martes, 9 de julio de 2013

SERES FANTÁSTICOS SALVADOREÑOS - Algunos de los seres míticos de El Salvador y sus leyendas.


El Cipitío, la cuyancúa, el justo juez de la noche, la Siguanaba, el Tabudo, la Descarnada, el caballero negro... Éstos, y muchos otros, son algunos de los seres fantásticos propios de El Salvador, nacidos de la mezcolanza de las antiguas culturas indígenas y los viejos colonos españoles. En esta mitología propia abundan las almas condenadas, los fantasmas y los espíritus, pero también otros seres fantásticos. Como se suele decir, no son todos los que están, pero sí están todos de los que son...

CABALLERO NEGRO

El caballero negro parece ser el mismo Diablo. Dicen que cuando la mala suerte rodeaba a algunas personas o por razones de la vida un hombre se desesperaba, a veces invocaban al diablo en busca de ayuda, y entonces, sin esperar, se formaba un remolino espeso y aparecía un jinete, muy elegante, en un poderoso caballo, con monturas relucientes y una gran capa. Su negocio era comprar almas, y otorgaba algunos deseos a quien lo invocara a cambio de la suya. Cuentan que él ofrecía dinero, mujeres, suerte, futuro para los hijos y riquezas a cambio de ello. El caballero daba siete años a sus clientes para que disfrutaran de todo lo que el ofrecía y al cabo de los siete años venía para llevarse el alma que había comprado. Entonces, algunos dueños de haciendas que presubiblemente habían hecho tal trato con el caballero negro, de repente desaparecían y tiempo después algunos aparecían en los potreros, muertos, y en su interior nada más que zacate, pasto o forraje.


CADEJO

El cadejo es un perro misterioso de gran tamaño y mirada penetrante, con ojos que brillan como ascuas de carbón, que se aparece en los caminos solitarios a los trasnochadores; cuando se oye su silbido cerca, es que el cadejo está lejos, pero cuando se oye lejos, es que está cerca. Para unos se trata de un solo animal, para otros, existen dos tipos de cadejos: uno blanco, que es bueno, creado por Dios, y a quién se lo encuentre lo cuida, y otro negro, que es malo, creado por el Diablo, que atacará o perseguirá a quien lo perturbe, a decir de algunos, con la intención de robarles el alma; en todo caso, quien se tope con él, a consecuencia del susto, puede acabar locos, enfermos o como tontos para el resto de sus vidas (en El Salvador a esto se le dice que una persona ha quedado jugada por un mal espíritu). Pero el cadejo blanco eventualmente defenderá a quien resguarde, al encontrar el cadejo negro en su camino, trabándose entre los dos una fiera lucha. Del mismo modo, puede ahuyentarse al cadejo negro de las viviendas con el humo del incienso que en El Salvador se conoce como Sahumerio.


Hay quién asocia al cadejo de uno u otro color con la tipología de hombre y mujer. Así se dice que el perro blanco es el guardián de los hombres y el negro de las mujeres, aunque esta versión de la leyenda ya no recibe tanto realce y solo es reconocida en las zonas rurales y montañosas del país.

CARRETA CHILLONA

La carreta bruja o carreta chillona es el espectro nocturno de una carreta que aparece por las noches recorriendo las calles de algún pueblo o ciudad, sin que se vean bueyes que la arrastren ni tampoco boyeros que la dirijan.

Una de las leyendas sobre su origen versa alrededor de un colono español de nombre Pedro el Malo, una persona cruel con los indígenas y en general incrédulo de la religión, quien habría intentado entrar con su yunta de bueyes y su carreta a la iglesia de su pueblo el día de San Isidro Labrador, festividad en la cual se bendecían las carretas y los animales. Los bueyes, a pesar de los azotes de su amo, se habrían resistido a obedecer, razón por la cual el cura de la población habría maldecido a Pedro y a su carreta condenándolos a andar por toda la eternidad, causando espanto por donde quiera que pasaran, pero salvando a los bueyes que habían resistido. Cuenta la leyenda que desde entonces la carreta chillona va bendecida por el Diablo, anda sola, sin bueyes que la conduzcan, causando espanto por donde se oye el traqueteo que hacen sus ruedas de madera. Los abuelos cuentan que la carreta bruja pasa por los pueblos de la campiña salvadoreña donde no hay amor ni armonía entre sus habitantes, siempre después de la medianoche.


Lo más frecuente es que las personas describan que han escuchado el traqueteo de la carreta sobre el pavimento, sin verla, pues verla comúnmente implica que el personaje que la ha visto morirá en el transcurso de los siguientes ocho días, además de que muchas veces verla puede hacer pensar al oyente que el fantasma vino explícitamente a asustar al narrador de la historia, dado que el espectro es, básicamente, un espanto de castigo o advertencia. Es frecuente también que varias personas reporten haberla escuchado al mismo tiempo a una misma hora, avanzando lentamente hasta la puerta misma de la casa, para luego inmediatamente oírla distante alejarse, teniendo así, el don de la ubicuidad. En algunas versiones también, la aparición del espectro anuncia la pronta llegada de una desgracia que se avecina, por lo que también se le considera una entidad pronosticadora de malos augurios.

En general, como la carreta es un espectro cuyo propósito es disciplinar a los han elegido el mal camino, su visión por parte de las personas cuyos actos no son motivo de castigo no implica la muerte, aunque los que sobreviven suelen enfermar por un tiempo y quedan con alguna deficiencia para toda la vida, como padecer de estrabismo o tartamudez. Finalmente, también es frecuente que algunos que sobreviven la hayan visto por accidente, confundiendo el sonido de su andar nocturno con el de una simple carreta normal, pero llevándose la sorpresa de ver la aparición ambulante sin los bueyes esfumándose en el aire. Estos últimos casi nunca tienen consecuencias más que haberse llevado el susto de sus vidas.

CHASCA

Chasca, también conocida como la virgen del agua, es el nombre de un personaje de una leyenda de El Salvador. Según la tradición oral, en la barra de Santiago vivió un hombre rico de nombre Pachacutec, el cual tenía comprometida a su hija Chasca con un príncipe de una tribu zutuhil. Chasca, sin embargo, tenía su corazón entregado a un joven pescador de nombre Acayetl. Ella le veía a escondidas de su padre en la playa; donde él, desde su balsa, le cantaba dulces canciones. Un día nefasto, alguien disparó una flecha a Acayetl mientras regresaba de la pesca. El asesino fue un enviado de Pachacutec. A lo lejos, Chasca observó el crimen y gritó con horror, y tomó la decisión de acompañar a su amado en la muerte. Amarró una piedra a su cintura y se lanzó al agua. El espíritu de Chasca apareció por vez primera en una canoa blanca al lado de Acayetl en la siguiente noche de luna llena, y así lo hace desde entonces.

CIPITÍO

Al Cipitío –también conocido como Cipitio, Cipitillo o Cipit (del nahuat, “niño”)- se lo hace hijo de la Siguanaba (ver: Siguanaba), aunque posee un carácter totalmente festivo e inocente del que su madre carece totalmente, siendo una de las figuras legendarias más populares de El Salvador. Es un niño pequeño que nunca creció a causa de una maldición, aunque a pesar de ser inofensivo, puede llegar a resultar hostigoso y pesado, apareciéndose por las noches como un espíritu burlón, haciendo bromas, riendo a carcajadas sonoras y bailando alrededor de su víctima.


El Cipitío tiene la apariencia de un niño de diez años. Es bajito, barrigón y tiene los pies vueltos al revés, de modo que sus huellas engañan: uno cree que va en una dirección cuando en realidad lo hace exactamente en la contraria. Tiene una vestimenta y costumbres sumamente peculiares, se le atribuye una diversidad de habilidades, facultades y poderes sobrenaturales que, sin perjuicio de nadie, usa para divertirse. A pesar de ser un hijo de dioses, suele vestir siempre como un niño de baja condición social y económica, llevando ropa de manta blanca, caites (sandalias) y un sombrero de palma puntiagudo y de grandes alas que se mueve al ritmo de sus pasos.

Frecuenta los trapiches de las moliendas de caña, los ríos, las pozas y las zonas rurales. Le gusta bañarse con cenizas, de las que también se alimenta, que quedan en las cocinas de leña de las casas, y come también guineos (una variedad de plátano pequeña).

Es un eterno enamorado de las muchachas a las que constantemente espía, silba, o arroja piedrecitas y flores. Le gusta arrojar piedrecitas a las muchachas bonitas que van solas a lavar ropa en las pozas de los ríos. Cuando una chica es objeto de su hostigamiento, la solución para alejarlo es comer en el baño, frente a la taza de un inodoro; esto se debe a que se cree que el Cipitío siente asco de los malos hábitos de las personas, en este caso las mujeres, por eso se supone que ésta es la solución más efectiva.

El personaje Cipitío puede estar emparentado con una deidad precolombina: el XipeTotec. Este dios era el patrono de la regeneración vegetal, por consiguiente tendrían que ver también con él los frutos y las flores. De hecho, como ya se ha mencionado, el Cipitío es hijo de dioses. Nació de la relación que tuvo su madre Sihuehuet (“Mujer hermosa”, más tarde convertida en la Siguanaba) con el Dios Lucero de la Mañana, traicionando infielmente al Dios Sol. Es por eso que el dios Tlaloc condenó tanto a la madre como al hijo. A la madre la condenó a ser una mujer errante y al niño a nunca crecer, y conservarse por siempre en la edad de diez años. Durante siglos, Cipit fue el dios de las relaciones prohibidas y adulteras, en la actualidad es un icono de la cultura salvadoreña donde es representado como un niño alegre y que vaga errante.

CUYANCÚA

La cuyancúa es un legendario animal mítico de El Salvador, cuya historia se narra principalmente en el municipio de Izalco, en el Departamento de Sonsonate, y en general en la zona occidental del país. Según la tradición oral, por la noche sale un ser de gran tamaño, mitad cerdo en el extremo superior y mitad serpiente en el extremo inferior, que anuncia la lluvia. Según cuentan los lugareños, por la noche se escucha un chillido tenebroso a lo lejos, seguido de fuertes turbulencias bajo la tierra; esto sucede principalmente alrededor de los ríos y quebradas, y dicho sonido proviene de este animal, motivo por el cual, los lugareños se encierran a tempranas horas en sus hogares, ya que a esas horas nocturnas dicho animal se arrastra recorriendo la zona en busca de alimento.


Según algunos testimonios, la cuyancúa no siempre aparece sola, sino que a veces lo hace en grupo. Según el libro “Mitos y leyendas de los Pipiles de Izalco”, de L. Shultze Jena, la cuyancúa es también un ser mitológico que tiene cierto dominio sobre las aguas de los ríos y la lluvia.

DESCARNADA

En El Salvador abundan las personas que afirman haber tenido una experiencia macabra con una hermosa mujer, la Descarnada, que aparece por los caminos o carreteras solitarios, pidiendo que la lleven. La mujer sale a orillas de la calle con una vestimenta provocativa y con una actitud sensual, llamando audazmente la atención de los incautos que se sienten atraídos por su belleza y coquetería. Cuando los conductores le preguntan hacía donde se dirige, ella les contesta que a unos pocos kilómetros del lugar, entonces monta en el carro o el automóvil y comienza a seducirlos. Cuando los hombres empiezan a tocarla y besarla, sucede algo espantoso: la piel de la mujer se desprende de su cuerpo hasta quedar totalmente convertida en pocos segundos en un esqueleto humano. Sus víctimas son halladas en estado de total confusión, recordando sólo aquella escena tenebrosa había ocurrido. Algunos pobladores dicen que la Descarnada es en realidad el espíritu de una bruja maligna.


DUENDE

En El Salvador se dice que los duendes son una especie de hombrecitos muy pequeños y de orejas puntiagudas, a los que les gusta vestir ropas muy lujosas y de colores brillantes; y son guardianes de enormes ollas llenas de monedas de oro, y hablan un idioma que solo ellos entienden. También se dice que son espíritus en pena que van a la casa donde los niños tienen un comportamiento incorregible, para llevárselos; es por eso que a veces se cantaba a la hora de dormir “Si no te duermes va a venir el duende y te va a llevar”.


Por otro lado, el duende es un espíritu enamorado que siempre busca a las mujeres jóvenes y bonitas, a las cuales no deja en paz hasta que hacen algo desagradable para él, como no bañarse o hacer cosas antihigiénicas. No deja tranquila a la muchacha bonita que escoge, intentando llamar su atención por medio de ruidos, brisas y aromas, llegando a hacer que a veces se quede solterona.

CHANCHA BRUJA

Se decía que algunas mujeres podían convertirse en chanchas grandes, negras y llenas de lodo. Apenas veían a la persona señalada, aligeraban su trote y comenzaban a gruñir, embestían furiosamente a la persona y le daban trompadas y mordiscos en las piernas hasta derribarla y hacerle perder el conocimiento, al día siguiente, la víctima amanecía molida y mordida, y con los bolsillos vacíos.


GRITÓN

El gritón o gritón de medianoche es el hijo de una india que, expulsada de su tribu, fue sorprendida y poseída en medio de la selva por el demonio. De esta unión nació el Gritón, un ser mitad humano y mitad demonio, de gran tamaño. Su terrorífico grito arranca los árboles de raíz, hace temblar la tierra, hace desbordar los arroyos y atemoriza a los seres que lo oyen. Persigue a los hombres que osan cruzar la selva a medianoche, y parece ser que algunos de los que lo oyen, tras hacerlo entran unos días en fiebres y calenturas.

JUSTO JUEZ DE LA NOCHE

El justo juez de la noche es un personaje de leyenda de El Salvador, cuyo origen parece situarse en la época de la colonización española. Según la tradición oral, es un fantasma que se aparece a quienes deambulan por los caminos rurales a altas horas de la noche, advirtiéndolos de que regresen a sus casas, pues el espectro afirma que la noche le pertenece solo a él. En más de una ocasión, mostrándose como un vigilante del orden, azota a cualquier incauto a manera de reprimenda. Algunos lo describen montado sobre un caballo negro, otros como un sujeto alto que no posee cabeza, y en lugar de ésta aparece una columna de humo. Seco como un árbol aniquilado por el bejuco matapalo, su rostro brilla levemente con la ceniza pálida de los siglos y sus ojos rojos tienen un fondo donde espera la locura o la muerte. Nadie más justo que él, sin embargo, de ahí su nombre. Solamente los fatuos, los necios y los obstinados deben temer su daño sin motivos especialmente graves.


LLORONA

La Llorona es un personaje mítico, cuya leyenda se ha difundido por varios países latinoamericanos y trascendido sus fronteras. Se trata del espíritu de una mujer que, tras la pérdida de su hijo o hijos, se convierte en un alma en pena que vaga buscándolos en vano, perturbando con su llanto a todos aquellos que la oyen. Aunque hay muchas variedades de la historia, los hechos principales son siempre parecidos. En El Salvador, la Llorona, junto con la Siguanaba y la Descarnada (ver: Descarnada, Siguanaba), es uno de los personajes legendarios más conocidos de este país, y los ancianos cuentan a menudo su historia.


Se dice que la Llorona es el espíritu de una mujer que va flotando en el aire de noche (algunos especifican que sólo lo hace las noches de luna llena), vestida de blanco y que cuando se detiene a llorar en la puerta o ventana de alguna casa, provocando escalofríos a todo aquel que la escucha, es presagio de que los moradores de la misma pasarán por muchas penas, problemas y tribulaciones; para alejarla junto con su sombrío augurio, se debe hacer un rezo especial en la casa durante nueve noches consecutivas. Vaga por las calles de los pueblos rurales llorando por sus hijos y, tras entrar en la iglesia local, desaparece. Otros dicen que busca el camino que lleva al cementerio de la comunidad. Afirman que el alma de quien la mire y la siga, vagará errante durante toda la eternidad. Se recomienda jamás darle la espalda, porque de hacerlo aparecerá de pronto al lado de uno.

MICA BRUJA

En todo El Salvador se conoce la leyenda de la mica bruja. En algunas partes también lo relacionan con otras especies como la mona o la chancha. Se decía que habían unas mujeres que a las once de la noche  se daban tres volantines para atrás y luego tres para adelante (saltaban hacia delante o hacia atrás); que estas mujeres tenían un guacal donde dejaban su alma y ya sin ésta tomaban figura  de monos, o chanchos y se dedicaban a hacer diabluras. Y así estas brujas, acompañadas de la oscuridad de la noche, trepaban a los árboles y tiraban frutas a la gente. Se subían a los techos de las casas, saltando de un lugar a otro y arrojando piedras contra las personas que pasaban en la calle vecinas. Muchas personas han tratado de agarrarlas y matar a la mona o chancha, pero de nada les sirve, pues cuando ya están cerca y creen tenerla acorralada se les esfuma como por encanto.


PADRE SIN CABEZA

Según creencia popular, el Padre sin cabeza es el alma en pena de un sacerdote que falleció en pecado mortal, sin confesión, y que perdió la cabeza a causa de una pasión amorosa. Otra versión es que este es el alma de un Padre que lucho junto en una revuelta con unos campesinos, que fue asesinado decapitado. El Padre sin cabeza es conocido no solo a nivel Salvadoreño sino que a nivel Centro Americano


SEÑORA DE LOS ANILLOS

Se dice que en San Salvador, hace ya varios años, desaparecían muchos niños, y esto se atribuía a una mujer de vestimenta blanca, con un rostro indescriptible, que en sus manos llevaba muchos anillos, una especie de bruja o espectro indefinido. La historia se centra específicamente en una pareja y su bebé que vivían en un apartamento. Una noche el señor estaba trabajando y su esposa leyendo en el cuarto; hacía mucho calor y pusieron al niño a la orilla de la ventana, a quien el señor cuidaba de reojo. Al poco rato, ya con una pesadez de sueño, el señor empezó a cabecear y miró hacia la ventana, en la cual vio una mano detenida con muchos anillos. Pero se sacudió frotándose los ojos y volviendo a ver de nuevo, cual fue su sorpresa, que ya no había nada. Se quedó dormido y después de unos minutos se despertó sobresaltado, viendo una mujer parada a lado de su hijo. En ese momento se quedó paralizado sin poder hablar, pero reaccionando, corrió y tomó el niño y se fue al cuarto donde estaba su esposa, que le dijo que lo que veía se debía a que no había podido dormir bien durante varios días. Al día siguiente, el hombre se fue a trabajar, y cuál fue su sorpresa cuando vio a la mujer sentada en la entrada del edificio y la identificó por los anillos. Tomó el bus dejándola allí sentada como una estatua, y allí, oyendo que alguien se reía a carcajadas miró hacia adelante y vio a la misma mujer parada frente a él, con su hijo en brazos, y desde ese día el hombre ya no coordinó ideas, se quedó loco y sin bebé.


TABUDO

Entre los pescadores, moradores y visitantes de del Lago de Coatepeque circula la historia del Tabudo, una especie de magnate subacuático, cuya leyenda que se ha propagado tanto que se relata en otros tantos lagos y lagunas de El Salvador. Al parecer, un día, el dueño de una hermosa mansión localizada a orillas del Lago de Coatepeque salió a dar un paseo en una canoa artesanal; al estar cerca de la isla fue arrastrado por una corriente subterránea y llevado hasta los dominios de la diosa de agua dulce. Nunca se le volvió a ver con vida.

Sin embargo, a los pocos meses se apareció de nuevo a las personas que cuidaban sus propiedades y se las heredó. Ellos quedaron perplejos al verlo, pues sus tabas (rodillas, de ahí su nombre) se habían ensanchado tanto que parecían un par de balones de fútbol, al igual que sus labios, y se asemejaba a una criatura marina más que un ser humano. Cuando le agrada una persona, se le aparece aparentando ser un humilde pescador para ganarse así su confianza, y luego los arrastra hasta lo más profundo del lago; a los hombres los convierte en enormes peces de colores y a las mujeres en sirenas de agua dulce.

TAMALERA

Cuentan vecinos de la laguna de Cuzcachapa, en Chalchuapa, que en este lugar aparecía la Tamalera, que tenía una cueva en la laguna y salía a las doce de la noche a vender tamales. Ella en un tono agudo decía: “¡Tamales de pescado!” Siempre tenía un sitio específico de donde salía: del lado de la cueva. Sin embargo, cuentan los lugareños que desde que construyeron una zanja que da a la calle, deshicieron la cueva... ¡y ya no aparece más la Tamalera!

SIGUANABA

Según la versión salvadoreña, la Siguanaba –también llamada Sihuanaba, Siguamonta, Sigueguet o Sihuehuet-, es una bella mujer con el pelo larguísimo y enredado que le cubre el rostro, el cuerpo delgado, uñas largas, y unos pechos que le cuelgan hasta la cintura que, generalmente, aparece de noche ante los trasnochadores, los hombres solteros, infieles, donjuanes o borrachos; se la ve de noche en los campos, en los caminos, las quebradas, los barrancos, ríos, lagos y otros depósitos de agua, y a veces incluso en los basureros. A veces va buscando a su hijo, el Cipitío (ver: Cipitío), a veces se la ve lavando ropa, otras veces montada a lomos de un caballo, otras, buscando a alguien que la lleve. Sin embargo, como ya se ha dicho, siente cierta debilidad por los hombres enamorados, los donjuanes y todos aquellos que hacen alarde de sus conquistas, atrayéndolos y haciendo que pierdan la vida y el alma, ahogados o despeñados, a favor de ella. O, en el mejor de los casos, haciendo que se vuelvan locos o tengan el mayor susto de su vida. El hecho es que las tradiciones dicen que el hombre que la mira se vuelve loco de deseo por ella, pero cuando ésta les enseña su verdadero rostro, o toda ella se convierte en un ser feo y grotesco según algunas versiones, los hombres enloquecen de miedo.


El caso es que a algunos se les aparece en barrancos o despeñaderos y los precipita al vacío. A otros se les aparece en cualquier tanque de agua a altas horas de la noche, bañándose con un guacal de oro y peinándose con un peine del mismo metal, su bello cuerpo trasluciéndose a través del camisón, y los atrae con movimientos sinuosos de su cuerpo hacia las aguas, donde puede ahogarlos. Otras veces se aparece por los caminos solitarios pidiendo a los hombres que la lleven o la acompañen en su caballo o su auto. En todos los casos, después de un rato, al obtener la confianza de su víctima, ésta se convierte en una mujer fea y grotesca, o muestra su rostro a sus víctimas, causándoles la locura o un extremo terror, haciéndolos correr despavoridamente en frenética huída mientras ella se quedaba riendo a grandes carcajadas, golpeando sus largos pechos contra las aguas o las rocas cuando tiene la ocasión. Eso, cuando no intentan provocarles directamente la muerte...

Para no perder su alma, el hombre que ha sido víctima de la Sihuanaba debe morder una cruz o una medallita y encomendarse a Dios. Otra forma de librarse del hechizo de la Siguanaba, consiste en hacer un esfuerzo supremo y acercarse a ella lo más posible, tirarse al suelo cara al cielo, estirar la mano hasta tocarle el pelo, y luego halárselo, tirar de él hacia sí. Así la Siguanaba se asusta y se tira al barranco. Otras versiones dicen que debe agarrarse de una mata de escobilla, y así, cuando ella tira de uno, al agarrase la víctima de la escobilla, ella siente que le halan el pelo. Esta última práctica es más efectiva, ya que es el antídoto propio que contrarresta el poder maléfico de esta malvada mujer.

Parece que la Siguanaba originalmente llamada Sihuehuet (“mujer hermosa”), y tenía un romance con el hijo del dios Tláloc, del cual quedó embarazada. Era una mala madre, dejando solo a su hijo para satisfacer a su amante. Cuando Tláloc descubrió lo que estaba ocurriendo, maldijo a Sihuehuet llamándola Sihuanaba (“mujer horrible”). A partir de ese momento sería una mujer hermosa a primera vista, pero cuando los hombres se le acercaran, se daría vuelta y se convertiría en un ser horrible.


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2 comentarios:

  1. que leyendas mas bonitas

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  2. ya se me aparecio el mico brujo y el cadejo e oido la taconuda

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