sábado, 21 de mayo de 2011

JORNADA DE REFLEXIÓN LA LLAMAN...


No sé porqué le llaman jornada de reflexión. Quizás se creen a lo largo de todo este tiempo no hemos tenido tiempo de reflexionar. Que a lo largo de estos días… semanas… meses… años… no lo hemos hecho aún. Quizás creen que si no lo hemos hecho ya, lo haremos ahora. Puede que todo sólo se trate de mantener las apariencias. Sin duda algunos creen lo que pregonan, y, para otros, más importante que creer, es ganar. Pero, ¿ganar para quién? ¿Ganar para qué?

Han pasado muchos días ya… y semanas… y meses… y años. Y se han ido cobrando un precio sobre la gente de la calle. Tiempos de crisis lo llaman, pero el hecho es que los más ricos no han parado de enriquecerse, los pobres son más pobres, y la clase media va tirando, inexorablemente a clase pobre. Las distancias entre unos y otros se acrecientan. No en vano, más de la mitad de la riqueza mundial, está repartida entre las 100 personas más ricas del mundo. Y eso, por sí solo, ya da mucho que pensar.

Unos dirán que la culpa de esta crisis fue el euro, otros que fue la especulación inmobiliaria, otros, que los bancos, otros, que los políticos… como siempre habrá algo de verdad y algo de mentira. Pero lo cierto es que de algún modo todo esto ha sido culpa de todos nosotros: por pagar por algo que creíamos injusto pagar, cuando en realidad ni siquiera lo necesitábamos, como podía ser un café; por querer ganar más dinero a costa de los demás vendiendo un piso o inflando “unos céntimos” el precio de un menú o los productos del supermercado; por querer prosperar y enriquecernos sin dar nada a cambio, salvo lo justo; o simplemente por permitirlo. Por callar… Pero lo cierto es que todo esto acabo generando el efecto “bola de nieve”: esa bola que a medida que va cayendo, en vez de reducirse, va aumentando de velocidad y tamaño aumentando la magnitud del problema.

Y ahora dicen que es el momento de tomarse unas horas de reflexión para votar…

Jornada de reflexión, lo llaman. Creo que llegados a este punto, algunos habrán sacado sus propias conclusiones ya hace meses, y los que no lo han hecho, no habrán sacado nada. Siempre habrá gente a la que les gustará que se lo den todo masticado, y cambiarán eso por su libertad. Porque la libertad tiene un precio muy elevado, y no todos lo quieren pagar. La libertad es ser consecuente con los actos de uno mismo, y pensar que si a veces una sociedad ha llegado a cierto punto, es porque nosotros mismos lo permitimos.

Reflexionar. ¿Creen que no lo hemos hecho? Si uno está en el paro, si uno trabaja pero apenas le llega el dinero para llegar a fin de mes, y eso a costa de muchos sacrificios... Si uno intenta tirar adelante solo, pagando como puede una hipoteca que se le lleva más del 60% de su sueldo… Si alguien intenta reconstruir su vida después de que un banco se la ha quitado y éste aún reclama “legalmente” que le continúe pagando la hipoteca por un piso que le ha expropiado… ¿Realmente creéis que no habrá reflexionado?

Pero existen muchos otros problemas, y no tienen que ver con los bancos ni los políticos. La gente contamina las calles con su basura, con la colilla del cigarrillo que se acaba de fumar, el papel, plástico o lata que acaba de arrojar, cuando, muchas veces a menos de dos metros tiene una papelera… la gente consume más de lo que necesita, y gasta buena parte de sus sueldos en vacaciones, fines de semana, hoteles y restaurantes, cuando apenas tiene dinero para pagar sus deudas; la gente se mete en extrañas hipotecas por pagarse caprichos que podría permitirse pagar ahorrando un poco y esperando tan solo un tiempo… No. Creo yo que todos somos culpables, y todos deberíamos asumir parte de nuestra culpa.

Con todo esto, no pretendo juzgar a nadie. Pero seamos realistas, si uno no hace nada por cambiar él mismo, ¿hasta que punto tiene derecho a exigir que lo hagan los otros?

Y se oye mucho hablar de justicia y verdad, pero, llegado el momento, la justicia pocas veces existe. Sólo existen las leyes que no dejan de ser otra cosa que herramientas para mantener el orden, la cohesión y control de la sociedad y la economía, y que, por lo general, sólo benefician a unos pocos. Poco a poco el ser humano importa menos, e importa más el dinero que sostiene no ya a un país, sino a su sistema corrupto.

¿No creéis que la mayoría de nosotros haya tenido tiempo de reflexionar de sobras? Elegir entre dos malas opciones no nos permite escoger una buena elección. Escoger entre diez malas opciones no nos permite escoger una buena elección. Escoger entre cien malas opciones tampoco nos permite llegar a nada bueno. Sólo nos permitís escoger entre el menor de los males.

Y ahora la gente se mueve, y eso molesta a algunos. Creen que ese movimiento perturba la posible “reflexión”, de la misma manera que el 11-M perturbó la manera de pensar. Pero seamos consecuentes, las cosas no pasan porque sí. Eso puede suceder con los desastres naturales, con la aparición de nuevas especies… pero las cosas no suceden porque sí en ninguna sociedad. No pasan por capricho.

Y llegados a este punto, no nos queda más elección que ir a votar. Que no lo hagamos y nos abstengamos os favorece, que votemos en blanco os favorece, que hagamos un voto nulo os favorece. Sois los gigantes que lo domináis todo, y sin embargo, cuando la gente se mueve como lo hace, pretendéis quitar importancia a lo que sucede, pero tembláis, porque comprendéis que hay cosas que se escapan de vuestras manos.

En espíritu, verdaderamente me considero ácrata. No me siento ni español, ni catalán, ni ciudadano del mundo excepto en muy determinadas circunstancias, cuando siento que pudo sentirme atacado, no por ser de esa nacionalidad, sino por pertenecer a esa sociedad etiquetada por el nombre de un país, región o ciudad que simplemente tiene una lengua, unas costumbres, tradiciones o modo de pensar distintos. Pero lo normal es que reniegue de tales etiquetas, ya que en realidad yo nunca reclamé ninguna nacionalidad ni ciudadanía, ni siento que pertenezca a nadie, salvo a la vida.

Pero mañana iré a votar, como suelo hacer, sólo para tocaros un poco las narices, no seguiros el juego, y escoger entre el menor de los males.

Aún así, me alegro de ver todo lo que está pasando por este país y fuera de él, y comprobar que se vislumbra cierta inquietud en los ojos del gigante o el dragón formado por el gobierno y todas esas “fuerzas” que se “refugian” bajo su protección, y a la vez lo manipulan a favor de sus intereses.

El pueblo está hablando y además exige respuestas por vuestros actos.

Esto no se ve todos los días, pero está sucediendo por alguna razón.

Pensad en ello…

… Y BUSCAD SOLUCIONES. Soluciones que dejen de favorecer a las empresas, los bancos y, especialmente, a aquellos especuladores que los dirigen y controlan, y que favorezcan a la gente que son la base real de este mundo.

1 comentario:

  1. Ejerzamos nuestro derecho y obligación al voto con libertad, como bien dices. Y que eso se traduzca, por una vez, en responsabilidad!
    Besos!

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