

Un nombre que es mencionado con admiración entre renombrados sabios y reyes, y con temor y respeto entre las criaturas de la oscuridad...

Avalon… Un nombre que se ha convertido en una leyenda en multitud de mundos el multiverso... Un nombre que da esperanza a los desesperados. Pues Avalon es la tierra donde moran las leyendas, y donde duermen los reyes, esperando la última guerra que se ha de librar.

Pero no existe un solo Avalon. Porque Avalon no es únicamente un lugar, sino que es mucho más que eso. Avalon es una idea, una idea que se replica en distintos mundos como un eco…

Uno a uno, los reinos de Avalon de distintos mundos y universos han ido cayendo bajo la poderosa e implacable mano del Caos, que todo lo cambia, lo destruye y lo retuerce. Uno a uno, todos los reinos de Avalon han ido cayendo, así como todos aquellos mundos y universos que lo contenían. Y hasta ahora nada ha podido detener esa vorágine cambiante y destructiva que amenaza con engullir a todos los universos existentes... La balanza se ha roto, el equilibrio se ha perdido... Y hasta los mismos dioses están retrocediendo frente a las terribles fuerzas del Caos que todo lo transforman... El fin es imparable, inexorable... Y así ha sido durante eones.

Una a una, todas las Tierras que contenían a Avalon han ido cayendo...

Y sin embargo, ahora algo nuevo ha sucedido…

Ya han pasado años, siglos… El Caos penetró en nuestro universo, en nuestro mundo, como hizo ya muchas veces en muchos otros mundos. Y con la llegada del Caos a esta nueva Tierra, la gran isla-continente de Atlantes-Hy-Brashil tembló, y se hundió irreversiblemente en el mar, surgiendo entonces, de las profundidades de éste, las nieblas del Caos que todo lo engullen y lo transforman, como en tantos otros mundos ha sido ya. Pero algunos supervivientes del cataclísmico hundimiento pudieron huir, advirtiendo de la llegada del inminente desastre al resto de las tierras, mientras las nieblas se extendían por doquier consumiéndolo todo, lenta, pero inexorablemente. Y como en tantos otros mundos, muchos reinos y mucha gente no quiso escuchar.

Pero alguien escuchó y se preparó…

Y así, lo que no pudieron vencer ni frenar jamás los Dioses, fue detenido por el poder de los Deor Damayth, los poderosos magos de la antigüedad... Y las nieblas fueron detenidas en Avalon. Y si el Caos no puede vencer y engullir este mundo, no puede continuar su incesante avance contra el resto del multiverso… pues así es como el Caos actúa. No intentes comprenderlo. Avalon es una puerta, y para continuar su avance, cada reino de Avalon que existe, debe ser destruido antes de que el Caos pueda dar un nuevo paso. Así es como el Caos funciona.

Diez mil años han pasado...

Las nieblas lo han rodeado todo, y han consumido el resto del mundo, retorciéndolo, pero Avalon permanece...

Los Deor Damayth, los más poderosos magos de la antigüedad, concentraron su poder para crear una inexpugnable barrera mística que rodeara la gran isla de Avalon y la protegiera frente las fuerzas del Caos. Tal acción acabó con la vida de la mayoría de ellos, y consumió casi toda la magia de los escasos supervivientes que quedaron. Pero el Caos, por fin, fue frenado…

Aunque no totalmente vencido...

Unos pequeños hilos de niebla penetraron la barrera mística antes de que ésta fuera sellada…

Ahora Avalon se halla en las puertas de una nueva era.

Los Deor Damayth son pocos, y algunos de ellos han empezado a bajar la guardia, buscando satisfacer sus propios objetivos. La barrera mística que protege Avalon se ha debilitado y las nieblas que llegaron a penetrar en la isla han despertado.

De esto hace más de 500 años.

Las pequeñas batallas y rencillas habidas hasta el momento entre sus razas sintientes quedan ahora empequeñecidas ante los acontecimientos que se aproximan. La ambición de los hombres crece, las antiguas razas de los elfos y los enanos languidecen, y una sombra oscura se alarga en el sur, ajenos a la visión completa de lo que acontece.

Las nieblas del Caos planean sobre el Mar Frío, rodeando Avalon. Pero dentro de las fronteras de esta tierra, los pequeños retazos de niebla del Caos que lograron penetrar años atrás la barrera mística creada por los Deor Damayth han crecido y se deslizan por las tenebrosas tierras de Umberia, transformando la tierra que tocan y a los habitantes de esta región, sean plantas, bestias u hombres. Transformándolos tanto a nivel físico como mental o espiritual. Así crece su ejército.

Esto ya no es un nuevo principio... es el final.

Pero todo final tiene un principio.

Y la última página del Libro del Destino aún está en blanco...

... porque el Destino aún no está decidido.



sábado, 26 de julio de 2014

EL VIAJE QUE DECIDIERON EMPRENDER JUNTOS

Éste es un cuento fantástico, pero no es un cuento fantástico corriente... Lo dediqué dedicado a Andreu Blanco y a Pilar Agell, dos de mis amigos más preciados, porque llegó un día, tiempo atrás, en que decidieron emprender juntos un viaje, del cual su boda -el 10 de julio de 2010- fue tan sólo un paso más de este largo camino que es la vida. Creo yo que el paso más importante ya lo dieron hace tiempo. Pero quise conmemorar aquella unión de dos almas de este modo.


Así sucedió que, después de muchas vicisitudes, penas y luchas en su vida, un día, de repente, Andreu abandonó aquella ciudad para dirigirse a las tierras del norte, y en otra ciudad muy parecida, Pilar hizo lo mismo. Eran ciudades apartadas, y allí ellos eran extraños, cada uno en su ciudad, donde se encontraban solos; no exactamente perdidos, pero sin encontrar su lugar, como tan a menudo sucede entre la raza de los hombres. El sur ya no les ofrecía nada. Atrás sólo quedaban las Tierras Solitarias, que pertenecían al pasado, donde ya sólo quedan ruinas y recuerdos estériles. El resto, todos los recuerdos de todas sus experiencias vividas en aquellas tierras olvidadas, la familia, los amigos y la gente importante que había formado parte de sus vidas, continuaba en sus corazones, parte de su sabiduría y bagaje.

Sin embargo, amando la vida, y estando cada uno en una ciudad apartada, decidieron continuar su camino, y, desde sus ciudades distintas emprendieron de nuevo su viaje a un desconocido destino incierto en el lejano norte. Porque así es como la gente humana encuentra lo que busca, siempre siguiendo adelante, sin desfallecer, esperando encontrar las respuestas a las preguntas que le inquietan, o que las respuestas que buscan los encuentren a ellos.

Caminaron por sendos caminos separados a través de los Llanos de la Afinidad. Porque para ser afín a alguien o a algo, primero se ha de ser afín a uno mismo, y el camino para conocerse a menudo pasa por la soledad, y la soledad comporta conocimiento. Y así fue que encontrándose a ellos mismos, un día, en el Cruce de la Conexión, ellos se encontraron y coincidieron.

-¡Hola, peregrina, soy Andreu, un viajero! –Dijo él.

-¡Buenas, peregrino, soy Pilar, una viajera! – Contestó ella.

A veces no hace falta hablar más entre viajeros. Eran transeúntes solitarios en aquel solitario camino, y toda compañía sería bien recibida. Bastó una mirada entre ellos para saber que podían confiar el uno en el otro y que podían continuar juntos el viaje en el silencio de aquellos Llanos de la Afinidad, donde apenas moraban algunos insectos o los pájaros otanca, de colorido plumaje cambiante, que volaban a ras de la alta hierba que se extendía hasta el horizonte.


Los días pasaron, y caminando y descansando compartieron el pan y el agua, y al caer la noche durmieron juntos bajo la fría luz de la luna, compartiendo su calor, mientras escuchaban el extraño canto de las liebres plañideras de rayado pelaje y el aullar de los oscuros tigrauros carnívoros que viajaban en manadas en busca de caza.

Hablaron en el camino, y especialmente hablaron cuando, congregados ambos alrededor de una hoguera elemental de llamas azules, cocinaban la cena exigua y seca de la que se alimentaban, quizás acompañadas de algunas raíces o de algún extraño animal que hubieran podido cazar en su avance. Pero diré que más que sus palabras fueron sus actos los que empezaron a crear un lazo en su corazón. Y así, dos corazones empezaron a formar un solo latido, tal es el equilibrio.

Y fue que por fin, una tarde, cuando el sol ya se ponía, que encontraron el páramo solitario la Posada del Beso, poco concurrida en estos tiempos donde el verdadero amor ya es escaso. Era un lugar donde guarecerse después de tantos días de dormir en el duro raso.

Y creo yo que esa noche se besaron por primera vez. Pero si durmieron juntos en ese lugar o no, yo no sé nada, puesto que el posadero del lugar es persona cauta y precavida, a la par que silenciosa y prudente, y cuando pregunté por ellos no quiso decirme nada.

Sólo sé que al día siguiente emprendieron de nuevo el camino juntos, dirigiéndose nuevamente al norte, hacia la enorme y oscura Cordillera de la Unión, que recibe este nombre porque une la Tierra del Espíritu con la Tierra de los Sueños. Y el único paso accesible para los hombres en este punto de empinadas montañas que se extienden cual enorme muro es la Puerta del Compromiso, único lugar donde se pueden dirigir los viajeros humanos para continuar su viaje.

Durante días, ambos peregrinos vislumbraron, mientras avanzaban, las imponentes montañas oscuras de la Cordillera de la Unión, que poco a poco, día a día, iban creciendo ante sus ojos, extendiéndose hacia oriente y occidente. Hasta que una noche de luna nueva, apenas iluminada por la luz de las estrellas, llegaron ante la Puerta del Compromiso, cerrada de manera hermética, guardada por sus invisibles celadores.

Pocos son los que se atreven a atravesar estas puertas, y de éstos pocos que lo intentan, muchos deben hacerlo una y otra vez hasta que sus guardianes consideran que son dignos, puesto que, para hacerlo, es de menester que la persona acceda a un compromiso personal y con corazón sincero.

Amaneció y, con el amanecer, Andreu y Pilar contemplaron la vasta extensión de la broncínea puerta doble, que medía más de 90 pies de ancho y unos 360 pies de altura. Grabados en su superficie se veían multitud de rostros no humanos, de miradas y ceños escrutadores, y cuerpos de extrañas formas, que según dicen algunos sabios y místicos representan las tentaciones que todo ser humano halla en su camino cuando debe mantenerse firme ante un compromiso. Y de repente, unas voces profundas, metálicas, estentóreas, parecieron surgir del interior de las puertas, y de la misma montaña, como si fueran clamadas por aquellos metálicos rostros, dirigiéndose a ambos caminantes:

“¿Porqué deberíamos abrir la puerta que conduce hacia el norte? ¿Cual es el compromiso por el cual atravesarías el límite que yo marco, Pilar? ¿Cual es el compromiso por el cual atravesarías el límite que yo marco, Andreu?”

-¡Él! – Dijo Pilar señalando a la figura de Andreu.

-¡Ella! – Dijo Andreu señalando a Pilar.

Se sintieron escrutados por miradas invisibles, y una extraña fuerza pareció examinar sus mentes y corazones para ver si decían la verdad como si de manos invisibles se tratasen, examinando cada recodo de su alma.

La puerta rugió entonces con su extraña voz y el eco de los montes cercanos repitieron hasta a saciedad su grito, y cuando éste cesó, esto fue lo que dijo la puerta:

“¡Sus corazones han hablado y no mienten, hemos leído su mente y dicen la verdad! ¡Podéis continuar vuestro camino! Así lo dicta el pacto y así lo dicta vuestra determinación.”

Y lentamente, cayendo repentinamente el silencio, las puertas se abrieron solas retumbando, mostrándoles el paso abierto que a su destino los había de llevar. Y cogiéndose de la mano, compartiendo su mirada, sobrecogidos pero sonriéndose mutuamente, Pilar y Andreu avanzaron.

Y no avanzaron mucho, cuando allí, a unos 100 codos de distancia, a la entrada de una oscura cueva, vieron una pequeña criatura peluda que los esperaba, sujetando las riendas de dos bípedas monturas de aspecto reptilesco que recordaban vagamente a un avestruz, un gran animal emplumado que existe en el mundo de los hombres. Y todo esto que cuento lo sé porque me lo contó esa misma criatura que les entregó aquellas monturas.

-¡Son vuestras! –Les dijo la chillona bestia peluda que apenas les llegaba a la cintura, entregándoles las riendas de aquellas extrañas criaturas de piel lisa y escamosa, semejantes a pequeños saurios con su forma de avestruz de pequeños brazos. – Son el regalo que la Puerta del Compromiso os ofrece, viajeros, para acelerar vuestro paso. Y una montura se llama Constancia y la otra Perseverancia y os acompañarán en vuestro viaje y largo camino.

Y así, cabalgando sobre Perseverancia y Constancia, aceleraron el paso de su viaje penetrando en el Reino de la Convivencia, y allí, en la Ciudad de la Verdad se dijeron por primera vez que se amaban. “¡Te amo!”, dijo él, “¡Te amo!”, contestó ella, y así era, pues en la Ciudad de la Verdad nadie puede mentir, y es por ello que allí no se acercan nunca los políticos, mercaderes, ni ladrones.

Pasaron los días y bajo el paso rápido de sus saurios corredores, pronto llegaron a la Posada del Abrazo, donde se contaron sus secretos, y penetraron en el País de la Confianza, donde en la Ciudad de la Justicia se dijeron “Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío. Yo te doy completa libertad”. Y es justo que así sea.

Y allí pasaron tres días y tres noches, y al cuarto amanecer emprendieron de nuevo el camino, atravesando el Puente de la Fidelidad, que se encuentra justo encima del punto donde confluyen el Río del Cariño y el Río del Afecto para formar el caudaloso río de las Dos Almas, habitado por enormes bancos de peces espejismo. Y pasado este puente uno entra al Reino de la Intimidad.

Y allí, en el Reino de la Intimidad, morando por caminos sembrados de una eterna primavera, finalmente entraron los amantes al Bosque de los Deseos, donde las pérfidas ninfas y bestiales sátiros pretenden tentar a los amantes con aspectos y promesas engañosos, y sólo aquéllos cuyo amor resiste con su luz a la oscuridad de sus hechizos son dignos de continuar el sendero que atraviesa aquella extraña arboleda milenaria formada por los extraños árboles rosales de anchos y espinosos cuerpos. Y de los que sucumben a la magia de los antropófagos espíritus, sólo se sabe lo que se cuenta: que desaparecen encantados en el interior del bosque, donde son devorados en un macabro banquete. Extraño es que en la tierra de los hombres estos espíritus sean tomados por benéficas criaturas. Sea como sea, de los amantes desaparecidos nunca se ha hallado otro rastro que no sean sus huesos o rasgadas vestiduras colgando de las enormes espinas de los árboles rosales.

Así, sin salir del Camino de los Compañeros, Andreu y Pilar se aventuraron por el interior de estos bosques y sobrevivieron hasta poder llegar a la Posada de las Caricias, donde pudieron curar las heridas inflingidas por las espinas de los árboles rosales que invaden este camino ya tan poco transitado, pues son muchos los que se pierden entre las manos, garras y dientes de los espíritus antes mencionados, ávidos siempre de la carne humana de los más incautos y débiles viajeros.

Y si me preguntáis como logre yo sobrevivir, sólo contestaré que dando un rodeo por extrañas sendas subterráneas, de las cuales debo guardar el secreto.

Sin embargo el camino continúa en el Bosque de los Amantes, donde en la Refugio del Sexo pueden dar amplio margen a sus deseos explorando sus cuerpos y todos sus sentidos ya lejos de las tentaciones que les extienden otras fantásticas criaturas. Y aquí, por lo que me contaron, pasaron ambos amantes mucho tiempo, dando solaz a sus cuerpos. Pocos minutos fueron los que pasé yo, no teniendo compañera, pero el tiempo suficiente para escuchar lo que me contaron.

Abandonaron ese bosque los amantes para penetrar en los Llanos de los Sentimientos, donde, en su centro se encuentra el Volcán de la Pasión, que con sus eternos fuegos amenazan con consumir la tierra que de puro placer, mientras enormes bandadas de pájaros éxtasis sobrevuelan entre sus llamas, día y noche, cazando los elementales de fuego que de la tierra escapan.

Y dicho volcán es la entrada a la Tierra de Nosotros. Y en la Tierra de Nosotros los amantes se contemplaron y bajando de sus reptilescas monturas subieron hacia la cima de Monte Amor, grabando en una piedra sus nombres: “PILAR + ANDREU”

Pero de eso no sé nada, salvo lo que la los habitantes de esa tierra me explicaron, porque de momento la entrada a este monte me está vetada aún, y sólo sé lo que aquellos espíritus del aire que moran en tan gran montaña me contaron entre silbidos y zumbidos inquietos.

Yo sólo soy un ser solitario, que os cuenta lo que de aquellos dos amantes averiguó en el camino. Los Amantes de Monte Amor los llaman, y se dice que desde su cima se perdieron en el cielo, convirtiéndose en dos brillantes estrellas que, siendo dos, iluminan por mil. Y bajo su luz vuelvo ahora a mi camino de vuelta a casa, hacia el sur.

miércoles, 23 de julio de 2014

LA HIJA DEL DRAGÓN


Dedicado a Cristina Estrada y a Sabrina Tenas,
que me inspiraron este breve relato.

"Cuenta una vieja leyenda que antaño el mundo estuvo plagado de magia y lleno de criaturas de ensueño; algunas de estas criaturas eran inocentes e inofensivas, pero otras eran claramente inteligentes, malignas y buscaban de forma activa la destrucción del hombre. La magia, así como sus criaturas, se movían a través de un extraño velo, entre dimensiones, que no era percibido por todo el mundo como tal, sino como si formase parte de este mundo, aunque siguiendo caminos distintos a los habituales. Lugares dentro de lugares, así eran percibidos. El velo a veces se rompía en fechas y lugares señalados, y entonces ambos mundos, el del hombre y la magia, se cruzaban. Y en esos tiempos también había magia en el mundo de los hombres, pues muchos de los portales no estaban sellados. Pero el mundo de la magia no está formado por un único mundo, sino por varios, que están superpuestos como capas. Sin embargo el velo lo cubre todo, incluyendo el mundo del hombre. Así, muchas de estas criaturas mágicas estaban aquí, en nuestro mundo, pero no estaban del todo, sólo allí donde el velo era más fino o estaba más gastado. Bordeaban la realidad, pero únicamente podían entrar en ella en circunstancias especiales.

Unos pocos hombres, desde la antigüedad, se cruzaron con estas criaturas y tuvieron descendencia con algunas de ellas. De ahí nacieron héroes, semidioses y magos, pero también fueron engendrados muchos monstruos. Otros pocos hombres, por circunstancias más azarosas, relacionadas con fechas y lugares especiales, adquirieron la capacidad o el don de manipular la energía del velo y se convirtieron en videntes, sanadores o hechiceros. Otros pactaron con espíritus y demonios del otro lado y se convirtieron en brujos y brujas, que fueron fácilmente corrompidos por la oscuridad, la sombra y la ponzoña. Otros fueron capaces de conectar con el velo donde mora la conciencia de Gaya, la Madre Tierra, y se convirtieron en druidas o magos naturales. Y otros, simplemente, tuvieron el infortunio de ser contaminados por el toque oscuro de algunos de estos mundos que supieron romper el velo y penetrar en el corazón y el mundo de los hombres, dejando su mácula y su maldición sobre ellos. Fue un tiempo oscuro donde, junto a la peste negra, avanzaron otras plagas más preocupantes, aunque ahora consideradas una fantasía, como son el vampirismo y la licantropía.

Así, la rotura del velo es como una gran herida, y hay que saber que cuando el velo se rasga, sangra. Y cuando sangra de un mundo a otro, hay cosas que entran y penetran de un mundo a otro, y a menudo estas cosas son peligrosas, reptan y se arrastran, y la herida debe sanar o el universo mismo se debilitaría como lo hace un cuerpo cuando pierde mucha sangre. Cuando se produce una rotura puede que no llegue a suceder nada, pero a veces sucede que la herida se infecta trayendo un gran mal en la zona afectada, que poco a poco se expande como si fuera una gangrena. Una gangrena para la tierra, la naturaleza y el orden natural de las cosas.

No todo el mundo percibía esto, pero en la antigüedad, malignas criaturas amenazaban la existencia del hombre sobre la tierra: demonios, dragones, espíritus incorpóreos y necrófagos, sombras que habitaban en la noche, y algunas de ellas incluso en pleno día. Vampiros, licántropos, perros negros de brillantes ojos, arpías y sirenas...el bien y el mal se confundía, y con el poder de la Sombra, cualquier cosa imaginada por el hombre podía tomar forma.

Con la aparición de la fe del cristianismo, en Europa el velo se modificó. Unas puertas se cerraron, pero otras se abrieron con más fuerza. Los antiguos dioses fueron desapareciendo, y muchos de los magos de la antigüedad, pero las puertas infernales cobraron fuerza a medida que con el cristianismo también crecía el miedo y la ignorancia y el miedo al infierno. Y entonces, antiguas profecías paganas se mezclaron con otras profecías de aquel momento, y se vaticinó que con la llegada del año 1000 el mundo llegaría a su fin. Y, a medida que se acercaba la fecha señalada, el miedo crecía y el velo que conducía a las puertas infernales se iba debilitando más y más hasta que se abrió una fisura por donde escapó una enorme bestia formada de sombras.

Cuando llegó el año 1000, tal y como se había vaticinado, las puertas del Infierno finalmente se abrieron y de ellas surgió una gran sombra, un terrible dragón que amenazó con devastar Europa y cuyas alas oscurecían a la misma noche. Permanecía invisible a muchos ojos, pues sólo se desplazaba tras la caída del sol, y su sombra se confundía en la oscuridad nocturna, aunque era presentida por todos. Los animales se volvieron más salvajes, irascibles y peligrosos por allí donde pasaba y dejaba su rastro de miedo. La gente sentía más peso en su interior cuando caía la oscuridad y muchos enloquecían sintiendo el fin. El dragón volaba y allí donde se posaba su sombra se alzaban los muertos y surgían terribles criaturas que buscaban el mal del hombre, y la enfermedad, la peste y la muerte crecían.

Pero sabiendo de ello, un grupo de hombres, los últimos descendientes de los antaño poderosos magos que habían ido retrocediendo ante el avance poderoso del cristianismo, se habían preparado. Y con el tiempo habían unido a sus filas a caballeros y nobles desposeídos de su tierras por defender las antiguas creencias, y juntos crearon la Orden del Dragón, cuyo único fin era acabar con esta gran bestia que estaba trayendo la oscuridad y la desolación al mundo, y todos los espíritus y criaturas malignas que había despertado. Y durante años combatieron a todo tipo de criaturas de origen sobrenatural, pero la sombra del dragón siempre escapaba.


Entonces corrió el rumor de que existía una profecía que auguraba el fin de la Bestia y la llegada del ser que la habría de vencer, aún por nacer. La Bestia, temerosa de que dicha profecía pudiera terminar con su reinado de oscuridad, que crecía poco a poco, y su misma existencia, decidió acudir con todo su poder al conciliábulo que se organizó para reunir a todos los miembros de la Orden de Dragón, a fin de proteger a la criatura que estaba por venir, pues incluso entre las filas de sus enemigos tenía espías. Y valiéndose de su cohorte infernal, el gran dragón sombrío penetró en la antigua fortaleza, quebrando su magia protectora, y fue acabando con sus oponentes uno a uno, hasta que solo quedó uno en pie que se el enfrentase, hiriéndolo este caballero con una gran herida mortal provocada con la punta de una espada que reunía toda la energía de los magos que habían muerto. Tal había sido la trampa que le habían dispuesto, sacrificando todos ellos su vida para lograr este fin. Y el caballero asestó su mejor golpe en el corazón de la Bestia, y ésta, chillando, murió, borboteando un salvaje chorro de sangre negra de su mortal herida.

Y como digo, sólo este caballero sobrevivió a tan atroz noche, bebiendo la sangre que el dragón había perdido, esperando ser, así, tal y como decían las leyendas, inmortal.

Pero lo cierto es que el hombre no está hecho para ser inmortal, y finalmente, este hombre, aunque vivió durante muchos años, murió, pagando un grande precio.

Pero no lo hizo así la sangre del dragón."



Sumida en sus pensamientos, relajándose, dejándose llevar por el influjo hipnótico de aquel movimiento traqueteante, Chris Drakken viajaba sola en aquel vagón vacío del último tren que salía de Barcelona.

Iba acariciando con la yema de sus dedos el pequeño colgante con forma de dragón que reposaba sobre su pecho. Era marca de su legado, un símbolo de la herencia y maldición que arrastraba. Nunca creyó que la aparición de aquel viejo oriental en la puerta de su casa fuera a trastocar de aquel modo su vida…

Ya había visto otras veces al anciano en aquel barrio de mala muerte donde ella vivía. Sabía que trabajaba en el viejo restaurante chino que tenía frente a su casa, como cocinero, pero también había oído decir que tenía una destartalada escuela de artes marciales en un pequeño callejón sin nombre, donde a altas horas de la mañana o a altas horas de la noche entrenaba a sus pocos alumnos, por un exiguo precio. Era aquél, un callejón sucio donde los mendigos no querían dormir ni refugiarse, ni los gatos se atrevían a rondar.

Y aquella noche, dos meses después de haber regresado del hospital donde había estado ingresada después de ser atacada, apaleada brutalmente y apuñalada, el anciano llamó a su puerta.

Ella miró por la mirilla y observó. Tenía miedo. Tenía miedo a que alguien la atacase de nuevo, a que alguien le hiciera daño. Miedo a salir de casa.

Era viejo, aunque era difícil precisar su edad. Bien podía haber tenido cincuenta años, o bien más de cien. Fuera como fuera tenía su cara surcada de arrugas, pero a la vez conservaba un rostro jovial, una mirada viva, pero serena, y todo su ser parecía transmitir calma y estar equilibrado en sus gestos y movimientos.

-¿Qué deseas anciano? –dijo Chris desde detrás de la puerta.

-Hablar… -contestó el anciano.

-Te conozco de vista, pero nunca antes te habías dirigido a mí… ¿De qué quieres hablar? –contestó la muchacha con un tono más elevado y agresivo de lo que pretendía.

-Hablar de lo que te sucedió. Hablar de algo que podías haber evitado. Hablar de aquel atraco y aquella paliza que sufriste, que bien podía haber acabado con tu vida… -contestó el viejo oriental.- Es cierto, joven muchacha, nunca lo había hecho. Nunca había hablado contigo, y esperaba que no hubiera tenido que dirigirme a ti jamás, puesto que confiaba en que nada te sucediese. Pero te he estado vigilando durante años. Ya lo hacía cuando vivías en aquel pueblecito junto a la costa. ¡Siempre he estado cerca de ti, desde que naciste! Lo hice porque tu padre me lo pidió antes de morir…

-¿Qué?- Chris se sacudió la cabeza sorprendida- ¿Qué? ¿Qué me estás diciendo?

La muchacha abrió la puerta y se puso delante del anciano, impidiéndole el paso

-¿Qué me has dicho? ¿Conociste a mi padre? ¿Me has estado vigilando?

-Digo que te he estado vigilando desde que naciste… porque me lo pidió tu padre. Tenía la esperanza que no te encontrasen, y tenía la esperanza de que si lo hacían, ya hubieras despertado… que supieras defenderte. Pero no fuiste capaz de acabar con el maleante que te dio una paliza…

-¿Qué no fui capaz de…? ¡Ese tipo medía casi dos metros y era una bestia! ¿Cómo iba a poder con él, loco de los cojones? ¡Acaso crees que una chica como yo podía haber acabado con ese… ese… ese hijo de puta! -espetó con furia Chris- Y tú…

-Yo he venido a enseñarte…

-¿Enseñarme qué, viejo chiflado? ¿Artes marciales? Aquel tipo estaba loco… no podría haber hecho nada contra él. ¡Me hubiese matado! Me pego la paliza y me apuñaló sólo porque me negué a entregarle mi bolso…

-Artes marciales, sí. Enseñarte artes marciales. Pero sobretodo enseñarte quién eres. No has despertado, joven Cristina. Y ellos van a encontrarte. Ayer la policía detuvo al tipo que te atracó y lesionó tan gravemente, y su foto ha aparecido en los periódicos. Y junto a su foto ha aparecido la tuya. Es cuestión de tiempo que la Sombra lo sepa… cuestión de tiempo… y entonces van a ir por ti. ¡Quieren encontrarte, chica! Y quieren tu sangre… ¡Tienes que despertar, despertar ya!

-¿Despertado? ¿Encontrarme? ¿De que me hablas viejo? –Chris parpadeó brevemente y el anciano había desaparecido.

-¡Te hablo de tu legado! –dijo el anciano, que repentinamente se hallaba tras su espalda, a pesar que ella estaba aún entre el marco de la puerta que separaba el pasillo exterior de la entrada a su piso- Te hablo de tu legado: la sangre del dragón.

Chris se giró asustada. ¿Cómo había llegado aquel hombrecillo a su espalda? Había cerrado los ojos un momento, un segundo y…

-Van a empezar a venir por ti, Chris… me creas o no, y no estás preparada. Que un maleante te pegará aquella tremenda paliza hace tres semanas y tú fueras incapaz de defenderte lo demuestra. Ahora mismo estás muerta y tú aún no lo sabes… Si no despiertas, estás muerta. Si no entrenas tu don, estás muerta. Si te escondes, estás muerta. Van a venir a por ti, tu foto apareció en el periódico local y es cosa de poco tiempo que la Sombra sepa donde estás…

-¿De que sombra me hablas? ¿Quién va a venir por mí? Ya te he dicho que el hombre que casi me mata era un tipo enorme. Una bestia…

-¿Una bestia? –preguntó el anciano- No, no era una bestia, sólo era un hombre. Grande, enorme y fuerte, pero sólo un hombre. Podías haber acabado con él fácilmente. Aún no sabes lo que es una verdadera bestia, pero lo sabrás. ¡Oh, sí, Cristina, lo sabrás! Pronto vendrán a cazarte… y debes elegir si quieres estar preparada o morir.

De repente Cris salió de los recuerdos en los que estaba ensimismada. De repente sintió un hormigueo recorriendo su cuerpo, su sangre alerta. La sentía, la notaba, la Sombra estaba aquí. O al menos un aspecto de ella. Se percató que en los vagones anteriores las luces se iban apagando, avanzando la oscuridad lentamente hacia ella. Y a través de la oscuridad unas figuras avanzaban. Era cuestión de tiempo que la encontrasen. Su sensei ya le había advertido.

De repente, en su propio vagón la luz de los fluorescentes empezó a temblar, apagándose intermitentemente, su vida eléctrica tocando a su fin.

Su mente volvió hacia atrás…

El anciano la había llevado a su escuela, donde entrenaba a otros jóvenes en el uso de artes marciales. Ella fue reticente, aunque intrigada porque el anciano le había dicho que había conocido a su padre. Su piso ya no era un sitio seguro, le dijo el viejo, así que ella cogería sus cosas y se trasladaría a la buhardilla del edificio donde el viejo vivía y tenía su escuela. La entrenaría después de acabar su trabajo en el restaurante chino y de dar las clases a sus alumnos. Le cobraría, como cualquier otro alumno, para que no se creyese que era nadie especial, pero ella debería aprender todas sus lecciones y hacerlo rápido. Pero ante todo debía despertar… despertar a la sangre del dragón.

-¿Qué es la sangre del dragón? –le preguntó un día Chris al anciano maestro que la entrenaba.

Y el Anciano le contó la leyenda…

Su vagón era ya el único que permanecía iluminado, con la luz intermitente bailando, formando grotescas sombras, y en la puerta del vagón aparecieron tres figuras. Parecían ser hombres normales, pero se intuía que algo anormal les sucedía. Sus sonrisas se antojaban malignas, y al alzar sus rostros solo se podía ver en ellos oscuridad, como si estuvieran recorridos por una sombra viva. Sonrieron, mostrando unos enormes colmillos, y alzando sus manos, estás parecieron secarse mientras de sus dedos surgían enormes uñas negras.

-¡Buenas noches, señorita Cristina, y las últimas, me temo! –Dijo la primera de las figuras en un tono gutural, primitivo, casi animal, como si el sonido proviniera de dentro de su pecho. La miró directamente a los ojos y, después, alzando la vista, miró fijamente los fluorescentes del tren, que repentinamente se apagaron, sumiéndolo todo en la oscuridad.

Chris se concentró en las enseñanzas del viejo sensei. Se concentró, tal como le había enseñado su maestro, y sintió su sangre fluyendo en su interior. Permitió ésta recorriera su cuerpo, y con un pensamiento concentró la energía de la sangre en sus ojos, sintiendo un leve hormigueo y picor cuando la golpeó. De repente la realidad cobró otro color, y era capaz de percibir las figuras en la oscuridad acercándose lentamente con ágiles movimientos, sonrientes. Hizo un gesto obsceno a su atacante.

-Tienes en ti la sangre del dragón. –Le había contado el anciano, mientras la entrenaba.- Es parte del legado que te dejó tu padre. Tu padre fue la persona que mató al dragón y vivió, muchos, muchos años… casi mil años de edad cumplió. Nunca tuvo hijos, pero cuando su tiempo llegaba a su fin, supo verlo, y conoció a tu madre, a la que amó y con la que engendró la semilla que te daría vida. Tuya es su sangre, y en t sangre hay poder, el poder que te dio el día en que murió. Si sabes usar tu sangre y la energía que recorre en ella, la sangre del dragón te servirá. Tus sentidos y tu percepción podrán ser aumentados a voluntad si te concentras, tu fuerza y tu agilidad serán superiores y podrás realizar proezas increíbles que un ser humano no podría realizar. Tu misma habilidad para recuperarte de las heridas fue lo que te delató, cuando te recuperaste de la paliza mortal que te dio aquel tipo que te atracó. Tendrás el don de percibir cosas que otros hombres no sienten, y hacer cosas que otros hombre son pueden. Ver a través de velo, e incluso moverte a través de él.

La primera de las figuras saltó repentinamente hacia ella como si fuera una rana, abriendo una descomunal boca, y Chris concentró su energía en el puño, sintiendo fluir la energía de su sangre rápidamente hacia aquella dirección. Para cuando el cazador de las sombras llego a la altura de su cuello, el puño ya le había destrozado la mandíbula inferior y cercenado parte del cuello.

La segunda figura saltó, y concentrando la energía en su otro brazo, de un golpe arrancó parte de uno de los asientos del tren y lo envió hacia su dirección, golpeándola y haciéndola caer.

-¡Tú…! –bramó la figura. Pero cuando se iba a alzar ella ya golpeaba en con su pierna la columna partiéndosela en dos, y dirigiéndose de un salto contra la tercera figura.

Ésta esquivó su golpe y con una de sus garras de afiladas uñas negras logró desgarrar su abrigo y llegar a su piel.

Ella cayó por detrás suyo, y entonces percibió que del vagón anterior surgían muchas otras figuras que se dirigían hacia ella.

-¡Oh, sí, chica! –dijo el cazador de las sombras superviviente mientras lamía la sangre de Chris de sus largas uñas.- Puedes matarme, pero como ves, nosotros tres sólo éramos los primeros. Me temo que podemos surgir de las sombras… y que los vagones están llenos de ellas…

Era ahora o nunca… Chris aceleró el paso contra el cazador y concentrando la fuerza del dragón alrededor de su cuerpo, embistió contra la ventana mas cercana, haciendo que estallara en mil pedazos. Concentró el pensamiento de su sangre fluyendo en sus piernas y saltó desafiando la velocidad del tren, arrastrando consigo al cazador de las sombras, todos sus sentidos despiertos. La inercia la arrastraba, pero supo caer al suelo de la forma precisa, y mientras lo hacía arrojó al desafortunado cazador contra la tierra, de forma que los huesos de sus brazos y piernas se quebraron. Ella dejó que su cuerpo rodara, absorbiendo el golpe y la velocidad, volteándose, en el último momento para caer de pie.

El tren continuó su recorrido, y mientras se alejaba pareció que las luces volvían a todos sus vagones. La Sombra se había retirado.

Lentamente y con pasos seguros, herida en un costado y su ropa destrozada por el rodamiento por el suelo, se acercó hacia el moribundo cazador de sombras, que pese a sus fracturas, se arrastraba intentando huir.

Chris lo observó, y cuando éste se giró para contemplarla, concentró la energía de su sangre en su mano, que había adoptado forma de garra y golpeo con toda su furia a la bestia, destripándola.

Sintió un cosquilleo ardiendo en su interior.

Saco el móvil de su bolso e hizo una llamada.

-¿Sí? – Contestaron desde el otro lado.

-¡Buenas, Sabrina! Soy Chris…

-¡Cristina!

-Sí, Cristina… ¿Sabes aquello de lo que hablamos? Pues prepara las armas. ¡Me las llevo todas! Ya ha empezado… Llegaré tarde, estoy en algún lugar entre Barcelona y ninguna parte, y me temo que me va a llevar algo de tiempo. Prepárame también algo de ropa.

Con ella no se jugaba.

Era la hija del dragón.

E iba a terminar la guerra que había empezado su padre…

martes, 18 de junio de 2013

PA’n’TOMAQUET WESTERN - Bales, botifarra, pa amb tomàquet i ratafia... en una Catalunya post post-apocalíptica!



Fa més de 300 anys que la Gran Guerra va assolar el món acabant amb més de les tres quartes parts de la humanitat i va cremar una quarta part del planeta, deixant-ho inhabitable en bona part dels mateixos antics territoris "civilitzats" que van provocar aquesta mateixa guerra! Després, sense cap tipus de control, va arribar la gana i la malatia, que va exterminar novament tres quartes parts de la gent que quedava! Avui, Catalunya no és res més que una terra fragmentada i inhòspita, sense llei, a l’oest de l’Europa, regida per cabdills de la guerra, pistolers, bandolers i mercenaris que sotmeten els pagesos, els remences i els pastors que intenten subsistir en aquestes terres ara salvatges. De la foscor que hi ha al nord, més enllà dels Pirineus, producte de la Gran Guerra, sorgeixen salvatges, devoradors de carn humana, bruixes i bèsties mutants que penetren les variables fronteres del comtats, marques i ducats catalans. Al sud, les taifes súbdites del nou regne d’Al-Andalus, lluiten per extendre els seus dominis intentant atravessar les terres de l’Ebre... Això és un oest com mai havies imaginat... fins ara!

PA'N'TOMÀQUET WESTERN?

Fa temps, parlant amb un grup d’amics sobre cinema i literatura i els seus diferents generes, dèiem que en el fons tot ja està fet i totes les històries ja estan explicades. És difícil crear nous gèneres, encara que amb els subgèneres no està tot dit, ja que aquests apareixen en la mateixa evolució del ésser humà i les seves noves tecnologies o descobriments. Aficionats com molts de nosaltres érem al cine, vàrem posar com exemple el western. Partint del western clàssic, sorgiren altres subgèneres, com l’spaghetti western, el western crepuscular, o fins i tot el marmitaco western, nascut arrel de la pel•lícula “800 balas” dirigida per Àlex de la Iglesia. I en això estàvem, quan se’m va ocórrer la idea... Si hi havia un spaghetti i un marmitaco western, perquè no crear el pa amb tomàquet western (dit, altrament, pa & tomàquet o pa’n’tomàquet western)? La idea va fer certa gràcia entre els concurrents en aquella reunió, però clar, per crear un gènere o subgènere nou, aquest tenia que tenir uns trets característics, que el fessin únic i distintiu, no ni havia prou amb posar un nom. La meva idea d’un pa’n’tomàquet western era ben senzilla, un western situat a Catalunya, amb bandolers i pistolers, però una Catalunya diferent, més primitiva i salvatge, en un món de caire post post-apocalíptic (diguem, uns 300 anys després del gran desastre), on la societat hagués retrocedit varis segles en quan a tecnologia, temes socials i econòmics, fins quedar atrapada en un món situat, socialment parlant, entre el feudalisme i el segle XIX, però amb algun tret futurista que ens indiqués que el món, tot i aquest desastre passat, continua evolucionant. Una època de lluites entre l’ordre i el caos, el món salvatge i el món civilitzat, on uns autoproclamats senyors d’estil feudal (encara que amb armes de foc), senyors de la guerra,  intenten governar i dirigir els seus feus en terres catalanes, alguns d’ ells, fins i tot, intentant crear un nou regne, alhora que lluiten contra els salvatges provinents de les terres del nord, sumides en constants tenebres. I en tot això, més tard, se m’acudiria afegir-hi un toc d’steampunk, el toc retrofuturista just que aquest món salvatge necessitava... el món del pa’n’tomàquet western!


REREFONS

Catalunya. Han passat més de 300 anys des de que la Gran Guerra va devastar el món. Arrel d’aquesta sorgiren tota una sèrie de desastres: la gana, la pesta, la mort... Al nord, més enllà dels Pirineus, la terra és un erm infèrtil, una terra pràcticament cremada i desolada, habitada només per salvatges, devoradors de carn humana i tot tipus de bèsties salvatges i mutants. Una terra buida, morta, fuetejada per constants tempestes elèctriques, vents i una foscor quasi perpètua.

El canvi climàtic resulta patent en diversos llocs del món, els estius són més calorosos i els hiverns més freds. Molts boscos han desaparegut i s’han transformat en deserts, i en canvi, per un altre costat, molts boscos s’han apoderat d’antics pobles i ciutats que rauen abandonats. Pous d’ aigua contaminada i ruïnes per tot arreu, són trampes mortals pels incauts. Diverses espècies animals han recuperat els seus antics llocs en el regne natural, i altres noves espècies, fugides d’antics parcs zoològics, han vingut a ocupar altres llocs buits dins de l’ecologia.


Catalunya és una terra independent, sense govern i sense llei, ni unes fronteres gaire clares o determinades, assetjada per bandits, bandolers, mercenaris, senyors de la guerra o els misteriosos jutges que diuen servir a la llei d’un autoproclamat rei que ningú coneix, fent complir la llei a cops de bala. Arreu d’aquestes terres, els pagesos, agricultors i ramaders viuen oprimits per igual, sovint com remences. Les masies són centres fortificats i armats, i només algunes petites ciutats, poblets o masos es mantenen en peu, incloent algunes comunitats religioses o petites sectes religioses. Els castells tornen a estar a l’ordre del dia, restaurats per millor protecció. Més enllà d’aquestes petites comunitats pràcticament no hi ha lleis establertes, i encara que en la majoria de casos els forasters són tolerats, sempre se’ls mira amb certa sospita, i més si van obertament armats. Cada població, feu o comunitat estableix les seves pròpies lleis, la pena de mort és freqüent pels crims més atroços (el que sovint inclou els robatoris), que se solen fer complir a través de l’agutzil del poble o la comunitat en qüestió. En alguns feus, el dret de cuixa torna a imperar, com en els vells temps. A nivell regional, existeixen petits grups de soldats, milícies o voluntaris, que en casos extrems es reuneixen al toc de sometent, i solen reunir-se i mantenir l’ordre des de les seves fortificacions, tenint que rendir comptes als seus superiors, que poden ser senyors, comptes, ducs, entre molts dels títols que s’autoadjudiquen molts d’aquests senyors de la guerra, autoproclamats defensors de la terra.

BREU HISTÒRIA I GEOGRAFÍA

Ningú explica ben bé que és o va ser la Gran Guerra ni en sap exactament els motius, encara que va involucrar a moltes nacions. Tot va començar amb petites batalles que cada cop van anar a més, fins que finalment tot va acabar amb foc, vent i foscor. Després d’això, moltes més petites guerres, fins que va arribar la gana i la malaltia, que van ser la fi de la Guerra i de la civilització tal i com era coneguda en aquell moment, de la qual només en queden petits vestigis. El món havia canviat, pràcticament havia quedat destruit...


A Catalunya, els territoris estan fragmentats en comarques, però les fronteres d’aquestes ja no tenen res que veure amb les de segles enrere, i fluctuen constantment, segons les conquestes o pèrdues de territori dels diversos senyors de la guerra. Al nord, les terres dels Pirineus estan vigilades i protegides per exèrcits itinerants i forces de sometent, que vigilen perquè “els salvatges provinents de més allà de les muntanyes no propaguin la mort, la gana i la malaltia”, mentre que els remences treballen per diferents senyors que vigilen els seus feus. Els remences només poden deslliurar-se del seu vassallatge mitjançant serveis extraordinaris o servint durant un temps a l’exèrcit o les remences, el que els dona l’estatus de persona lliure. Els boscos i les muntanyes d’arreu d’aquest territori nord estan habitades per caçadors furtius, bandolers, pastors i gent de tota mena. Diverses espècies animals, algunes desconegudes, tornen a ocupar aquestes terres salvatges: llops, óssos, gats cervals, gossos salvatges i fins i tot lleons. A les terres centrals, fins arribar a la costa, a l’antiga ciutat de Barcelona, que ara està destruïda i mig inundada pel mar, convertida en una ciutat moribunda i de llegenda, s´estenen les poblacions més segures, encara que no lliures de conflicte. Al sud, al que eren les antigues terres de l’Ebre i Barcelona, el conflicte és constant. Les terres pràcticament estan desèrtiques, tret de les riberes de l’Ebre, i les zones més segures són aquelles regentades per abadies i monestirs. En aquestes terres, i entrant des dels territoris d’Aragó, sovint penetren petits escamots de bandits i bandolers castellans que busquen aliments i altres possibles riqueses amb les que poder mercadejar en les seves terres o en les taifes d’Al-Andalus.

A molts nivells, el món ha retrocedit. Després de la Gran Guerra, la major part dels governs del món es van ensorrar o sumir en el caos, quan no directament per la guerra, per les causes econòmiques subseqüents, i la gana i les malalties que les seguiren. Pel que se sap, Amèrica del Nord va desaparèixer sota el foc, les cendres i la malaltia, i en ella ja pràcticament no queda vida humana, exceptuant alguns grups aïllats o irrellevants. El mateix ha succeït amb bona part d’ Europa i Àsia, i diversos països islàmics.

A la Península Ibérica, les cultures s’han marcat molt més que mai.

Aragó és una terra desèrtica sense llei. En ella pràcticament no hi ha agricultura ni ramaderia; només és una terra de pas en la que viuen diversos exiliats, foragits i gent que pretén desaparèixer. És una terra tan pobre, que no és cobejada per ningú.

Castella, Extremadura i bona part de Portugal s’ha convertit, pràcticament, en una terra seca d’agricultors i petits ramaders (bàsicament de cabres, ovelles i porcs). Després de la mort de l’últim rei i la caiguda del seu govern, es una terra dominada per “governadors” que són poc més que bandits que es dediquen a explotar el poble i cobrar dret de cuixa, en molts casos pitjors que molts del bandits i malfactors del que hipotèticament defenen al poble.


Al-Andalus, al contrari que la resta de la península, ha mantingut una bona posició i un bon grau de civilització. Encara que bona part de les seves terres es dediquen a l’agricultura, políticament està molt més ben organitzada que la resta de les terres peninsulars. Les terres frontereres de Al-Andalus estan formades per petites taifes que protegeixen les seves fronteres, mentre la part sud d’aquest país està governada per un senat i un congrés sota les ordres d’un califa. Les seves terres es van repoblant a partir de nous colons provinents d’ Àfrica del Nord i Orient Mitjà. Fan servir moneda habitualment. Posseeixen bancs on guarden els tresors legals i un exèrcit a tenir en compte, que protegeixen les seves ciutats més grans, on abunden el comerç i les ciències.

Més enllà de la península, Itàlia és una de les poques terres on la civilització es manté en peu, encara que la regió està novament dividida i fragmentada en petits estats, en la majoria de casos dominades per la Cosa Nostra i grups similars. La ciència ha sofert un greu retràs, també, però en la regió abunden les grans ciutats i el comerç també és freqüent.

CIÈNCIA I TECNOLOGIA

Després de la Gran Guerra, la humanitat va sofrir un retrocés tecnològic brutal, arribant a nivells casi equivalents als de l’Europa medieval, per no dir obertament primitius en algunes zones, a mida que s’anaven acabant els recursos existents. Poc a poc la tecnologia ha anat tornant, però a nivells anacrònics. Abunda la tecnologia antiga, primitiva, però el transport es limita, bàsicament, a animals de muntura, de tir, carros i carruatges, bicicletes i vehicles de pedals, i, de manera excepcional, algunes màquines de vapor o motor. Armes de tall, ballestes, pistoles, escopetes i armes d’estil steampunk són més habituals. A Catalunya hi ha una ruta del carrilet, però aquest sofreix constantment l’atac de bandolers i salvatges.


El comerç només és habitual en les poblacions on hi ha un cert nombre d’habitants, i generalment es fa a partir de petit mercats públics. La resta de les poblacions depenen molt dels quincallaires i mercaders itinerants.