martes, 2 de julio de 2013

SERES FANTÁSTICOS PANAMEÑOS - Algunos de los seres míticos de Panamá y sus leyendas.


El perro prieto, la Tepesa, la Silampa, el Chivato, la mujer empollerada, la Pavita, la Sirena de Risacua... Éstos, y muchos otros, son algunos de los seres fantásticos propios de Panamá, nacidos de la mezcolanza de las antiguas culturas indígenas y los viejos colonos españoles. En esta mitología propia abundan las almas condenadas, los fantasmas y los espíritus, pero también otros seres fantásticos. Como se suele decir, no son todos los que están, pero sí están todos de los que son...

CHIVATO

El Chivato es el mismo Diablo, un ser que tiene cuerpo de hombre, pero patas de chivo, y unos enormes cuernos de macho cabrío en su cabeza. Hay quienes aseguran haberlo visto y escapado de él con mucha suerte. Se aparece como quiere en cualquier camino, tomando el aspecto de animal o persona, despidiendo un fuerte olor a azufre, y se dice que por donde camina -el sonido de sus patas al caminar es como de fuertes golpes contra la tierra-, no vuelve a crecer planta alguna. Nunca ataca al hombre de frente; cuando lo hace, lo muerde en la nuca y lo llena de una especie de baba. Se dice que el que va por el campo, al escuchar el peculiar sonido de sus pasos, sólo puede escapar con un milagro.


MUJER EMPOLLERADA

Se cuenta que la mujer empollerada es muy hermosa y se aparece de noche a los hombres imprudentes que vienen tarde de los bailes y fiestas del pueblo por los caminos solitarios. Cuando un campesino borracho se topa con ella, ésta le pide que la lleven en su caballo y el ingenuo que la monta en el anca de su animal y se la lleva pensando que es su noche de suerte, pronto descubrirá su gran error, pues la sorpresa del borracho será mayúscula al ver que la bella mujer se transforma en un horrible esqueleto empollerado que le hará pasar el mayor susto de su vida, de tal modo que el hombre de seguro que nunca más saldrá tarde de un baile, o más aún, jamas irá a baile alguno.


PAVITA

En tiempos muy lejanos, en algún lugar perdido de las montañas de Coclé, vivió una muchacha llamada Paula a la que tanto le gustaba fumar, que la llamaban la Pavita o Pavita de Tierra, ya que se dedicaba a recoger todas las pavitas o colillas de tabaco que los demás tiraban para fumárselas. Los padres de la joven habían tratado por todos los medios de quitarle esa mala costumbre, pero la muchacha estaba tan enviciada que nada consiguieron, hasta que al fin, cansada la familia de tanto regañarla y castigarla, la amenazaron con matarla si la veían fumar más. Por la primera vez, Paula se asustó de veras, y no se atrevió a fumar por algunos días, aunque su cuerpo entero sentía las ansias del tabaco. No sabía cómo hacer para encontrar lo que deseaba, que no era otra cosa que fumar, hasta que al fin se le ocurrió recoger todas las pavitas que los demás lanzaban, guardarlas, y fumárselas cuando nadie la viera. Para evitar ser descubierta por la gente de su casa, decidió esconderlas en las cocina debajo de unas piedras que había detrás del fogón. Todas las noches, cuando las espesas sombras envolvían la tierra, sigilosamente se iba Paula a la desierta cocinita, levantaba las piedras y se ponía a fumar sus pavitas a escondidas. Y así siguió fumando durante mucho tiempo, hasta que una noche fue sorprendida por su padre. La indignación y la cólera se apoderaron del hombre tan violentamente, que sin pensarlo dos veces, tomó un palo y la mató a garrotazos. Desde ese instante el espíritu de la Pavita comenzó a vagar por todos los montes, los campos y los potreros, asustando a animales y personas por igual. En las noches que recuerda sus pavitas, entona un canto, una especie de zumbido molesto y persistente. Entonces no es recomendable levantar ninguna piedra que se encuentre cerca de un fogón, pues la Pavita creería que van a cogerle sus pavitas y mataría al imprudente que hiciera tal cosa. Es por eso que los campesinos que lo saben, se quedan quietos en sus sitios sin atreverse siquiera a encender sus pipas con los tizones del fogón cuando sienten la proximidad de la Pavita.

PERRO PRIETO

El perro prieto es un perro negro que se dice que es el mismo Diablo. Tiene los ojos rojos como carbones prendidos y unos horribles colmillos le salen de su boca, despidiendo todo él un fuerte olor a azufre. Se aparece a las personas de noche, persiguiéndolas, ¡y pobre ellos si los atrapa!, pues su destino será incierto.


SILAMPA

En las noches de invierno, cuando la niebla fría baja de las montañas es cuando la Silampa hace sus apariciones. Su forma es como de una sabana blanca que sobrevuela el campo, confundiéndose con la niebla; atrapa a cualquier incauto que se atreva a rondar a esas horas de las noches, lo envuelve y lo “chupa” hasta dejarlo en los huesos. Hay otra versión de la Silampa que es menos macabra; se dice que es un bulto blanco sin forma que sale de los montes y va creciendo y creciendo más, hasta alcanzar varios metros de altura, solo asustando a los que se atreven a merodear a altas horas en la noche.

SIRENA DEL RISACUA

Sirviendo de límite entre la ciudad de David y el caserío de Las Lomas se encuentra en Risacua uno de los más hermosos ríos de la provincia de Chiriquí. Cuenta la leyenda, que en el río Risacua hay una bella mujer de cabellera roja y belleza celestial, la Sirena del Risacua. El infortunado de quién ésta se enamora, siente de manera inexplicable todos los días un impulso sobrenatural que lo obliga a dirigirse, sin saberlo, a donde ella se encuentra; allí un extraño deseo le hace arrojarse en las aguas y nadar y nadar hasta agotarse. Desde el fondo del río la bella mujer comienza a mirarlo dejándole ver a la par la hermosura de su cuerpo y un cántaro de plata lleno de monedas de oro. El nadador trata de alcanzar ambas cosas, y con las últimas y pocas fuerzas que le quedan, se sumerge hasta el fondo. La dama del Risacua se convierte en un monstruo entonces y lo lleva hacia una gran caverna en las profundidades del río y ambos desaparecen.


TEPESA

La historia de la Tepesa se remonta a la conquista, cuando un español enamoró a una hermosa joven indígena de la comarca Ngöbe Bugle y la dejó embarazada. Para que nadie en su tribu se percatara de su falta, la joven escapó hacia lo más profundo de las montañas, y cuando nació su hijo, lo ahogó en un río. Al ver el crimen, Dios le habló desde lo alto y la maldijo: “Ese pecado te pesa y te pesará hasta la eternidad, y desde ahora llorarás para pagar tu culpa”. La Tepesa quedó transformada así en un ser espantoso que, al igual que la Tulivieja, anda vagando por los ríos y quebradas llorando, arrepentida de su pecado.



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