lunes, 9 de julio de 2012

ERNEST BORGNINE, EL HOMBRE RUDO CON UN CORAZÓN DE ORO


Ayer, 08 de julio de 2012, falleció Ermes Effron Borgnino -Ernest Borgnine- a los 95 años de edad. Borgnine fue una de esas viejas estrellas de aquel Hollywood dorado en que la industria cinematográfica no se alimentaba sólo de remakes, efectos especiales o éxitos comerciales seguros, sino de buenas interpretaciones; de aquella época en el que el cine de Hollywood aún podía ser llamado Arte -así, en mayúsculas- y no era únicamente un simple negocio que apostaba sobre seguro.


Actor sumamente conocido, Borgnine siempre será recordado, especialmente, por sus papeles de actor secundario, en los que por norma general interpretaba a tipos de carácter rudo, duro y desagradable. A pesar de ello, sería gracias a "Marty" (1955), que ganaría el Óscar al mejor actor. Marty, un joven y sencillo carnicero de gran corazón, resultó ser uno de los personajes más humanos y entrañables de toda la historia del cine. Como Marty, Ernest Borgnine, resultó ser un hombre sencillo y de gran corazón; cuando no estaba trabajando en alguna película, Borgnine siempre se mantuvo sumamente activo realizando y colaborando en obras de caridad u organizando actos de beneficencia alrededor de todo Estados Unidos. Y es por ello, por ambos hechos -ser un buen actor y ser una buena persona, a pesar de su fiero aspecto-, que Ernest Borgnine será recordado por aquellos que amamos el cine y a las buenas personas. Ernest, desde aquí, quiero enviarte mi más sentido homenaje.


Como colofón, quisiera recordar aquí unos pocos títulos de la mucho más amplia filmografía de Ernest Borgnine. Son películas que he visto en los que Borgnine tenía un papel destacable, secundario o meramente anecdótico. En realidad no importa, porque cada una de estas pequeñas joyas que aquí menciono me marcó a su modo, y en cada una de ellas aparecía Borgnine. Por ello, quiero dejar constancia de parte de su legado: sus interpretaciones,

  • De aquí a la eternidad (From Here to Eternity) (1953), de Fred Zinnemann.
  • Johnny Guitar (Johnny Guitar) (1954), de Nicholas Ray.
  • Demetrio y los gladiadores (Demetrius and the Gladiators) (1954), de Delmer Daves.
  • Vera Cruz (Veracruz) (1954), de Robert Aldrich.
  • Marty (Marty) (1955), de Delbert Mann.
  • Los vikingos (The Vikings) (1958), de Richard Fleischer.
  • Barrabás (Barabbas) (1962), de Richard Fleischer.
  • El vuelo del Fénix (The Flight of the Phoenix) (1965), de Robert Aldrich.
  • Doce del patíbulo (The Dirty Dozen) (1967), de Robert Aldrich.
  • Grupo salvaje (Wild Bunch) (1969), de Sam Peckinpah.
  • La aventura del Poseidón (The Poseidon Adventure) (1972), de Ronald Neame.
  • El emperador del norte (1973), de Robert Aldrich.
  • Odisea bajo el mar (The Neptune Factor) (1973), de Daniel Petrie.
  • Jesús de Nazaret (Jesus of Nazareth) (1977), de Franco Zeffirelli.
  • El príncipe y el mendigo (Crossed Swords) (1978), de Richard Fleischer.
  • Sin novedad en el frente (All Quiet on the Western Front) (1979), de Delbert Mann.
  • 1997, Rescate en Nueva York (Escape from New York) (1981), de John Carpenter.
  • Comando Patos Salvajes (Code Name: Wild Geese) (1984), de Antonio Margheriti.
  • Gattaca (Gattaca) (1997), de Andrew Niccol.

De todas ellas, sin embargo, si tuviese que recomendar alguno de esos films, elegiría "Marty", no ya porque Borgnine interprete magistralmente su papel como actor principal, sino porque la película, en sí misma, pese a su aparente sencillez, es todo un alegato de humanidad.


A pesar de todo, fuera como actor principal o secundario, es evidente que Borgnine sabía dejar su propia marca, no sólo por su imponente físico de hombre rudo, sino por sus propias interpretaciones, y las películas en las que aparece difícilmente hubiesen sido las mismas sin él. Con su muerte, la luz de una nueva vida se ha apagado, pero como la luz de las estrellas ya tiempo muertas que brillan en el cielo, la luz de Borgnine continuará brillando en las películas donde él apareció.

viernes, 6 de julio de 2012

DÍAS DE OCIO EN EL PAÍS DEL YANN - Un relato de Lord Dunsany.


Aquí os dejo "Días de ocio en el País del Yann", un breve relato de una magia evocadora y onírica escrito por Lord Dunsany (1878-1957), seudónimo bajo el cual Edward John Moreton Drax Plunket, barón de Dunsany, escribió una prolífica obra literaria cargada de una singular fantasía capaz de adentrarno en una atmósfera única, casi mítica. Un escritor que para muchos amantes de la fantasía aún permanece desconocido; cuyos relatos, de una atemporalidad y una prosa casi poética, me han servido de inspiración en muchos de mis sueños, del mismo modo que lo hicieron los relatos del mundo onírico escritos por H. P. Lovecraft.

Edward John Moreton Drax Plunket, Lord Dunsany

Este relato es un homenaje, a la vez que recordatorio, de la obra de Lord Dunsany, pero también es un homenaje a todos aquellos que, como él, se atrevieron a soñar y sumergerse en ese mundo tan especial e interior como es el mundo de los sueños. Para todos aquellos que se sienten capaces de poder viajar en ellos contemplando sus grandes maravillas, va este cuento.

Añado, además, un pequeño extra: un link de una pieza musical que recibe precisamente el mismo título que este cuento de extraña belleza, "Días de ocio en el país del Yann", creado por un grupo llamado Ciento Volando. Escuchar este tema musical puede ser un buen modo de empezar a adentrarse dentro de este maravilloso relato a través de las aguas del río Yann.



DIAS DE OCIO EN EL PAÍS DEL YANN
Autor: LORD DUNSANY

Así bajé a través del bosque hasta la rivera del Yann y encontré, como había sido profetizado, al barco Pájaro del Río a punto de soltar amarras.

El capitán estaba sentado de piernas cruzadas sobre la blanca cubierta, a su lado la cimitarra dentro de su vaina enjoyada, y los marineros afanados en desplegar las ágiles velas para dirigir el barco hacia el centro de la corriente del Yann, cantando durante todo el tiempo dulces canciones antiguas. Y el viento fresco del atardecer, que desciende desde los ventisqueros donde tienen sus moradas montañosas los dioses distantes, llegó súbitamente, como las buenas nuevas a una ciudad ansiosa, a las velas con forma de alas.

Y así llegamos a la corriente central, donde los marineros bajaron las grandes velas. Pero yo había ido a dar mis reverencias al capitán, y a consultarle acerca de los milagros y apariciones de los más sagrados dioses entre los hombres, cualquiera fuera la tierra de su procedencia. Y el capitán respondió que venía de la lejana Belzoond, y que adoraba a los dioses más pequeños y humildes, aquellos que rara vez enviaban la hambruna o el trueno y que eran fácilmente aplacados con pequeñas batallas. Y yo le conté que venía de Irlanda, que está ubicada en Europa, ante lo cual el capitán y sus marineros rieron porque, dijeron, "No hay lugares como ese en todo el País del Sueño". Cuando acabaron de burlarse de mí, les expliqué que mi imaginación moraba principalmente en el desierto de Cuppar-Nombo, en una hermosa ciudad llamada Golthoth la Maldita, que era custodiada completamente por los lobos y sus sombras, y que ha estado deshabitada por años y años debido a una maldición dicha en la ira de los dioses y que desde entonces no han podido revocar. Y algunas veces mis sueños me llevaban tan lejos, hasta Pungar Vees, la ciudad de los muros rojos donde se encuentran los manantiales, la que comercia con Isles y Thul. Cuando dije esto me felicitaron por la morada de mis sueños, diciendo que, aunque ellos jamás han visto dichas ciudades, lugares como esos pueden bien ser imaginados. Durante el resto de la velada negocié con el capitán la suma que debería pagarle por el viaje, si Dios y la marea del Yann, nos llevaban a salvo hasta los arrecifes junto al mar, llamados Bar-Wul-Yann, la Puerta del Yann.


Y ahora el sol se había puesto, y todos los colores del mundo y del cielo han conservado un festival con él, y se han escabullido, uno a uno, antes de la inminente llegada de la noche. Los papagayos de ambas riberas han volado a casa, hacia la jungla; los monos, en hileras, sobre las altas ramas de los árboles, estaban en silencio y dormidos; las luciérnagas, en las profundidades del bosque, iban de arriba abajo; y las grandiosas estrellas salieron brillando para contemplar la superficie del Yann. Entonces los marineros encendieron las linternas y las colgaron alrededor del barco, y la luz destelló repentinamente sobre un Yann encandilado, y los patos que se alimentan a lo largo de sus cenagosas márgenes se elevaron de súbito, y trazaron amplios círculos en el aire, y vieron las distantes extensiones del Yann y la niebla blanca que suavemente cubría la selva, antes de retornar nuevamente a sus ciénagas.

Y entonces los marineros se arrodillaron sobre las cubiertas y oraron, no todos a la vez, sino cinco o seis por turno. Lado a lado se arrodillaron juntos cinco o seis, porque sólo oraban al mismo tiempo aquellos hombres con distintas fés, así ningún dios tendría que oír a dos hombres rezándole a la vez. Tan pronto como alguno terminaba su oración, otro de la misma fe tomaría su lugar. De esta forma, se arrodillaba la fila de cinco o seis con las cabezas inclinadas bajo las flameantes velas, mientras la corriente central del Río Yann los llevaba hacia el océano, y sus oraciones subían entre las lámparas dirigiéndose hacia las estrellas. Y detrás de ellos, en el final del barco, el timonel oraba en voz alta la oración del timonel, que es rezada por todos aquellos que ejercen su oficio en el Río Yann, cualquiera sea la fe que tuviera. Y el capitán oraba a sus pequeños dioses menores, a los dioses que bendicen Belzoond.

Y yo también sentí que podría rezar. Sin embargo, no me gustaba rezarle a un Dios celoso, allí donde los frágiles y afectuosos dioses, que son adorados por los paganos, son humildemente invocados; entonces pensé, en cambio, en Sheol Nugganoth, a quien los hombres de la selva han abandonado desde hace mucho, quien no es ahora venerado y está solitario; y a él le recé.

Y sobre nosotros rezando, la noche súbitamente cayó, así como cae sobre los hombres que oran al atardecer y sobre aquellos hombres que no lo hacen; sin embargo, nuestras plegarias aliviaron nuestras almas al pensar en la Gran Noche por venir.

Y así el Yann nos condujo magníficamente adelante, pues estaba exaltado por la nieve derretida que el Politiades le trajo desde las Colinas de Hap, y el Marn y el Migris estaban engrosados con las crecidas; y nos llevo en su fuerza por Kyph y Pir, y vimos las luces de Goolunza.

Pronto todos dormíamos excepto el timonel, quien mantenía el barco en la corriente central del Yann.

Cuando el sol salió el timonel cesó de cantar, pues con el canto alegraba la noche solitaria. Al cesar la canción súbitamente todos despertamos, y otro tomó el timón, y el timonel durmió.

Sabíamos que pronto llegaríamos a Mandaroon. Nos preparamos una merienda, y Mandaroon apareció. Entonces el capitán comandó, y los marineros soltaron nuevamente las grandiosas velas, y el barco viró y abandonó la corriente del Yann y se acercó a un puerto bajo los rojizos muros de Mandaroon. Entonces, mientras los marineros iban y recogían frutas, yo me dirigí solo a la entrada de Mandaroon. Unas cuantas cabañas se encontraban fuera de ella, en las cuales habitaba el guardia. Un vigilante con una larga y blanca barba se encontraba en la puerta, armado de una herrumbrosa lanza. Usaba unos grandes anteojos, que estaban cubiertos de polvo. A través de la puerta vi la ciudad. Una quietud mortal se cernía sobre ella. Los caminos no parecían haber sido hollados, y el moho era grueso en las entradas de las puertas; en el mercado varias figuras acurrucadas dormían. Había un aroma a incienso y a amapolas quemadas, y un murmullo constante de campanas distantes. Le dije al guardia, en la lengua de la región del Yann, "Por qué todos duermen en esta apacible ciudad?"

Él contestó: "Nadie puede hacer preguntas en esta puerta por miedo a despertar a las personas de la ciudad. Pues cuando la gente de esta ciudad despierte, los dioses morirán. Y cuando los dioses mueren los hombres no pueden soñar nunca más". Y comencé a preguntarle qué dioses eran venerados en aquella ciudad, pero él levantó su lanza pues nadie debe hacer preguntas allí. Así que lo deje y volví al Pájaro del Río.
Ciertamente Mandaroon era bella, con sus blancos pináculos despuntando sobre sus rojizas murallas, y el verde de sus tejados de cobre.

Cuando regresé al Pájaro del Río, descubrí que los marineros habían retornado al barco. Pronto levamos anclas y navegamos nuevamente, y una vez más alcanzamos el centro del río. Y ahora el sol se estaba moviendo hacia las alturas, y allí en el Río Yann nos alcanzó la melodía de aquellas innumerables miríadas de coros que lo acompañan en su progreso alrededor del mundo.


Las pequeñas criaturas de muchas piernas habían extendido fácilmente sus diáfanas alas en el aire, como un hombre reposa sus codos en un balcón, y dieron jubilosas y ceremoniales alabanzas al sol; o se movían juntas en el aire oscilando en ágiles e intrincadas danzas; o se desviaban para evitar la arremetida de alguna gota de agua sacudida por el viento desde una orquídea de la jungla, templando el aire e impulsándolo delante de ellas, mientras se precipitaba zumbando, en su prisa, sobre la tierra; sin embargo, todo el tiempo cantaban triunfalmente. "Porque el día es para nosotras", decían, " sea que nuestro gran y sagrado padre, el Sol, cree más vida como nosotras desde el cieno, o si todo el mundo terminase esta noche". Y allí cantaban todas aquellas notas conocidas por oídos humanos, así como aquellas cuyas numerosas notas que jamás han sido escuchadas por el hombre.

Para aquellas un día lluvioso habría sido como una era de guerra que desolaría continentes durante una vida de hombre.

Y también aparecieron, desde la oscura y vaporosa jungla, para contemplar y regocijarse en el Sol, las gigantes y perezosas mariposas. Y danzaron, pero danzaron indolentemente, por los caminos del aire, como lo haría alguna altiva reina de tierras lejanas y conquistadas, en su pobreza y exilio en algún campamento de gitanos, por el pan para sobrevivir, sin embargo, más allá de aquello, jamás disminuiría su orgullo de danzar por un momento más.

Y las mariposas cantaron acerca de cosas extrañas y coloreadas, sobre orquídeas púrpuras y sobre perdidas ciudades rosa, y sobre los monstruosos colores de la selva descompuesta. Y también ellas estaban entre dichas voces no discernibles por oídos humanos. Y mientras flotaban sobre el río, yendo de bosque en bosque, su esplendor era rivalizado por la belleza hostil de los pájaros que se lanzaban a perseguirlas. O algunas veces se posaban sobre las flores, que parecían de cera, de la planta que se arrastra y trepa por los árboles del bosque; y sus alas púrpuras fulguraban desde las flores, como las caravanas que van desde Nurl a Thace, las brillantes sedas llameando sobre la nieve cuando los astutos mercaderes las despliegan, una a una, para asombrar a los montañeses de las Colinas de Noor.

Sin embargo, sobre hombres y bestias, el sol envió somnolencia. Los monstruos del río, a lo largo de sus márgenes, yacían dormidos en el cieno. Los marineros armaron una tienda en cubierta, con borlas doradas para el capitán, y todos se deslizaron, excepto el timonel, bajo una vela que habían colgado como un toldo entre dos mástiles. Entonces narraron historias, cada una de la propia ciudad o sobre los milagros de su dios, hasta que todos cayeron dormidos. El capitán me ofreció el amparo de su tienda de borlas doradas, y allí hablamos por un rato, él contándome que llevaba mercancía a Perdóndaris, y que llevaría de vuelta a la hermosa Belzoond cosas relacionadas con los asuntos del mar. Entonces, mientras miraba a través de la apertura de la tienda a las brillantes aves y mariposas que cruzaban y cruzaban sobre el río, me dormí, y soñé que era un monarca entrando a su capital bajo arcos de estandartes, y todos los músicos del mundo estaban allí, tocando melodiosamente sus instrumentos; pero nadie se alegraba.

En la tarde, cuando el día refrescó nuevamente, desperté y encontré al capitán ciñéndose su cimitarra, la que se había quitado para descansar.

Y ahora nos estábamos acercando a la gran corte de Astahan, que se abre sobre el río. Extraños botes de antaño se encontraban encadenados a las escalinatas. Al acercarnos vimos el atrio abierto de mármol, donde en tres de sus lados se alzaba la ciudad sobre columnas. Y la gente de aquella ciudad paseaba por el patio y las columnas con solemnidad y cuidado, de acuerdo a los ritos de ceremoniales antiguos. Todo en dicha cuidad era de antigua factura; la talla de las casas, que, cuando el tiempo las ha quebrado, se han mantenido sin ser reparadas, era de los tiempos más remotos, y por todas partes había representaciones en piedra de bestias que hace mucho tiempo dejaron de existir sobre la Tierra--el dragón, el grifo y el hipogrifo, y las distintas especies de gárgolas. Nada podía encontrarse en Astahahn, ya fuera material o costumbre, que fuera nuevo. De esta forma, ellos no tomaron nota de nuestra presencia, sino que continuaron sus procesiones y ceremonias en la antigua ciudad, y los marineros, conociendo su tradición, no tomaron nota de ellos. Pero yo, al acercarnos, me dirigí a uno que se encontraba al borde del agua, preguntándole qué hacían los hombres en Astahahn y cuál era su mercancía, y con quién la comerciaban. Él dijo: "Aquí hemos encadenado y esposado al Tiempo, quien de otra manera asesinaría a los dioses".

Le pregunté qué dioses veneraban en dicha ciudad, y él dijo: "Todos aquellos dioses que el Tiempo no ha matado aún". Entonces se dió la vuelta y no diría nada más, y se afanó en comportarse de acuerdo a la antigua costumbre. De esta forma, de acuerdo a la voluntad del Yann, nos dirigimos hacia delante y dejamos Astahahn, y encontramos en mayores cantidades a aquellas aves que hacen de los peces sus víctimas. Y eran de plumaje maravilloso, y no venían de la jungla, sino que volaban, con sus largos cuellos estirados delante de ellos, y sus patas descansado hacia atrás en el viento, directamente río arriba sobre la corriente central.

Y la tarde comenzó a recogerse. Una niebla blanca y gruesa había aparecido sobre el río, y suavemente se estaba elevando. Se asía a los árboles con largos e impalpables brazos, elevándose más y más, enfriando el aire; y unas figuras blancas se alejaban hacia la selva, como si fueran los fantasmas de marineros náufragos buscando furtivamente a aquellos espíritus del mal que hace tanto tiempo los hicieron zozobrar en el Yann.
Mientras el sol se hundía detrás del campo de orquídeas que crecía en las enmarañadas cimas de la selva, los monstruos del río se asomaron, revolcándose, del lodo en el cual habían descansado durante el calor del día, y las grandes bestias de la selva bajaron a beber. Las mariposas, hacía poco, se habían ido a descansar. Y en los pequeños y estrechos estuarios que pasamos, la noche parecía ya haber caído, a pesar de que el sol, que para nosotros había desaparecido, aún no se había puesto.


Y ahora los pájaros de la selva vinieron volando a casa, muy por arriba de nosotros, con la luz del sol resplandeciendo rosada sobre sus pechos, y bajaron sus alas tan pronto como vieron el Yann, y se dejaron caer sobre los árboles. Y la mareca comenzó a subir el río en grandes bandadas, todas silbando, y súbitamente todas virarían e bajarían nuevamente. Y allí, junto a nosotros, estaba el pequeño y tornasolado turro, con su forma de flecha; y oímos los gritos variados de las bandadas de gansos, los cuales, según me contaron los marineros, habían recién llegado cruzando las cordilleras de Lispasian; cada año venían por la misma vía, cerca de la cima del Mluna, dejándolo a su izquierda; y las águilas montañesas conocen el camino por el que vienen y, según los hombres, hasta la misma hora, y cada año las esperan por la misma vía tan pronto como las nieven caen sobre las Planicies del Norte. Pero pronto estuvo tan oscuro que no vimos más a esas aves, y sólo oímos el zumbido de sus alas, y de otras tantas innumerables, hasta que todas se establecieron en las riberas del río, y fue la hora en que las aves nocturnas salen. Entonces los marineros prendieron las linternas para la noche, y aparecieron enormes mariposas nocturnas, aleteando alrededor del barco, y por momentos, sus magníficos colores eran revelados por las linternas, para pasar nuevamente a la noche, donde todo era negrura. Y nuevamente los marineros oraron, y posteriormente cenamos y dormimos, y el timonel tomo nuestras vidas a su cuidado.

Al despertar descubrí que realmente habíamos llegado a Perdóndaris, la famosa ciudad. Pues allí, a nuestra izquierda, se alzaba una ciudad hermosa y notable, y de lo más agradable a la vista, luego de la selva, que estuvo tanto tiempo con nosotros. Y atracamos cerca del mercado, y toda la mercancía del capitán fue exhibida, y un mercader de Perdóndaris la estaba observando. Y el capitán tenía en la mano su cimitarra, y golpeaba furiosamente la cubierta con ella, y las astillas volaban desde los blancos maderos; porque el comerciante le había ofrecido un precio por la mercancía que el capitán había considerado como un insulto, hacia sí mismo y hacia los dioses de su tierra, de quienes ahora hablaba como grandes y terribles y cuyas maldiciones eran espantosas. Sin embargo, el mercader agitó sus manos, las cuales eran realmente gordas, mostrando sus rosadas palmas, y juró que no pensaba en sí mismo, sino solamente en las pobres gentes de las cabañas, más allá de la ciudad, a quienes él deseaba vender la mercancía al precio más bajo posible, sin obtener él ninguna remuneración. Pues la mercancía consistía principalmente en el grueso toomarund, que en el invierno aleja el viento del suelo, y tollub, que la gente quemaba en pipas. Entonces el mercader dijo que si ofrecía un piffek más, la pobre gente se quedaría sin su toomarund para el invierno, y sin su tollub para las tardes, o de otra forma, él y su anciano padre morirían de hambre. En ese mismo instante, el capitán llevó su cimitarra hacia su propia garganta, diciendo que era un hombre arruinado, y que nada más quedaba para él que la muerte. Y mientras cuidadosamente levantaba su barba con la mano izquierda, el mercader miró nuevamente la mercancía y dijo que, en vez de ver morir a un capitán tan valioso, un hombre por el cual había concebido un aprrecio especial al verlo por primera vez manejar su barco, prefería que él y su anciano padre perecieran de hambre, por lo que ofreció quince piffeks más.

Cuando dijo esto, el capitán se posternó y pidió a sus dioses que endulzaran el amargo corazón de este mercader, pidió a sus pequeños dioses menores, a los dioses que bendicen Belzoond.

Finalmente, el mercader ofreció cinco piffeks más. Entonces el capitán lloró pues, dijo, había sido abandonado por sus dioses; y el comerciante también lloró, porque, dijo, pensaba en su anciano padre y en cuán pronto moriría de hambre, y escondió su rostro sollozante entre sus dos manos, y entre los dedos miró nuevamente el tollub. Y así la negociación fue concluida, y el mercader tomó el toomarund y el tollub, pagando por ellos de su grande y tintineante monedero. Y fueron empacados en fardos nuevamente, y tres de los esclavos del mercader los cargaron sobre sus cabezas hacia la ciudad. Y durante todo este tiempo los marineros estuvieron sentados en silencio, las piernas cruzadas en una medialuna sobre la cubierta, ansiosamente siguiendo el negocio, y ahora un murmullo de satisfacción se elevó entre ellos, y comenzaron a compararlo con otros negocios de los que han sabido. Y me enteré por ellos que en Perdóndaris hay siete mercaderes, y que todos habían acudido al capitán, uno a uno, antes que las negociaciones comenzaran, y cada uno le había prevenido, privadamente, en contra de los otros. Y a todos los comerciantes el capitán les había ofrecido el vino de su propia tierra, que se fabrica allá en Belzoond, pero no pudo persuadirlos. Pero ahora que el trato estaba hecho, y los marineros estaban sentados para la primera merienda del día, el capitán apareció entre ellos con un tonel de vino, y lo espitamos con cuidado y nos divertimos en conjunto. Y el corazón del capitán estaba contento pues sabía que era honorable a los ojos de sus hombres, por el negocio que había hecho. De esta forma, los marineros bebieron el vino de su tierra natal, y pronto sus pensamientos regresaron a la hermosa Belzoond y a las pequeñas ciudades vecinas, Durl y Duz.
 
Sin embargo, para mí, el capitán escanció en un pequeño vaso un poco de vino espeso y amarillo desde una pequeña jarra, que mantenía aparte, entre sus objetos sagrados. Era grueso y dulce, como la miel, pero había en su corazón un fuego poderoso y ardiente, que tenía autoridad sobre las almas humanas. Estaba hecho, me dijo el capitán, con gran delicadeza por el arte secreto de una familia de seis miembros que moraba en una choza en las montañas de Hiam Min. Me dijo que una vez, en aquellas montañas, seguía la huella de un oso y que, súbitamente, se encontró con un hombre de dicha familia que había cazado al mismo oso, y que se encontraba al borde de un estrecho camino rodeado de precipicios, y su lanza estaba clavada en el oso, y la herida no era fatal, y no tenía otra arma. Y el oso se dirigía hacia el hombre, muy lentamente, porque su herida empezaba a molestarle, aunque no estaba muy cerca. Y lo que el capitán hizo no lo contó, pero cada año, tan pronto como las nieves se endurecen y es fácil viajar por el Hian Min, aquel hombre baja al mercado en las praderas, y siempre deja en la puerta de la hermosa Belzoond una vasija de aquel invaluable y secreto vino, para el capitán.


Y mientras sorbía el vino y el capitán hablaba, me acordé de las cosas nobles que hacía tiempo había planificado resueltamente, y mi alma pareció más poderosa dentro de mí y pareció dominar toda la corriente del Yann. Puede ser que en ese momento me durmiera. O, si no lo hice, no puedo recordar minuciosamente cada detalle de las ocupaciones de dicha mañana. Desperté hacia el atardecer, deseando ver Perdóndaris antes de abandonarla por la mañana, e incapaz de despertar al capitán, me dirigí solo a tierra. Perdóndaris era de hecho una ciudad poderosa; estaba cercada por una muralla de gran fuerza y altura, que tenía caminos huecos para el paso de las tropas, y almenas en toda su extensión, y quince resistentes torres, una a cada milla, y placas de cobre, abajo donde los hombres pudieran leerlas, contando en todas las lenguas de aquellas partes de la Tierra--un idioma en cada placa--la historia de cómo una vez un ejército atacó Perdóndaris y lo que le sobrevino. Entonces entré a Perdóndaris y encontré a todos danzando, vestidos en sedas brillantes, tocando el tam-bang, mientras bailaban. Porque una terrible tormenta los había aterrorizado mientras yo dormía, y los fuegos de la muerte -decían- habían danzado sobre Perdóndaris, pero ahora la tormenta se había ido lejos, saltando, inmensa, negra y espantosa, decían, sobre las colinas distantes, y que se había girado, gruñéndoles, mostrando sus destellantes dientes, y que mientras se alejaba, azotó las cumbres hasta que retumbaron como si hubieran sido de bronce. Y frecuentemente detenían sus danzas alegres y oraban al Dios que no conocían: "Oh, Dios que no conocemos, Te agradecemos por mandar de vuelta la tormenta a sus colinas". Y seguí avanzando hasta llegar al mercado, donde sobre el pavimento de mármol vi al mercader durmiendo y respirando pesadamente, con su rostro y palmas de las manos hacia el cielo, y los esclavos lo abanicaban para mantener alejadas a las moscas. Y desde el mercado llegué a un templo de plata y luego a un palacio de ónix, y había muchas maravillas en Perdóndaris, y me hubiera quedado para verlas todas; sin embargo, cuando llegué a la muralla exterior de la ciudad, vi de pronto una inmensa puerta de marfil. Por un momento me detuve a admirarla, mas cuando me acerqué percibí la horrorosa verdad. ¡La puerta estaba tallada en una sola y sólida pieza!

Escapé entonces por la entrada y bajé hacia el barco, incluso mientras corría creía oír en la distancia, detrás de mí en las colinas, las pisadas de la temible bestia que dejó caer aquella masa de marfil, y que, tal vez, estuviera buscando su otro colmillo. Cuando estuve de nuevo en el barco me sentí más seguro, y no conté nada de lo que había visto a los marineros.

Y ahora el capitán despertaba gradualmente. La noche se estaba enrollando desde el Este y el Norte, y sólo los pináculos de las torres aún tomaban la caída luz del sol. Entonces me dirigí al capitán y, tranquilamente, le conté la cosa que había visto. E inmediatamente me preguntó acerca de la puerta, en voz baja, para que los marineros no se enteraran; y le conté que el peso era tal, que no podía haber sido traída desde lejos, y el capitán sabía que no había estado allí un año atrás. Concordamos en que aquella bestia no podría ser destruida pon ningún ataque humano, y que la puerta debía ser un colmillo caído, uno caído cerca y recientemente. Ante esto, decidió que era mejor escapar de una vez, así ordenó, y los marineros fueron hacia las velas, y otros levaron el ancla, y justo cuando el pináculo de mármol más alto perdía sus últimos rayos de sol, dejamos Perdóndaris, la famosa ciudad. Y la noche cayó y cubrió Perdóndaris y la escondió a nuestros ojos, y, como han sucedido las cosas, para siempre; pues he oído que algo veloz y sorprendente súbitamente hundió Perdóndaris en un día--torres, muros y gente.


Y la noche se profundizaba en el Río Yann, una noche toda blanca en estrellas. Y con la noche emergió la canción del timonel. Tan pronto como terminó de rezar, comenzó a cantar para darse ánimos a través de la noche solitaria. Pero primero rezó, recitando la plegaria del timonel. Y esto es lo que recuerdo de ella, traducida al inglés, con un pálido equivalente de aquel ritmo que parecía tan resonante en aquellas noches tropicales.

“Para cualquier dios que escuche.
Donde quiera que haya marineros, de río o de tierra; sea oscuro su camino o sea a través de la tormenta; sean sus peligros las bestias o la roca; o de enemigo acechando en tierra o persiguiéndolo en el mar; donde sea que el timón esté helado o el timonel rígido; donde sea que los marineros duerman y el timonel vigila: guárdanos, guíanos y regrésanos a la antigua tierra que nos ha conocido: a los lejanos hogares que conocemos.
Para todos los dioses que existen.
Para cualquier dios que escuche.”

De esta forma rezó, y hubo silencio. Y los marineros se tendieron a descansar en la noche. El silencio se hizo más profundo, y sólo era quebrado por los murmullos del Yann que, suavemente acariciaba nuestra proa. Una que otra vez algún monstruo del río tosía.
Silencio y murmullos, murmullos y silencio.

Muchas canciones cantó, contándole al vasto y exótico Yann las pequeñas historias y menudencias de Durl, su ciudad. Y las canciones brotaban sobre la negra jungla y subían al frío y claro aire arriba, y las grandes constelaciones de estrellas que miraban al Yann conocieron los asuntos de Durl y de Duz, y sobre los pastores que habitaban en los campos intermedios, y de las manadas que poseían, y de los amores que habían amado, y todas las pequeñas cosas que deseaban hacer. Y, súbitamente, mientras me arropaba en pieles y frazadas escuchando esas canciones, y miraba aquellas fantásticas formas de los grandiosos árboles, parecidos a negros gigantes merodeando en la noche, me quedé dormido.

Cuando desperté una gran niebla se estaba retirando del Yann. Y la corriente del río daba tumbos tumultuosamente, y pequeñas olas aparecieron; porque el Yann había olido, desde la distancia, el antiguo risco de Glorm, sabiendo que sus frescas cañadas se encontraban adelante, donde encontraría al salvaje y alegre Irillion, rejocijándose de glaciares. De esta forma, se sacudió el tórpido sueño que había caído sobre él en la aromática y cálida selva, y olvidó sus orquídeas y sus mariposas, y pasó turbulento, expectante, fuerte; y pronto aparecieron destellando, las cumbres nevadas de las Colinas de Glorm. Y los marineros ya estaban despertando del sueño. Momentos después comimos, y el timonel se tendió a dormir mientras un camarada lo remplazaba, y todos extendieron sobre él sus pieles favoritas.

Y en un instante, oímos el sonido del Irillio mientras baja danzando por los campos de hielo.

Entonces vimos frente a nosotros la hondonada, escarpada y lisa, hacía la cual el Yann, a saltos, nos conducía. Así dejamos la vaporosa selva y respiramos el aire de montaña; los marineros se irguieron y tomaron grandes bocanadas de él, y pensaron en sus lejanas colinas de Acrotia, donde se encontraban Durl y Duz, y abajo, en la planicie, la bella Belzoond. Una gran sombra se cernió sobre las colinas de Glorm, pero los peñascos arriba, cual deformes lunas, fulguraban, casi iluminando la penumbra. Más y más fuerte oímos la canción del Irillion, el sonido de su danza al bajar de los ventisqueros. Y pronto lo vimos, blanco y cubierto de brumas, engalanado con delicados y pequeños arcoiris que había arrancado cerca de la cima, de algún jardín celestial del Sol. Luego se dirigió hacia el océano junto al inmenso y gris Yann, y la hondonada se ensanchó y se abrió al mundo, y nuestro tambaleante barco salió a la luz del día.

Toda aquella mañana y la tarde navegamos por las ciénagas de Pondoovery, donde el Yann se ensanchaba y fluía lenta y solemnemente, y el capitán ordenó a los marineros tocar las campanas para así vencer la melancolía del pantano.

Finalmente divisamos las Montañas Irusian, que protegen a los poblados de Pen-Kai y Blut, y las maravillosas calles de Mlo, donde los sacerdotes aplacan con vino y maíz a la avalancha. Entonces cayó la noche sobre las planicies de Tlun, y vimos las luces de Cappadarnia. Oímos a los Pathnites golpeando los tambores mientras pasamos Imaut y Golzunda, luego todos dormimos, excepto el timonel. Y las villas dispersas a lo largo de las riberas del Yann oyeron toda esa noche, en la desconocida lengua del timonel, las pequeñas historias de ciudades que no conocían.


Desperté antes del amanecer con una sensación de infelicidad, antes de recordar el porqué. Entonces recordé que, en la tarde de aquel día, de acuerdo a las posibilidades previstas, deberíamos llegar a Bar-Wul-Yann y yo debería despedirme del capitán y sus marineros. Y yo había apreciado a ese hombre pues me había convidado con aquel vino amarillo que mantenía apartado junto a sus objetos sagrados, y me había contado muchas historias acerca de su hermosa Belzoond, entre las Colinas Acrotas y el Hian Min. Y me habían gustado las costumbres de los marineros, y las plegarias dichas, lado a lado, al atardecer, sin jamás desvalorizar al dios extranjero. Y también me gustaba la tierna manera en que frecuentemente hablaban de Durl y de Duz, pues es bueno que el hombre ame sus ciudades natales y las pequeñas colinas que las sostienen.

Y llegué a saber quiénes los recibirían al retornar a casa, y dónde imaginaban que el encuentro sucedería, algunos en un valle de las Colinas Acrotas, donde el camino sube desde el Yann, otros en la puerta de una de las tres ciudades, y otros en el hogar, junto a la hoguera. Y pensé en todos los peligros que nos habían amenazado, a todos por igual, fuera de Perdóndaris, un peligro muy real, así como las cosas han sucedido.
También pensé en la alegre tonada del timonel en la fría y solitaria noche, y cómo él había tomado nuestras vidas en sus cuidadosas manos. Y mientras reflexionaba sobre esto, el timonel dejó de cantar, y miré hacia arriba y vislumbré en el cielo una luz pálida que había aparecido, y la solitaria noche había pasado; y el amanecer creció, y los marineros despertaron.

Y pronto vimos la marea del mismo océano avanzando, resueltamente, entre las orillas del Yann, y el Yann saltó graciosamente y lucharon por un momento; luego el Yann, y todo lo suyo, fue empujado hacia el norte, por lo que los marineros tuvieron que izar las velas, y como el viento era favorable, seguimos adelante.

Y pasamos Góndara y Narl, y Hoz. Y vimos la memorable y sagrada Golnuz, y oímos a los peregrinos orando.

Al despertar de nuestro descanso del mediodía nos acercábamos a Nen, la última ciudad del Río Yann. Y nuevamente la jungla nos rodeaba por todos lados, así como a Nen; mas las grandes cordilleras de Mloon se erguían sobre todas las cosas, y observaban la ciudad más allá de la selva.

Aquí anclamos, y con el capitán fuimos a la ciudad y supimos que los Errantes habían venido a Nen.

Los Errantes eran una tribu extraña y oscura que, una vez cada siete años bajaba desde las cumbres de Mloon, cruzando por un paso que ellos conocen, desde una tierra fantástica situada más allá. Y toda la gente de Nen permanecía fuera de su casa, todos maravillándose en sus propias calles. Pues los hombres y las mujeres de los Errantes estaban amontonados en todas las vías, cada uno haciendo alguna cosa extraña. Algunos bailaban danzas asombrosas que habían aprendido del viento del desierto, curvándose y arremolinándose hasta que el ojo no podía seguirlos. Otros interpretaban en sus instrumentos hermosas y tristes tonadas, que estaban llenas de horror. ¿Qué almas se las habrán enseñado mientras vagaban de noche por el desierto? Aquel lejano y extraño desierto del cual los Errantes provenían.

Ningunos de sus instrumentos eran conocidos en Nen, o en alguna región del Yann; incluso los cuernos de los que algunos estaban hechos, pertenecían a bestias que nadie ha visto a lo largo del río, ya que tenían barbas en las puntas. Y cantaban, en una lengua tampoco conocida, canciones que parecían estar emparentadas con los misterios de la noche y con el miedo irrazonable que encanta los lugares oscuros.

Todos los perros de Nen desconfiaban de ellos amargamente. Y los Errantes se contaban entre sí historias temibles, y aunque nadie en Nen conocía su idioma, podían distinguir el miedo en los rostros de sus interlocutores, y mientras el cuento continuaba, ponían los ojos en blanco, en vívido terror, como los ojos de una pequeña bestia a la que el águila ha atrapado. Luego el narrador de la historia sonreía y se detenía, y otro contaría su historia, y los labios del narrador del primer relato temblarían con terror. Y si, por casualidad, una serpiente mortal aparecía, los Errantes lo felicitarían como un hermano, y parecería que la serpiente les diera sus felicitaciones antes de seguir nuevamente. Una vez, la serpiente más fiera y letal del trópico, la enorme lythra, bajó de la selva y pasó por toda la calle, la calle principal de Nen, y ningún Errante se alejó de ella, mas tocaron sus tambores sonoramente, como si hubiera sido una persona de mucho honor; y la serpiente paso entre ellos y no derribó a ninguno.

Incluso los niños de los Errantes podían hacer cosas extrañas, si alguno de ellos se encontraba con un niño de Nen, se mirarían uno a otro en silencio, con ojos grandes y graves; después, el niño de los Errantes sacaría, lentamente de su turbante, un pez o una serpiente vivos. Los niños de Nen no podían hacer ninguna de esas cosas.


Cuánto me hubiera gustado quedarme y oír el himno con el que reciben a la noche, que es contestado por los lobos en las alturas del Mloon, pero nuevamente era tiempo de levar anclas y que el capitán regresara de Bal-Wul-Yann por la corriente que va hacia a tierra. Entonces subimos al barco y continuamos río abajo. Y el capitán y yo conversamos un rato, pues ambos pensábamos en nuestra separación, la que sería por mucho tiempo, y miramos, en cambio, el esplendor del sol occidental. Porque el sol era de un dorado rojizo, pero una tenue y baja bruma cubría la selva, y en ella se depositaba el humo de las pequeñas ciudades selváticas, y el humo de ellas se reunía en la bruma y formaban una sola neblina, que se tornó púrpura y era iluminada por el sol, mientras los pensamientos de los hombres santificaron con cosas grandiosas y sagradas. Eventualmente, una columna de humo de alguna casa solitaria se elevaba más alto que el humo de las ciudades, y brillaba solitario en el sol.

Y cuando los rayos del sol estaban casi a nivel, vimos lo que yo había venido a ver, pues de las dos montañas que se erguían a ambas orillas, salían hacia el río dos riscos de mármol rosa, resplandeciendo en la luz del sol bajo, y eran suaves y altos como una montaña, y casi se encontraban, y el Yann paso entre ellas dando tumbos, y encontró el mar.

Y esta era Bar-Wul-Yann, la Puerta del Yann, y, en la distancia, entre la abertura de aquellas barreras, vi el indescriptible azul del mar, donde los pequeños botes de pesca resplandecían.

Y llegó el atardecer y el breve crepúsculo, y la regocijante gloria de Bar-Wul-Yann se había ido, mas los acantilados rosa aún brillaban, la maravilla más hermosa que se ha visto--incluso en una tierra de prodigios. Y pronto el crepúsculo dio paso a las incipientes estrellas, y los colores de Bar-Wul-Yann se fueron consumiendo. Y la visón de esos riscos era para mí como la cuerda de música arrancada del violín por la mano de un maestro, y que lleva al Cielo de las Hadas los espíritus temblorosos de los hombres.
Y a la orilla se anclaron y no fueron más lejos, porque ellos eran marineros del río y no del océano, y conocían el Yann, pero no las mareas más allá.

Y llegó el momento en que el capitán y yo debíamos separarnos, él para retornar nuevamente a su hermosa Belzoond, divisable desde las lejanas cumbres del Hian Min, y yo, para encontrar, por extraños medios, mi camino de vuelta a aquellos brumosos campos que los poetas conocen, donde se encuentran unas pequeñas y misteriosas cabañas, desde cuyas ventanas, mirando hacia el oeste, se pueden avistar los campos de los hombres, y mirando hacia el este, las brillantes montañas de los elfos, coronadas de nieve, extendiéndose de cadena en cadena hasta la región del Mito, y más allá, hasta el reino de la Fantasía, que pertenecen al País del Sueño. No nos encontraríamos por mucho tiempo, quizá nunca, pues mi imaginación se ha debilitado al pasar de los años, y cada vez son más infrecuentes mis visitas al País del Sueño. Entonces nos dimos la mano, torpemente de su parte, pues éste no es el método de saludo en su tierra, y encomendó mi alma al cuidado de sus propios dioses, a aquellos dioses menores, los humildes, los dioses que bendicen Belzoond.

jueves, 5 de julio de 2012

HEROMACHINE - Una aplicación muy interesante para crear diseños de personajes para cómics o juegos de rol.


Hace algún tiempo, buscando por internet, me encontré por azar con una aplicación muy versátil e interesante que te permitía crear y diseñar a tus propios superhéroes mediante el uso de plantillas, patrones, objetos variados y demás parafernalia, que, más allá de este tipo de personajes, también te permitía crear muchos otros para ambientaciones muy distintas al del género superheroico en cuestión y más dispares. Dicha aplicación se llamaba HEROMACHINE, y, la verdad sea dicha, era acojonante. Por aquel entonces, la versión que yo descubrí era la versión Heromachine 2.5, pero ahora existe una nueva versión mejorada cuya mayor versatilidad permite crear auténticas maravillas y joyas ilustradas, muestra de las cuales son las ilustraciones que acompañan este pequeño artículo.


Heromachine es una utilidad gratuita en inglés a la que se puede acceder por internet mediante el link de HEROMACHINE, que permite crear todo tipo de personajes de lo más dispares si uno entra en uno de sus creadores, como la versión HeroMachine 3 Alpha, si queremos pasar directamente a l última versión del creador en la fecha en que escribo esto.


Que la aplicación  sea en inglés es lo de menos, ya que es muy intuitiva, y con un poco de práctica y de uso se le coge el truquillo fácilmente, si más no, para crear algunos dibujos sencillos pero atractivos con los que alegrar nuestros ojos. Sin embargo, con más dedicación y paciencia pueden crearse auténticas joyas, como algunas de las que aquí he puesto. La calidad de éstas ya dependerá del tiempo que le dedique cada uno y de la paciencia que tenga.


Así, con un poco de paciencia y algo de imaginación, dentro de las posibilidades que te permite el programa (que son muchas, pero no infinitas), puedes crear personajes, humanos o no-humanos, para mundos de corte medieval fantástico, del salvaje oeste, la más pura ciencia-ficción clásica, el género terrorífico e, incluso, chicas pin-up, personajes steampunk, pulp, o de space-opera, entre muchos. ¡En fin, una aplicación bastante útil para todos aquellos roleros que se tercien de serlo (ya sean jugadores o másters), aquellos comiqueros a los que les apetezca crearse algún personaje de invención propia, o, simplemente, para todos aquellos que deseen entretenerse un rato creando algún personaje de diseño propio como simple entretenimiento! En ese sentido, Heromachine es la herramienta ideal para la creación de dibujos de aquellos personajes con los que alguna vez hemos soñado pero que quizás nunca nos atrevimos a dibujar.


La página de HEROMACHINE es una página viva donde los usuarios de esta aplicación pueden darse de alta compartiendo alguna de sus obras o disfrutando de las obras de otros usuarios, sirviendo de aliciente al espíritu creativo de algunos de ellos.


Como colofón de lo que digo, os dejo una muestra de algunos de los personajes creados por algunos de los usuarios de esta interesante aplicación. ¡Espero que la disfrutéis!











martes, 26 de junio de 2012

EN EL CALOR DE LA NOCHE



En el calor de la noche... Ése es el título de una película del año 1967 que es un clásico de cine, donde se mezclan hábilmente el drama, suspense, la intriga policíaca y el tema del racismo en un pequeño pueblo sureño de los Estados Unidos. Muy recomendable...

En noches como hoy, en los que hace tanto calor, me viene ese título a la cabeza. Aquí estoy, escribiendo, porque aunque tengo cosas mejores que hacer, y ciertas obligaciones, ahora mismo siento que debo dar rienda libre a mis palabras. Es mi modo de vaciar inquietudes y anhelos...

El calor me golpea, y aquí estoy escribiendo a pecho descubierto, con la persiana alzada buscando que me llegue un soplo de brisa ligera y fresca que momentáneamente alivie mi cuerpo y espíritu agitado.

Ahí me espera uno de los muchos cómics que tengo acumulados desde hace meses para ser leído. Ahí me espera ese libro sobre las leyendas de l'Alt Camp. Ahí en la cocina están acumulados esos platos sucios que esperan ser limpiados. ¡Ah, que irresponsable soy a veces! En cuanto acabe este texto, quizás iré a limpiarlos.

En el calor de la noche el cuerpo se me hace pesado. Sé que son muchos los que, como yo, con este calorse despiertan, dando vueltas en la cama, con su sueño desvelado. A mí la noche, sin embargo, siempre me ha dado la vida. Son los momentos en los que siempre me he sentido más activo, más inspirado y con el ánimo más dispuesto para hacer cosas que durante el día dejo aparcadas.  Siempre he vivido para la noche, aunque unos horarios impuestyos por la sociedad me han impedido llevar lo que, para mí, sería una vida normal, en la noche.

Recuerdo cuando hice el Camino de Santiago. Siempre era el último en acostarme. Me gustaba contemplar las estrellas hasta bien entrada la madrugada, pensando o charlando con alguien cuando la ocasión lo permitía. Mucha gente ya estaba acostada a las diez de la noche, ya que nos teníamos que alzarnos a las cuatro y mdia de la madrugada, o a las cinco, para continuar el camino. Pero de todos modos yo no solía acostarme hasta pasadas las dos de la noche. Muchas veces me quedaba acompañado de alguien, charlando de temas que nos parecían profundos, contándonos historias y anécdotas, o pequeños detalles de nuestras vidas, o charlando de temas intrascendentes, pero que no dejaban de ser importantes en esos momentos. Otras veces me quedaba solo, sintiendo el aire, escuchando el viento, contemplando el cielo que me cubría, oyendo el canto de los grillos y el ulular de aves nocturnas, o analizando mis sentimientos. Porque recuerdo que esa fue una época de sentimientos encontrados...

Por la noche, en verano, pasadas las doce de la medianoche me gusta salir a pasear por las calles vacías o irme a dar una vuelta por la montaña. Este verano, en la fecha en que esto escribo, aún no he hecho nada de eso. Pero noto ya que la noche me llama. Como el año pasado, me vuelvo a sentir atraído por ese deseo irrefrenable de coger el coche a las tantas de la noche, tirar millas y parar en algún sitio solitario y apartado, para adentrarme por el bosque y la montaña hasta encontrar un punto donde contemplar el cielo y pensar u olvidar. Desconectar de todo. Encontrarme a mí mismo. Llenarme. Vaciarme. Sin que nadie me moleste ni nada me distraiga.

¿Sobre qué pienso, en esos momentos? No lo sé. Las cosas salen solas, las ideas vienen y van: sueños, recuerdos del pasado, deseos del futuro, el vacío que se remueve inquieto en mi corazón, pensamientos sobre gente que me importa, el amor perdido, el amor encontrado, la necesidad de tener un tiempo para mí… A veces inundado por delirios y ensoñaciones de una persona demasiado dada a la fantasía, alejada de la realidad de un mundo construido por el hombre que no comprende. En la naturaleza, de noche, me siento en mi sitio. En casa, escribiendo de noche, mis ideas salen más claras. Y en esos pensamientos me pierdo hasta que noto que me vacío de todo y únicamente contemplo, o sento que mis sentidos únicamente están puestos en la noche que me rodea. Siento entonces esa sensación de libertad que sólo puedo sentir cuando me alejo de todo eso... Más animal que humano… Salvaje, primitivo, primario, espiritual.... Uno con el cosmos, con la tierra que me rodea. Una conexión con el universo. Una mota de polvo en el todo.

Y ahora estoy en casa, rodeado de paredes, libros, papeles y dibujos, escribiendo esto frente a una pantalla de ordenador y me pregunto que hago aquí escribiendo. Quizás sólo pierdo el tiempo.

Y luego lo recuerdo... Es el calor, el calor de la noche que, como a muchos otros, me atosiga y me tiene inquieto.

Definitivamente, me voy a limpiar esos platos...

sábado, 23 de junio de 2012

ELS ÉSSERS FANTÀSTICS DE LA NIT DE SANT JOAN ALS PAÏSOS CATALANS


Text escrit i recollit per: Joan Ramon Santasusana Gallardo.
Dibuixos i il·lustracions: Joan Ramon Santasusana Gallardo.

DEDICAT A TOTS ELS JOANS I JOANES...


La nit de Sant Joan, és, juntament amb la nit de Nadal, una de les nits màgiques per excel·lència dins del calendari màgic català, encara que aquestes dues nits no són les úniques remarcables, tot sigui dit per fer-ne justícia. Dins de la nit que ens ocupa, la nit de Sant Joan, el moment culminant és aquell en que sonen les dotze batallades de la mitjanit que separen el dia 23 del 24 de juny, al punt inferior de la fosca, moment en que es desfermen tota mena d’eixarms, les bruixes s’enfilen xemeneia amunt a fer malifetes, els dimonis són enviats a temptar les ànimes i a instaurar al món el regnat de les tenebres, els follets es disposen a fer trapelleries dins les cases, les dones d’aigua i les encantades fan la seva bugada, s’apareixen corrues d’ànimes i damnats, i es manifesten tota mena d’éssers fantàstics, tresors encantats, ciutats submergides, plantes sobrenaturals i tot tipus de poders ocults que desapareixeran just quan torni a eixir el primer raig de sol a trenc d’alba. Però què en coneixem, d’aquestes llegendes? Fem-ne aquí un breu recull...


BRUIXES, BRUIXOTS I REMEIERS

Bruixes, bruixots i remeiers guanyen molt de poder la nit de Sant Joan, i tal és així, que en alguns indrets també se’ls coneix amb el nom de janes, joans o joanencs, entre altres mots que al·ludeixen al nom de Joan o Jan.


Les bruixes, també conegudes a diferents indrets de Catalunya com estregues, fetilleres, gorguines, janes, joanes, remeieres, sorguines, velles o xorguines, eren éssers humans a qui s’atribuïen tota mena de poders sobrenaturals, tot i que aquests sempre estaven inclinats a fer el mal, i eren avesades, especialment, a emmalaltir als nadons i bestiar, a congriar enormes tempestes i pedregades que feien malbé les collites, o a donar mal d’ull i fer tot tipus de lligaments. Tenien la facultat de transformar-se en certs tipus d’animals, especialment gats, guineus, cabres, gallines i ocellots negres, tot i que algunes podien transformar-se fins i tot en mosques o erugues. A Castellar es creia, per exemple, que la nit de Sant Joan, les bruixes es transformaven en mosques, i així, volant aquí i allà,  podien fer més el que volien. La nit de Sant Joan era perillós, especialment, anar per despoblat o acostar-se allà on es reunien a celebrar les seves orgies i a adorar el Dimoni, car un podia convertir-se en una víctima propiciatòria de llur furia. Per tal de protegir-se contra les bruixes i les tempestats i pedregades que aquestes congriaven, es feien creus amb herbes collides, precisament, la nit de Sant Joan, que es penjaven al defora de les portes i tant servien de protecció contra unes i altres.

Sovint la imatge que es tenia de les bruixes era la de donotes velles, dolentes, malgirbades, brutes i escabellades, que mai ploraven, només xisclaven, esgaripaven i cridaven. D’altra banda, la imatge de les bruixes no sempre corresponia a una figura repulsiva. Les bruixes també apareixien de forma atractiva, com és el cas de les donzelles formoses i seductores d’Olost, les quals, la nit de Sant Joan, oferien llaminadures i fruites per encisar als joves fadrins.


Les bruixes marineres, que eren aquelles que vivien en la costa i que només es dedicaven a fer malifetes en mar, la nit de Sant Joan celebraven les seves assemblees enmig de la mar, damunt de la qual se sostenien com si fos terra ferma. Les presidia un dimoni de la mar, que és diferent als dimonis de la terra, i, com les bruixes marineres, només intervé en afers mariners.

A Pobellà (Pallars Jussà), les janes eren una espècie de bruixes que de nit baixaven a fer la bugada al barranc des Basses i després l’estenien damunt dels ginebres del serrat, talment com fan les dones d’aigua i les encantades. En pic veien que s’atansava algú, elles i roba desapareixien dins dels forats que allí s’hi troben. Hi ha qui creu que el nom de janes s’atribueix a alguns llocs per referir-se a les encantades, ja que llocs coneguts com el Forat des Janes (Pallars Jussà) o la Cambra de les Janetes (Pallars Sobirà), que és el lloc on vivien les encantades d’Ancs, s’atribueixen a aquests esperits femenins.

Per un altre costat, Jan de la son, és el nom que algunes contrades s’aplicava al bruixot que governa la son i els somnis, anomenant-se així, també, a algú que és encantat de mena.

Els pastors canigonencs, la nit de Sant Joan, per iniciar-se en l’art de menar llops, es despullaven al peu de l’estany Negre i penjaven la roba a un arbre immediat; al punt de caure les dotze es tiraven al estany i, en sortir per l’altra riba, quedaven transformats en llops. Trobaven una gran llopada que els esperava i els rebia amb mostres de molta joia i alegria. Durant set anys eren llops com els altres, aprenien de tota llur vida i es captaven llur amistat i confiança. Després de set anys, a igual dia i hora, es tornaven a tirar a l’aigua de l’estany i, en sortir pel mateix indret on hi havien entrat feia set anys, trobaven encara la roba penjada; se la posaven i restaven pastors com abans, amb els mateixos anys que tenien i, per tant, com si el temps no hagués passat. Els llops, com que els entenien, els estimaven i els obeïen, i com que els sabien els costums i la manera de viure, els podien fer de mestres i de menadors.


De alguns homes que neixen la nit de Sant Joan, es deia que posseïen virtuts meravelloses i se’ls anomenava joanencs, guaridors meravellosos podien donar salut i guarir de gràcia. Antigament anaven pels pobles guarint a la gent i es feien anunciar per un pregó especial. En garantia de llur condició, agafaven el ferro roent sense cremar-se i apagaven grans foguerades amb una petita alenada. També es creia que els joanencs tenien la virtut de fer tornar d’or tantes monedes com tocaven mentre sonaven les dotze batallades d’aquesta nit. Es deia que tenien una creu al paladar, una al pit i una altra al palmell de la mà, en el lloc del signe M que hi tenim tots els altres mortals: per això podien guarir de gràcia. El senyor rector els examinava les creus per saber si eren de debò i els les rentava amb aigua beneïda. Només gaudien d’aquesta gràcia els nois, no hi havia joanenques. El do de curar de gràcia és molt poc freqüent en les dones. Quan naixia un infant la nit de Sant Joan, si la llevadora li sabia tallar el tel de la llengua d’una certa manera, el nen tenia com dos llengües i era capaç de parlar alhora amb persones diverses i en idiomes diferents..

A altres indrets es parlava dels saludadors, que eren aquelles persones que neixen la nit de Sant Joan o de Nadal, i tenien el do de guarir de gràcia, sense remeis i per sola inspiració divina. Talment com els joanencs, tenien una creu al paladar, sota la llengua o al palmell de la mà esquerra, entre las múltiples ratlles que la travessen. La gràcia dels saludadors era sensiblement més intensa si havien nascut a mitjanit.


Tot i que no solia haver cap ritus d’iniciació per ser curandero o guaridor, ja que és un do amb el que es neix, hi han certes creences de hom pot iniciar-se en aquests dons rebolcant-se durant tota la nit de Sant Joan a la brolla dels bosc, fins al matí, pronunciant certes oracions.

Els remeiers i remeieres coneixien prou bé les virtuts curatives i meravelloses d’algunes herbes i plantes recollides la nit de Sant Joan.


DIMONIS I MALS ESPERITS

La nit de Sant Joan, el Dimoni fa acte de presència a les diverses reunions de bruixes que se celebren arreu de les terres catalanes en aquesta nit tan especial. A la vigília de Sant Joan, si es va al bosc, s’ha d’anar amb compte de no punxar-se amb la fulla del boix grèvol, car el Diable se serveix d’aquest arbust per punxar el braç dels qui es donen a ell, a fi de treure’ls la sang per firmar el pacte que establien.


Segons diuen a Martinet (Cerdanya), una nit de Sant Joan que el Dimoni passava per aquest mateix poble, per on passa cada any en aquestes mateixes dates, va perdre el seu barret, que li serveix per trobar totes les riqueses de la terra i les ànimes que té amagades, així com la manera de desenterrar-les. D’ençà cap aquí que encara no l’ha trobat, encara que el busca sense parar, ja que sense aquest barret no podrà endur-se cap més ànima cap a l’infern, ja que no sap destriar quina és seva de la que no. El qui la nit de Sant Joan trobi el barret del Dimoni, perdut entre la boscúria, posseirà la clau per descobrir i trobar els immensos tresors que hi ha sota terra, ja que tots els metalls de sota terra són propietat del dimoni, que n’està gelós i dificulta la seva recerca; la nit de Sant Joan, però, està enfeinat perquè assisteix a les assemblees de bruixes que fan arreu, i hom se’n pot aprofitar per desenterrar-los.


La nit de Sant Joan, el mal esperit volta per damunt la terra, i no és aconsellable anar a hores fosques per despoblat, per tal d'evitar de topar-s’hi i caure sota la seva influència. L’envolta una gran claror, la qual fa semblar com si brilles la lluna plena. Té la forma d’un animal immensament negre i profusament pelut, que varia contínuament de figura. Tan aviat es fa tan llarg que es perd de vista, i tan alt que sembla que arribi als estels, com esdevé tan baix, tan pla i tan ample, que sembla un pop immens aplanat a terra. Va sempre al davant d'aquell a qui vol temptar, i contínuament varia, com ja dèiem. A voltes és absolutament mut i d’altres udola, grinyola i esgaripa tan fort, tan de pressa i tan intensament, que sembla que s’apaga la gran claror que sempre l’envolta, i es fon sense deixar ni rastre. Els qui el topen, per alliberar-se de la seva influència i acció, cal que no parin mai de senyar-se, de resar o de passar el rosari.

A Banyoles (Pla de l’Estany) es diu que si al punt de mitjanit de Sant Joan es va a la cruïlla que forma el camí real de Figueres amb un altre camí termenal de ferradura, surt un senyoràs que per uns és el mal esperit i per d’altres és el Dimoni, el qual li explica a tothom que li ho pregunta allò que li passarà fins al dia de la mort. Com que sempre prediu fins esgarrifosos, la gent repugna d’anar-hi. Hom parla de diverses persones que ho han provat, i a totes a predit el futur fil per randa.

La gent de Mallorca creu que la nit de Sant Joan, al bell punt de mitjanit, surt el mal esperit de l’Infern, i s’escampa per la Terra, per tal de fer tant mal com pot. Cal, doncs, estar durant les dotze campanades a resguard sota teulada, així hom no pot estar a les fogueres i menys encara en despoblat.

Amb la finalitat d’evitar els embruixaments o mals esperits a les masies, la nit de Sant Joan s’encenien quatre fogueres a cada costat de la casa.


ÀNIMES DAMNADES, FANTASMES I APARICIONS

Per la nit de Sant Joan abunden les aparicions d’ànimes damnades, fantasmes i esperits de tota mena. Els que a continuació s’expliquen, només són uns breus exemples.

A l’Era Enfonsada, una falla geològica que es troba a prop de Riells, un grup de ballaires que una tarda de festa hi feien ball, no van aturar la dansa al veure el pas del combregar. Per tal sacrilegi, foren condemnats a ballar tota la vida sota mateix de l’era, que tot d’una es va ensorrar. La nit de Sant Joan, si se l’escolta bé, se sent encara el clam de les balladores, que canten: “-Cansada estic, cansada, / cansada estic, de ballar, / cansada estic, cansada, / fins que el món finarà.” Entre els mots de la cobla se sent la remor de la dansa i el so del flabiol. Són els balladors empedreïts, que continuen el seu ball interminable.

Condemnat a córrer eternament, el caçador negre o gran caçador passa per les terres catalanes cada nit de Sant Joan (al dir d’uns, només un cop cada set anys) seguit del seu seguici ancestral, format per gossos i dimonis. I encara també hi ha qui diu que ha sentit l’esgarip dels seus gossos entre la xiuladissa del vent d’hivern,


Pel Solsonès diuen que la nit de Sant Joan se senten passar als caçadors del rei. Són aquests, tres caçadors que van seguits per tota una gran llodrigada de gossos que clapeixen a la desesperada, sense mai parar. Cada un va en una direcció diferent, i el qui té la mala desventura de topar-se’n un, resta encantat com ell i s’afegeix a la llarguíssima corrua de gossos i d’encantats que correran darrera seu durant l’eternitat.


Diuen que al punt de les dotze, per la nit de Sant Joan, del forat de Sant Ou, al Montgrony, en surt l’ànima damnada del Comte Arnau, que s’escapa de l’Infern a cavall d’un corser negre com el pecat, arborat de foc i que treu centelles i guspires per nas i boca, seguit d’una immensa llodrigada de gossos folls i de tota una munió de condemnats i d’encantats com ell, que volen pels aires, cridant i atiant els gossos, que igualment que el compte i tots els que el segueixen, corren com esperitats, darrera d’una pressa fantàstica i invisible, la qual volen atrapar i caçar, i que només veuen ells i ningú més, i els corre eternament davant, i els fa regruar i desesperar sense que mai la puguin atènyer; pressa que empaitaran per l’eternitat i mentre el món serà món.


Segons la tradició, les filles del rei Herodes foren condemnades a ballar per tota l’eternitat, en càstig de llur pecat d’haver fet degollar a Sant Joan Baptista. I, per efecte de la maledicció, volten i volten, sense poder parar mai de dansar, al so d’una tonada esllanguida i melangiosa. La nit de Sant Joan, precisament, al bell punt de les dotze de la mitjanit, si hom escolta amb molta atenció, sent enllà d’enllà, en la llunyania infinita i imprecisa, el remor de la dansa, amb el lliscar suau, per damunt del sòl, dels peus lleugers d’Herodies i les seves germanes, i hom sent també el so confús de la gralla i flabiol que els fa la música. Si algú s’encerta de veure-les passar pel seu davant, se sent atret per la gràcia de la dansa i, sense adonar-se’n, els va al darrera per veure-les i, de manera inconscient, les segueix fins restar encantat com elles i condemnat a anar-los al darrera per tota l’eternitat. D’aquesta història, se’n coneixen altres versions.


Al castell de Campmany, al punt de les dotze de la mitjanit de la nit de Sant Joan, s’ofereix l’estança del tresor, on vaga l’ànima d’un cavaller mal enriquit que clama perquè un bon cristià vagi a fer el recapte del tresor i el reparteixi als pobres; única manera que l’ànima del cavaller, havent purgat el pecat de l’avarícia, pugui entrar al cel. L’estança s’obre quan se sent la primera campanada i es tenca al sonar l’última. Tots els subjectes que fins ara ho han intentat han estat sorpresos a la darrera campanada i en conseqüència l’ànima del senyor de Campmany segueix errant, i amb una companyia de més de cent ànimes... ànimes d’aquells que han intentat eixir el tresor.

Remarquem la visió, a la torre més alta del castell de Montsoriu (Arbúcies, la Selva), anomenada la torre de l’Heura, que la nit de Sant Joan, al bell punt de mitjanit, mentre sonen les dotze batallades, es fa visible l’aparició d’una dama mig despullada i la cabellera estesa, tota blanca, feta com de nebulosa, que porta una llanterna en una mà i un gros corn a un altre, que fa sonar, per sentir-se un altre que li respon, seguit per l’aparició d’un cavaller de figura roja que cavalca un cavall negre que treu foc per la boca presentant-se des de el Coll Castellar a tota presa, i recull i munta a la dona al cavall, fugint ambdós com enduts per el vent, enlairant-se en l’aire fins l’any següent, en que repeteixen l’escena. Els tocs dels corns han estat sentits per molta gent de molts pobles de les Guilleries, i fan estremir tota la rodalia de por.

La nit de Sant Joan, per la Vall de l’Hort i el Solsonès volten els pertenidors, ànimes en pena que per algun mal destí no han pogut entrar al Cel i volten errants per la terra, repetint planyívolament tot allò que senten i planyent la seva dissort; són la personificació del ressò, i per això hom creu que no és de bona persona el cridar ni el parlar fort en llocs i paratges on la veu ressoni, per tal com no cal fer patir ni despertar als pertenidors.


A les profunditats de l’estany d’Engolasters, a Andorra, viu la vella d’Engolasters, una ànima en pena d’una dona condemnada per la seva avarícia. Conta la llegenda que enguany, a la zona on trobem el llac hi havia un poble a on un dia va arribar un pobre captaire a les portes d’una de les cases més riques, i va demanar una mica de menjar a la mestressa de la casa. La dona li va dir que ja havia fet la massa del pa i no tenia res per donar-li. El captaire va insistir, i li va dir que tornes a amassar els trossets de massa que quedaven a la fusta d’amassar i que amb el que tragués li fes un pa. Així ho va fer de mala gana la dona, i veient que li sortia un pa tan gran com els que havia cuit per a ella, cegada per l’avarícia li va dir al mendicant que no tenia res per a ell. Dos cops més encara va insistir el rodamón en la seva petició, trobant-se la dona que del minúsculs restos de farina li tornaven a sortir grans pans. Però ella li va a tornar a negar al captaire que tingués res per a donar-li. Va donar llavors la casualitat que pasava per aquell lloc una nena menjant un trosset de pa, i al veure al mendicaire li va donar tot el que tenia. Llavors aquell home, que no era un altre que Jesús, o un dels sants o els àngels, li va dir: “Ves enllà del poble, muntanya amunt, tan ràpid com puguis”. Així ho va fer la nena, i tant just com era a fora del terme del poble, va començar a llampegar i va caure una turmenta que va anegar el poble i el va fer desaparèixer. Des de llavors, es diu que cada nit de Sant Joan l’ànima en pena de la dona que no el va socórrer es passeja per les aigües del llac portant una artesa d’amassar pa al cap, i encara hi ha qui l’ha convertit en una espècie d’ogressa que s’utilitza per espantar als infants.


PERSONES I TRESORS ENCANTATS

També damnats, però aquest cop en vida, són els encantats i encantades (que no s’han de confondre amb les fades que reben aquest mateix nom), éssers que tot i que conserven en bona part la seva humanitat, s’han vist atrapats per una condemna a romandre dins d’un lloc fins que algú, amb el seu valor, els alliberi. És aquest el cas de moltes dames mores que guarden alguns castells i els seus tresors, i només apareixen en dies determinats de l’any (sent la nit de Sant Joan el moment més comú d’aquests dies), en cambres intemporals que mai canvien, encara que la resta de l’any el lloc on es troben estigui en runes.

El reietó moro que va construir el castell de Lillet (a la Pobla de Lillet, al Berguedà) va ésser encantat pels bruixots del tocom, i cada any, per la nit de Sant Joan surt d’una cova en forma de bou de foc, i amb els bramuls, produeix l’espant. Per a desencantar-lo li han de ser tirats uns rosaris o uns escapularis entre les banyes, i a l’instant es tornarà home i donarà una grossa bossa de monedes d’or al seu desencantador.

Per un altre costat, la filla d’un comte del castell de Font Rubí (l’Alt Penedés) fou transformada en serp per una bruixa. Segons conten, si la nit de Sant Joan, en aquella zona, una persona (que només pot ser una noia, segons es diu en alguns casos) és mossegada per una serp, la jove noble esdevindrà desencantada, i aquella que sofreixi la mala picadura esdevindrà serp.


Hi ha serpents (ésser mític que per llurs característiques està emparentat llunyanament amb el drac, encara que amb notables diferències) que són noies que han estat encantades i generalment fan de guardianes de grans tresors. Per desfer l’encís que les ha convertit en serpent, se’ls ha de tirar dins de la boca un objecte que acostuma a ser un anell o una moneda d’or. L’encanteri només es pot desfer en nits molt concretes, de solstici, com la nit de Sant Joan o de Nadal. Moltes vegades la noia serp espera amb deler la presència del seu salvador i quan veu algú que s’hi acosta, obre la boca ben oberta esperant que li tirin l’objecte salvador. El valent, al veure els temibles dents, encara que tingui la intenció de desencantar-la, comença a tremolar com una fulla i erra la tirada. La serpent, que ja es veia desencantada, s’enfurisma i es llança sobre el desgraciat, aixafant-lo com un cuc.

I si de serpents parlem, és per la nit de Sant Joan quan esdevé manyaga la serp ferotge que guarda l’immens tresor encantat del castell d’Orcau (al Pallars Jussà). La bèstia porta a la boca la clau de la cambra del tresor i només aquesta nit se li pot prendre amb facilitat. La dificultat rau en què precisament aleshores es produeixen uns esgarips espantosos tan horripilants que ningú se sent prou valent per acostar-se a la serp.

Abunden les llegendes de tresors amagats, a on aquest és custodiat per un drac, seguit d’un o varis gegants, i, en estància última, una enorme serpent que guarda la clau del tresor a la boca. Aquell que sigui capaç de treure-li podrà endur-se el tresor, però d’una altra manera quedarà encantat. A més d’un les cames l’han fet figa a l’últim moment, havent superat el drac i els gegants, i ha quedat encantat amb el tresor. Diuen que s’ha de anar a treure-li la clau la nit de Sant Joan, puix és el moment en que la serp se dorm o perd llur força. Però tan gran és la mala bèstia que tots flaquegen al veure la seva gran boca.

Al castell selvatà de Montsoriu, aprop de Breda, la nit de Sant Joan, també s’atribueixen diverses criatures guardianes de tresors (en forma de blat i segó), que segons les llegendes han estat assolits per algunes persones.

Tema apart ja seria el d’innumerables pobles fantàstics i mítics, o que estan envoltats d’un caràcter d’aquest tipus encara que siguin reals, que hi ha de sota de diversos estanys o llacs de muntanya, o fins i tot de la mar, i dels que encara avui en dia es diu que, per la nit de Sant Joan, es pot sentir el repicar de les seves campanes dins les seves aigües, i això quan a més a més no van acompanyats de llums i remor de veus. El mateix s’explica d’alguns dels meravellosos palaus que tenen les dones d’aigua, encantades i sirenes sota les aigües.


GOGES, ALOGES, DONES D’AIGUA I ENCANTADES

Goges, aloges, dones d’aigua i encantades són les fades de les terres catalanes per excel·lència, incloent, en aquest cas, les terres de la Catalunya Nord, a França, Andorra, part de la Franja de Ponent i  l’illa de Mallorca, de la mateixa manera que les sirenes ho són del mar, totes elles figures d’excepcional bellesa. D’origen erudit, el mot fada era més empleat pels  clàssics que no pas pel poble, excepte, potser a Mallorca, on el mot era, i encara és, viu.


Es deia que pel Pirineu empordanès, els anys en que la nit de Sant Joan fa bona lluna, totes les fades de la gran carena s’apleguen en magna assemblea en un roquisser vora la mar o en un cim ben alterós des d’on es vegi la mar. Fan grans balls rodons, presidides i dirigides per la seva reina, l’encantada Estarella, i quan el cor els hi diu prou ballar s’escampen cada una cap a la seva terra, convertides en un nuvolet blau, graciós i subtil que es reparteixen escampant la bona sort. Tota la terra per on passen resta com beneïda i la sort hi vessa. Un lloc preferit per aquestes assemblees havia estat la muntanya de Verdera, pels voltants del castell d’aquest nom i del monestir de Sant Pere de Roda.

Sovint es confonen les dones d’aigua, aloges, goges i encantades, i tot i que tenen característiques i costums molt similars, també tenen petites diferències remarcables, sent les tres primeres éssers lligats, generalment, a les corrents d’aigües i les fonts, i les últimes, les encantades, estant més lligades a les coves, caus, balmes, forats i esplugues. Aquestes últimes, també, potser perquè són un xic menys bondadoses que les primeres, o bé perquè no estan tan lligades a les aigües, es confonen sovint amb les bruixes.

La gent de muntanya del Pirineu oriental creien perillós acostar-se a l’estany de Lanós (al Canigó), especialment la nit de Sant Joan, per por de restar encantats per les dones d’aigua i les encantades, que celebren allí unes grans orgies. Aquesta nit màgica, totes les aigües de la contrada tenen una claror que il·lumina tota la rodalia del llac. Dels palaus del fons on viuen les gentils fades en pugen harmoniosos cants, sons d’instruments, dringar de copes i de vaixella i, sobretot, unes grans riallades. El pobre mortal que s’hi acosta embaladit per tanta música i bullícia, se sent xuclat per les aigües, que l’atreuen amb una força irresistible i resta encantat per tota l’eternitat, sense poder sortir mai més del fons de les aigües. L’arribada d’un nou encantat es rebuda en grans riallades, que fan retrunyir tots els pics de la contornada. I corren més perill d’ésser encantats els homes que no pas les dones, especialment si són joves i ben plantats. Les fades d’aquest estany són encarnisades enemigues dels diables i bruixes de l’estany de Balatx, amb qui sostenen unes guerres terribles, i desfan tans mals seus com poden, fent tan bé com està en llurs mans. Diuen que temps enrere, la reina d’aquest estany, es va enamorar d’un galant minyó d’Ambeig (a la Cerdanya), i li prometé la felicitat per tota la vida si es volia casar amb ella i anar a viure al seu palau encantat a sota de les aigües. El minyó s’hi avingué i ella li digué que mentre anessin a casar-se no es girés enrere per més sorolls i grinyols que sentís; el fadrí li ho prometé, però així que s’hagueren posat en camí van eixir, no se sap d’on, una ramada de bestiotes estranyes que van posar-se a udolar, i com que feien uns esgarips tan ferotges, el minyó va girar-se sense poder resistir la temptació; al moment, ell i totes les bestiotes restaren encantades i transformades en pedra, i encara avui en dia es veuen convertides en un clapisser de pedrases amb formes estranyes, extravagants i bigarrades a les afores d’Ambeig. La nit de Sant Joan, aquestes pedres es tornen un altre cop bèsties, i el qui n’agafi una restarà ric per tota la vida, puix que aquesta es tornarà tota d’or massís; però ningú ni s’atreveix.


Al punt de les dotze de la nit de Sant Joan, qui passa davant de les Coves de Ribes sentirà uns grans cants i cops de picadors de les encantades, que renten la seva roba i l’estenen a les roques. Hi ha qui diu que aquesta nit renten la roba de tot l’any. I encara hi ha qui diu que la roba de les encantades només és perceptible les nits de lluna. En quan a la virtut d’aquesta roba, qui n’aconsegueix una peça aviat esdevindrà ric, mentre que d’altres asseguren que si bé la roba de les encantades protegeix de la pobresa, no otorga pas cap riquesa, sinó que, simplement, a aquella casa mai li faltarà res. Això sí, qui els prenia la roba, o ho intentava, corria el perill de ser convertit en pedra, o rebre més plantofades, cops de bastó o de pales que estels hi ha al cel. La mateixa nit, les aigües del riu que provenen de les coves de Rialb (Ripollès) baixen blanques d’escuma, ja que les encantades fan allí, també, la bugada. Aquesta bugada màgica també és comuna de les dones d’aigua, les goges i les aloges.

Antigament, a Torroella de Montgrí (al Baix Empordà) la gent creia que la nit de Sant Joan i la de Nadal eren les úniques nits de l’any en què les goges que vivien dins del castell de Torroella de Montgrí perdien llur força i virtut i que hom podia transitar impunement i sense perill després del toc d’oració de les nou del vespre, puix que els altres dies, les goges encantaven i se n’emportaven els qui més tard d’aquella hora fins a l’alba trobaven per despoblat.

La gent vella de Banyoles, per un altre costat, temia acostar-se a la vora de l’estany proper a les Estunes per por de topar-se amb les goges, aloges o encantades que viuen en els cataus oberts en aquell massís rocós, trossejat per algun terratrèmol, perquè llur relació la nit de Sant Joan porta desventura. Diuen que aquestes fades demanaven a les dones que trobaven que els anessin a rentar una peça de roba a l’estany i, en tornar-los-la neta, donaven de pagament tota una faldada de segó. Una vegada van escometre una porquerola; mentre ella rentava la roba, elles, li van guardar la garrinada. Li parlaven però no les veia, perquè eren invisibles. En veure que per paga li donaven segó, cregué que es burlaven d’ella i el llençà a un racó del camí. En arribar a casa, les engrunes que se li van quedar agafades al sergil del davantal s’havien tornat d’or. Va córrer a cercar el segó que havia llençat i ja no en trobà gens. La mica que va poder-ne aprofitar representava una fortuna, però no se’n veié goig, puix que li serví per mal.

La nit de Sant Joan, l’aigua dels gorgs i les fondalades és una porta oberta al país de les goges, però de la mateixa manera que és el dia que les dones d’aigua surten a l’exterior, també és el moment de poder-hi entrar i endur-se alguns dels seus tresors, això sí, sense cap garantia de tornar a sortir. Amb aquesta creença popular s’ha justificat moltes morts i desaparicions en gorgs i rius.

Així com les dones d’aigua, les aloges, goges i encantades són les fades de la terra, les sirenes ho són del mar.


Les sirenes, mig dones i mig peix, se les imagina com dones bellíssimes de cintura cap a munt , i amb una cua de peix de cintura cap a vall, tot i que algunes tenen la virtut de poder convertir aquesta cua amb un parell de cames amb les que poden endinsar-se terra endins, gràcies a un enorme anell màgic que algunes d’elles porten a la cua.

Per la Costa Brava i per l’Estartit creuen que la nit de Sant Joan és la nit de les sirenes, perquè acudeixen en colles a Begur (al Baix Empordà) per comptar els grans de sorra de les dunes de la platja. Per bellugar-se amb més desimboltura es treuen uns vels de color de mar i peixos que porten. El fadrí arriscat que pot veure-les i que assoleix agafar un vel de sirena compta amb el cor de la seva mestressa, i la riquesa i la felicitat li somriuran tota la vida. També s’hi pot veure a la reina de les sirenes, que viu en un palau encantat de sota de les illes Formigues, vora de Palamós. Com a reina es distingeix de les seves vassalles per un gros anell d’or a la cua, la possessió del qual porta felicitat i riqueses sense mesura i el do d’entendre el parlar dels peixos, que ho fan amb la cua, i de penetrar tots els secrets i misteris de la mar. Els pescadors de la badia de Roses diuen que la reina de les sirenes viu en un palau encantat, fet de vidre, que té l’entrada per una cova tota de corall rosat oberta molt avall de les illes Medes; aquesta sirena, com a reina, porta un anell d’or a la cua gruixut com el braç d’un home. El qui li pugui prendre serà ric i feliç per tota la vida. La boca de la cova que mena el palau encantat està guardada per una foguera immensa que crema sota de l’aigua i que no s’apaga mai i només s’extingeix a mitjanit de Sant Joan; hom pot entrar-hi fàcilment durant el temps just de sonar-hi les dotze campanades, car així que cau la darrera, la foguera torna a abrandar-se amb més fúria que mai. Les sirenes viuen en palaus submarins de cristall de roca que guarden tresors fabulosos. Però una foguera marina priva el pas als atrevits mortals: només al punt de mitjanit de Sant Joan la foguera apaga el seu ardor el temps just que sonen les dotze campanades. Un d’aquests palaus meravellosos rau sota les illes Medes, envoltat de coralls i estrelles de mar, i també s’ha sentit parlar d’un altre palau que hi ha en unes grutes que es troben sota els penyassegats del Garraf.


FOLLETS I ALTRES HOMES PETITS

També la nit de Sant Joan és una nit especial pel follet, i potser no tan agradable com altres, ja que aquesta nit els homes el poden albirar i només aquesta nit hi ha alguna probabilitat de poder-se apoderar de la pedra que sempre porta al damunt, anomenada pedra de follet. Per la Garrotxa i el Ripollès creuen que el follet, mena d’homenet petit que cada nit visita les cases, ja sigui per endreçar-la si està desendreçada, ja sigui per desendreçar-la si està endreçada, s’entreté fent rodolar una pedreta més o menys rodona, que ell mateix porta perquè li serveixi de joguina, i que cada nit se n’emporta amb molta cura i gran gelosia de no perdre-la. Posseir una pedra de follet comporta gran ventura i riquesa sense límit. Per efecte d’ésser la nit que és, el personatge diminut queda disminuït i va atabalat i hom el pot esporuguir fent soroll i renou, que el fan fugir precipitadament sense temps de prendre la pedra, la qual hom pot apropiar-se un cop el follet és fora. La prova és, però, perillosa, puix que, si s’adona de les intencions que han provocat el soroll i la fressa, se n’emporta la pedra i maleeix la casa, damunt de la qual cau la dissort més terrible.


Al Ripollès, les cases les cases que visitava el follet i se’n volia alliberar, la nit de Sant Joan procuraven de robar tres grapats de mill per escampar-los per la cuina quan creien que havien de rebre la visita d’aquest xamós personatge. El seu profit de les cases que visitava no li permetien aquella disbauxa i amb tot l’afany es posava a recollir el mill, però com té les mans foradades, tal com el plegava de terra li tornava a caure, i avorrit en veure que no aconseguia sortir-se de l’empresa, se’n anava i no tornava més.

Pel Lluçanès creien que els follets vivien dins dels joncs i que tenen llur casa dins de les tiges sedoses d’aquests arbusts, on entren i d’on surten per la part blanca de la punta. Els vells traginers que desitjaven de  tenir un follet que els hi protegís el bestiar i els fes estar ben grassos i els portés salut, a més de estrijolar-los i pentinar-los la cua i la crinera, la nit de Sant Joan anaven a collir joncs per tal de veure si n’encertaven un que fos la casa d’un follet. I és que la cura dels animals de granja, fossin cavalls o ovelles, era una particularitat del follet.

A Surroca de les Mines i a Bruguera creuen que la nit de Sant Joan els follets s’apleguen en junta sota els bolets, especialment d’aquells la copa dels quals forma com una caputxa o cucurull. Cal abstenir-se de collir bolets aquesta nit si hom en troba trescant pel bosc, per tal de no enfuriar els follets i no atreure llur enuig.

Pel Ripollès (en coves i racons amagats dels boscos de Campelles, Queralbs, Tregurà i Freixenet), la nit de Sant Joan, surten pels paratges despoblats i les muntanyes els joanets, els quals són com una mena de persones molt petites, petites, amb forma de llumetes, que guarden grans tresors amagats i enterrats. Espècie de follets, tenen l’aspecte de petits homenets de pell verda i ulls vermells, i unes ales molt semblants a les de l’espiadimonis, tot i que aquestes desprenen una gran lluminositat. La seva presència en un paratge revela l’existència d’un tresor amagat per allí a la vora. Si algú s’hi acosta, aquests homenets se li tiren al damunt, cridant furiosament, maleint-lo i anunciant-li mil desgràcies i desventures, per tal de que no els hi descobreixi el secret. El mosseguen, el pessiguen i, si no assoleixen espantar-lo, se li posen dins de les orelles i el cremen. No els hi agraden els homes i, per tant, els hi solen fer bromes de molt mal gust.


A la Val d’Aran, entre Bossòst i Lés, es parla de l’erulet, diminut ésser sovint comparat amb el follet, tot i que no se’n coneix la seva morfologia. Només sabem que fa malifetes, sense que coneguem el seu comportament definit. Per tal de protegir-se’n, els habitants de Lés cremen les falles (anomenades halles en aranés) i el haro (espècie d’arbre invertit  al que se li han tret les branques i l’escorça) la nit de Sant Joan i posen les seves restes a la xemeneia o entrades de la casa. Segons la tradició popular aranesa, en el moment de la creació del món, l’erulet no va voler escollir entre el bé o el ma li, per tant, no va ser volgut ni al Cel ni a l’Infern. En decaure, va anar quedant relegat a la vall d’Haut Garona, entre Bossòst i Lés.


Fruit de l’herba manaironera són els manairons, mena d’uns éssers petitíssims que sembla que estan emparentats d’alguna manera amb els follets, tot i que per norma general no tenen l’aspecte d’homenets, ans al contrari, més aviat són cuques o insectes petitíssims. En quant a la seva adquisició, es poden conseguir mitjançant la recollida de la llavor de l’herba manaironera, ja esmentada, o per algun anterior propietiari que vulgui desfer-se d’ells, doncs sovint donen més mal de caps que no pas fortuna. Aquests éssers, que venen a ser com una mena d’escarbats o de mosquits, són anomenats manairons o maneirons a bona part de la Catalunya Occidental; a l’Urgell són els familiars o familianos, nom que se’ls hi aplica fins el Cantàbric; per la Cerdanya se’ls anomena petits. Generalment hom els guarda dins d’un canó d’agulles o dins d’una capseta de tabac de polsar. Els segadors, que fan prodigis amb llur ajut, els porten amagats dins d’una esquerda del mànec de la falç, la qual fan córrer mil vegades més depressa que el llamp. Sovint s’associa el seu aspecte als d’uns insectes o cucs molt petits, esmentat-se sovint cucs negres, abelles, avespes, mosques, tàvecs, mosquits, escarbatons, formigues, borinots brunzidors... Però també es diu que els maneirons poden agafar l’aspecte d’un ramat de cabres, o que són aquella mena de piquets vermells de foc que semblen caminar o que s’enfilen xemeneia amunt. Quan treballen molt suen i regalimen aigua. Estan sempre a les ordres i sota la veu dels qui els posseeix, disposats en tot moment a fer les obres més grans i portentoses que hom els demana. Segar un camp, per a ells, és cosa tan senzilla que els hi resulta comparable a no haver de fer res. Així que hom acaba de manar-los una feina, tot suats i adelerats de tan de pressa que l’han feta, ja demanen amb gran deler una altra feina, la qual, per extraordinària que sigui, la tenen feta tan bon punt l’amo els ha acabada de manar, i prestament els hi demanen més. Hom a d’ésser prou ràpid per a dir-los que se’n tornin a la capsa o estoig els guarda o manar una nova feina, car el contrari, tot irritats, matarien a llur amo sense pensar-s’ho gens. Els manairons es troben localitzats sobretot en terres pirinenques occidentals, en els poblets de les serralades que separen les valls de la Noguera i del Segre, des del massís del Boumort fins Andorra, a l’Alt Urgell, l’Alta Ribagorça, el Pallars Jussà i el Pallars Sobirà, i a Andorra.


Per Mallorca i Menorca, i en més petita mida a Eivïssa, es troben als diables boiets, éssers molt diminuts, actius i trapelles, que tenen malícia però sense malignitat. Recorden bastant als follets i manairons, especialment a aquests últims, ja que caben molts d’ells a un canó d’agulles o en una canya, i per la seva qualitat de voler fer feines o destruir al seu amo, i tot sovint es troben en zones de falgueres, lloc on se’ls pot recollir la nit de Sant Joan. Els que els han vist diuen que semblen com voltes de fum amb banyes i cua. Sembla ser que aquells dimonis boiets que no tenen amo viuen en forats on es dediquen a treballar com a ferrers fent monedes d’or sense parar (a la Serra de Na Burguesa, en s’Avenc de Sa Moneda), encara que segons conten, a vegades, aquests tresors estan vigilats per un temible drac. A Menorca se’ls coneix també com diables boets. A diferència que els seus parents mallorquins, sembla que aquests tenen molt bon humor i són molt servicials, demanant tot tipus de feines, però mai deixen cap d’acabada. A conseqüència d’això, qui se’n serveix sempre acaba amoïnat i preocupat. A més, segons es diu, les obres inacabades per ells ningú les pot acabar. Així, si fan una nova casa sense sostre, si algú el vol acabar de construïr se’ls esfondrà, i no és possible acabar-la mai. És un esperit familiar causant d’entremaliadures i malifetes innocents, inquiet i amoïnador. A Manacor hom diu que de la falguera, la nit de Sant Joan floreix  i grana la llavor d’aquesta planta. Si es recull aquesta llavor en un canonet, es converteix en un dimoni boiet, que a partir d’aquell moment obeeix les ordres del qui l’aplega. Sembla ser que aquesta falguera especial té virtuts somníferes, raó per la qual casi ningú pot collir la llavor, ja que queden estirats i dormits mentre esperen que la planta grani. Se’ls pot trobar indistintament a la naturalesa com dins de les cases. Contínuament demanen feina, i si no se’ls hi dona, entren tot seguit a casa de llur propietari i comencen a fer trencadissa. Hi ha qui diu fins i tot que es presenten a pagesia a demanar feina de dos en dos.


A les illes d’Eivïssa i Formentera parlen del famelià, esperit familiar amb la forma d’un homenet o nan deforme de gran força, de caparrot desproporcionat i gros, pelat com una nou, amb una boca fora de mida que és espantosa de veure, amb una gran dentegada esmolada i veuarra espantosa; els seus braços són molt llargs i prims com sarments, arribant-li casi bé fins a terra; molt petit i de cosset, bracets i cametes prims, s’infla al sortir de l’ampolla que el conté, augmentant el seu volum. Per aconseguir-ne un cal anar al del pont vell del riu de Santa Eulària, conegut també com el Pont del Dimoni,  la nit de Sant Joan (altres diuen que s’ha de fer just al despuntar l’alba del dia de Sant Joan o de Cap d’Any) i recollir una petita herba que creix allí que té una vida de pocs segons. Cal collir-la ràpidament i ficar-la dins d’una ampolla negra buida o amb una mica d’aigua beneïda dins, o del contrari desapareixerà. i tapar-la tot d’una, puix que neix i descompareix tot d’una. Un cop collit i ficat dins de l’ampolla, el famelià és invisible. Per tal de fer-lo sortir només cal treure el tap, però per ficar-lo cal dir una oracioneta la qual sembla haver-se perdut en el temps, i només era coneguda pels homes dins del matrimoni. Altres cullen unes llumetes de colors que es veuen per allí la vora. Al cap d’uns dies es destapa l’ampolla i sortirà, en mig de grans flamarades, el famelià, amb aspecte d’un nan deforme i horrible, de gran boca espantosa i dentegada que saltant d’un cantó a l’altre crida "Feina o menjar!", fent les feines més penoses de la llar i tot allò que se li mani. I més val donar-li feina o es crospirà tot el que trobi al rebost, als corrals, etc. (però mai, mai, al seu amo, el que no deixa de ser un consol, si pensem que els maneirons catalans no dubten de fer-ho). Per fer-lo tornar a l’ampolla cal dir unes paraules màgiques i se’l podrà tancar de nou. Solen ser extremadament petits, tan nerviosos que no paren mai de moure’s, famolencs i disposats a dur a terme obres i tasques inversemblants, com ara construir el que se’ls mani en pocs segons, o traslladar al seu propietari pels aires, tant en benefici personal d’aquest, com, si de cop així els sembla, per fer-li mal. “Feina o menjar! Feina o menjar!”, al famelià se li ha de donar una cosa o una altra, però sempre en abundància. Sembla que només repeteixen això, fins que algú vol desenpellegar-se’n; llavors els esclata la xarrera si es donen compta de que es volen desenpellegar-se’n d’ells. En cas de que no se’ls doni ni una cosa ni l’altra, es tornen molestos, fent-se insuportables, dedicant-se a fer de les seves. I cregueu-me quan us dic que a l’hora de menjar pot fer també proeses, doncs es ben capaç de menjar-se tota la pitança d’una família d’un sol àpat, i més encara si pogués.


ÉSSERS FANTÀSTICS DE LA NIT DE SANT JOAN

Però no són tos aquests éssers fantàstics que hem anomenat anteriorment els únics éssers meravellosos de la nit de Sant Joan, encara queda una llarga llista.

Geni de la vegetació, que en arribar el maig, es desvetlla, saltaire com un esquirol o una mostela, l’amoreta, també anomenada moreta, escampa arreu on va el desig amorós sense parar d’escampar llancetes o pedretes. La nit de Sant Joan –la nit de l’amor-, se la pot veure volant lleugera, tot disparant llancetes o pedretes a les noies: qui n’arreplegui alguna, trobarà galants a desdir.


Vora Tortosa (al Baix Ebre), de sota del túmul de pedres de probable procedència megalítica conegut com la Potra de Pino, per la nit de Sant Joan, en surt una ferotge i temuda rabosa de tres caps que es lliure a mil malifetes i és el terror de la pagesia. De fet frisa tan per fer malvestats, que aquesta ja apareix al caure la vesprada, sent encara el dia 23 de juny.


Pels Pirineus, entre Empordà i Rosselló, per la Jonquera, el Bolú, el Pertús i Cantallops, la nit de Sant Joan i de Nadal surt la mala bèstia, també coneguda com la bèstia o la bèstia negra, animalot terrible i ferotge de forma contínuament variable que s’estira i s’arronsa, i que tant aviat és xica com molt gran. Altres la descriuen simplement com un llopàs negre de tamany enorme. Probablement té certa similitud amb el mal esperit i estigui relacionada d’alguna manera amb el Diable.


A Collbató, la nit de Sant Joan, de les coves de Salnitre de la muntanya de Montserrat en surt el Marmajor, un personatge de la por, mena de papu que s’emporta els nens per menjar-se’ls de set en set, i que sempre en duu les butxaques plenes, i de tants que n’hi porta, li’n pengen i fins i tot li’n cauen. El descriuen com una espècie de gegant d’un sol ull i d’aspecte espantós.


Diuen que el basilisc , mena de petita serp amb cabellera, llargandaix, gripau o reineta, neix d’un ou que posen al bell punt de mitjanit de Sant Joan els galls (galls, i no gallines!) que arriben a set anys just en aquest punt. A Bot (a la comarca de Terra Alta) deien que els galls ponen un ou i el coven, i en neix un basilisc. Aquests ous són més petits que un ou de gallina, de color blau, verd o vermell, i en tirar-los al foc pot néixer el basilisc. Un cop neix, corre a amagar-se a un lloc fosc i humit. Si a la casa hi ha una gerra o una olla d’unces enterrada, s’apressa a anar-hi per tal de guardar el tresor. Així que sent la remor d’algú que s’acosta o remena la terra per desenterrar l’olla, fita la seva mirada vers el costat d’on ve el soroll, i tant bon punt el veu algú, aquest queda mort per l’efecte del verí que li llença; però si és l’home el primer que veu el basilisc, aleshores és ell el qui resta mort al moment. Hom creu que l’or també cria basiliscs, que no es mouen d’on neixen per tal d’impedir que ningú no pugui robar la seva mare, és a dir, l’or que els ha criat.


Ésser espantós semblant a un ocellot negre que vola les nits fosques, a la cucala no se la veu, però se la pot sentir alenar fortament. Apallissa de valent a tothom qui troba i la seva presència porta mal averany. La nit de Nadal perd tota la força i no surt, però en canvi, és arriscat topar-la la nit de Sant Joan, ja que llavors es mostra molt més activa i agressiva que altres nits.

Talment com la cucala, pel Pla de Tortosa i per la Conca de l’Ebre, de nit surt el feram, bèstia horrorosa, que esbatussa a la gent, especialment als homes. A les dones els hi ronda pel darrera, els estira les faldilles, els hi diu paraulotes i proposicions deshonestes i quan té la impressió d’haver-les espantades, se’ls en riu a grans riallades. Hi ha qui diu que és invisible, mentre que d’altres diuen que és tan menut, tan i tan petit, que ni se’n albira la forma prou bé. És especialment ferotge la nit de Sant Joan.


Per les goles i les riberes de l’Ebre creuen que és perillós trescar de nit per descampat, especialment la nit de Sant Joan, per perill de trobar-se amb els gambutzins, que només campegen a les hores de fosca, a la que probablement encarnen i personifiquen. Tot i així hi ha qui s’omple de valor i surt a caçar-los, tot cantant: "Esta nit fa bona nit / per agarrar gambutzins: / tu aguantaràs la taleca / i els aniré ficant dins".


LES PLANTES MÀGIQUES DE LA NIT DE SANT JOAN

Per la nit de Sant Joan neixen tot un seguit de plantes i flors úniques a les que se li atribueixen propietats meravelloses. Tot seguit mencionarem alguns d’elles:

Pel Berguedà hom creu que, al punt de la mitjanit de Sant Joan, de totes les fonts raja o brolla la flor de l’aigua (en fonts previàment enramades per les noies), i el qui la pot agafar té assegurades la riquesa, la ventura i la salut, i qui la collís pot casar-se amb qui desitja. Costa molt de descobrir perquè és transparent, feta d’aigua. Aquesta flor, com diu bé el seu nom, és feta d’aigua, i conté tota l’essència i la virtut del líquid, concentrades i notablement augmentades. Hi ha qui intenta beure-se-la. Aquesta flor despunta quan sona la primera batallada de la nit de Sant Joan, i es fon  i es torna en un regalim en la que fa dotze. Són les fades de les fonts, les dones d’aigua, les que fan que broti. És tan subtil, que agafar-la és molt difícil, puix que hom no aconsegueix veure-la i menys encara agafar-la, i quan hom la té, si no sap tractar-la amb molta cura, se li desfà com un líquid. El qui ha assolit agafar-la i no la sap conservar en rep gran perjudici, perquè la flor es gira en contra seu i li torna en desventura tot el que li hauria donat de sort i de felicitat.


La gent de muntanya parla de la flor de la verge o flor de verge, que a Matamala (al Capcir, en la Catalunya Nord) creuen que només creix la nit de Sant Joan, i que té la propietat de fer orinar a tota noia verge que l’olora. Els antics, que coneixien més aquesta flor que la gent d’avui, l’utilitzaven per a saber si una dona era o no era verge.


A Esparreguera (al Baix Llobregat) parlen de la flor de Sant Joan, que només floreix a la mitjanit de Sant Joan. Aquell que té la fortuna de trobar-se-la i de poder-la collir, té assegurat el benestar per la resta de la seva vida, tot i que sense ser ric, però tampoc pobre. Quan algú va a recollir-la, de dins la flor hi surten serpases, llangardaixos, dracs i altres monstres esfereïdors, i si s’escolta bé, se senten remors de cadenes, gemecs i paraulotes. Per tal de conservar-la, cal arreplegar-la amb una peça de llana nova i amb set dobles, i essencial: han d’anar-la a buscar un nombre igual d’homes com de dones.


Per la nit de Sant Joan es fa trobadora l’ herba d’orenell o herba d’oreneta, també anomenada herba cabra, impossible de reconèixer durant la resta de l’any, puix que contínuament muda de forma, de lloc, i de color. Aquesta nit pren un to daurat o llueix fins el punt de fer una claroreta enmig de la fosca. La possessió d’aquesta herba dona sort i ventura. Hom diu que si es fregeixen els ous extrets d’un niu d’orenetes i els torna al covador, l’oreneta cerca l’herba, frega els ous, i els torna a llur estat normal i continua covant. Diuen que si un cop nascuts els orenells se’ls fa cecs, la mare els hi torna la vista fregant-los els ulls amb aquesta herba. A Vic diuen que l’herba cabra fa de bon conèixer perquè si es tira amunt de l’aigua, puja corrent amunt; si es tira enlaire, vola, i si es tira al foc, l’encén i l’arbora en lloc de consumir-se. A la celidònia, una planta real, també se li dona el nom popular d’herba d’oreneta.

A Manresa creuen que la nit de Sant Joan es pot trobar l’herba de la fidelitat, que té la propietat de fer vomitar a qui en veu una infusió si ni són fidels en el matrimoni. Se la pot conèixer perquè és llarga, prima i blanca com la neu.

L’herba de Sant Joan no és la mateixa en totes les contrades. Segons el lloc és la mateixa berbena o la falguera, la carlina, el pericó, l’herba manaironera... La denominació herba de Sant Joan té tres significacions: el primer, el d’herbes recollides aquesta nit, que guanyen poder i propietats meravelloses i n’augmenten la virtut; el segon, que és una de diferent segons la contrada i que acumula el màxim de virtuts al ser portadora de bona sort; el tercer és el d’herbes de noms diferents segons el lloc, que tenen unes virtuts màgiques i que creixen en el món de la fantasia, com l’herba manaironera, per exemple. Hi ha qui l’emparenta amb la flor de Sant Joan, de la que parlarem més endavant.

La gent vella de Puig-Reig sap que la nit de Sant Joan no és bo que els animals de peu rodó surtin a trescar pel bosc, ja que corren el risc de trepitjar l’herba desferradora. Aquesta mala herba arrenca les ferradures de les ungles dels animals com si fos unes tenalles, i aquestos, al caminar desferrats i trepitjar la brosta, els hi surten unes ferides incurables.


A Mallorca, la nit de Sant Joan es pot collir l’herba des uis, així anomenada perquè és un gran remei per a guarir de la ceguesa. No hi ha entre els insulars qui la conegui, car adopta formes variables, semblant a les altres herbes amb les que es confon. Aquesta nit té la virtut o propietat de fer llum i despendre claror, i d’ací que es faci identificable. Conten que un caçador que perseguia una pressa, va veure una gran lluïssor d’aquesta herba, que es va fer el propòsit de collir-la quan hagués assolit la seva pressa, el cap que perseguia. Però mentrestant es va fer clar, l’herbeta va apagar la lluïssor, i es va fer impossible de reconèixer. Aquesta herba la van plantar els moros, i ells si la reconeixen en tot moment de l’any. Antigament anaven a les illes a buscar el remei per la ceguesa amb unes grans sabates, que al trepitjar-les quedaven amarades del suc de la planta, i al fregar-se els ulls amb les soles de les sabates, tornava la visió.


La gent vella de Ripoll creu amb l’herba de virtut que només es troba la nit de Sant Joan, puix que des de que es pon el sol fins a que torna a sortir pel matí, neix, creix, floreix, grana, es mor i escampa la llavor per a tornar a néixer a l’any vinent, justament en aquesta mateixa nit. El qui duu sols una fulla d’aquesta herba al damunt, esdevé invisible si li convé, adquireix la gràcia de veure a l’interior de les persones i de les coses, que es tornen transparents als seus ulls com si fossin de vidre, pot llegir el futur en els núvols i en els estels, i entén el parlar de les bèsties.

Hi ha una herba d’or que només llueix al punt de mitjanit de Sant Joan. La seva forma és indefinida i infinitament variable. Per la fisonomia, ningú no la pot conèixer, car adopta la forma de les herbes que la rodegen. Si no hi ha ningú a la seva vora, aquesta nit brilla com el foc. Creix entre les altres herbetes, i hom, des de lluny, ha de saber-la veure, i després trobar-la, confosa entre les altres herbes. Tot i així la fa molt difícil de trobar. El qui en pot heure es fa ric, puix que al cap de set dies de collida es torna d’or massís, lluent i valuós. La llegenda ens parla d’una herba que brilla de sobte al punt de mitjanit de Sant Joan i, llevat d’aquest instant, no es pot reconèixer ni per les fulles, ni per les flors. Només llueix brillantors de foc quan no hi ha cap persona nada al seu voltant. Per aquest motiu és introbable aquesta branca daurada. Hi ha qui diu que l’herba d’or és la falguera, car ningú no l’ha vista mai florir ni granar. L’herba d’or es distingeix perquè si hom la tira a l’aigua, el corrent no se l’emporta; ben al contrari, puja aigua amunt. Té la propietat de fer tornar invisible a qui la posseeix i també li permet de veure totes les coses com si fossin transparents, això és, veure a l’interior de tot. Aquesta virtut facilita descobrir tresors amagats, saber per on passen els corrents i les deus d’aigua subterranis, veure els dintres de les persones i saber quin òrgan tenen malalt. Així mateix dóna una força de gegant que permet d’aixecar pesos immensos, treballar enormement sense mai cansar-se i amb rapidesa vertiginosa i sorprenent, igual que caminar vint vegades més de pressa que l’home de passa més llarga i més tirada. També fa esdevenir el cos fort com la pedra i invulnerable contra tota mena d’atac, puix que les eines de tall llisquen damunt del cos com si fos de vidre i les bales reboten com si es tractés de ferro; dóna poder com per guarir tota classe de mals i per a penetrar tota mena de pensaments; augmenta més de cent vegades el saber i l’enteniment i dóna facilitat d’entendre i comprendre el llenguatge de les bèsties. També es menciona que hi ha una herba que si un ase en menja, els seus excrements es convertiran en or.

Al bell punt de la mitjanit de Sant Joan floria i granava l’herba manaironera, també coneguda com herba de Sant Joan o herba minairona, la qual produïa una llavor menudíssima, que es tornava en maneirons, éssers infinitament menuts i petits, dotats d’una resistència i d’un afany de treball que els feia aptes per escometre i portar a terme les empreses més fantàstiques i més immenses en un tancar i obrir d’ulls. De tant treballar suen com uns desesperats i la suor els hi regala tant que, per on trafeguen, ho deixen tot fet un mar. No se sap de ningú, però, que hagi adquirit els maneirons d’aquesta manera, o sia, collint-los directament de l’herba manaironera. Aquesta herba i la collita del seu fruit singular tenen, en certes versions, la característica de la falguera. Hi ha qui diu que aquesta herba només creix a l’interior de profundes coves de difícil accés, a sota les roques o bé a sota d’algun pont. No hi ha qui es posa d’acord de si els manairons neixen de dins la llavor d’aquesta herba, o bé són la pròpia mateixa llavor. De vegades aquesta planta està guardada per gegants i dracs. Una frase popular per referir-se a una cosa molt petita es diu que és més petita que les llavors dels manairons.


L’herbeta d’es famelià (o fameliar) es troba a sota el pont vell del riu Santa Eulària, a Eivïssa. Mena de herba molt petita que només neix a punta de sol del dia de Sant Joan o cap d’any. És una herbeta que neix i descompareix en un moment. Si es recull abans de que ho faci, i es fica dins d’una ampolla negra, es podrà obtenir un famelià.

A Vic deien que allí per on passen les bruixes, a una hora a la rodona encisen i neulen les plantes i a cada passa neix un mataparent o altre bolet verinós. Tots els bolets que hom troba surten per efecte de les danses de les bruixes la nit de Sant Joan.

La falguera es creia que floria, granava i deixava la llavor la nit de Sant Joan, i sovint aquesta planta es confosa amb l’herba manaironera i altres plantes prodigioses que apareixen o granen només aquesta nit; és considerada per alguns, doncs, com l’herba màgica per excel·lència, al menys al nit de Sant Joan.


 I UN EXTRA: ALGUNS PERSONATGES FANTÀSTICS QUE S’ANOMENEN JOAN

El nom Joan, dins del folklore i la tradició catalans té un caràcter mític i màgic. A Catalunya és molt típic anomenar Joanet o Joan al vent, referint-se no al vent mateix, sinó a la criatura que viatja dins dels seus remolins o bé el personifica: Joan d’Aragó (la Segarra i l’Urgell), Joan d’Alvèrnia (al Llenguadoc), Joan de França, Joan Gabatx, Joan Francés, Joan Mussiu o Don Joan de Narbona (a l’Empordà), Juanillo de Prades (al Montblanc), Joanet dels Ventalls, el Vent Joanet, Joanet de Cabra, Joan de sa Bufera, Joan del Vent, Joan Nuveru,  Joan de l’Aigua... Sovint, aquesta personificació del vent pren les característiques d’un gegant, i el vent és la seva alenada. No són aquestes les úniques personificacions dels vents, però sí les que s’anomene pel nom de Joan o algun dels seus diminutius.


També tenim al Pare Gegantàs o Pare Janàs, un popular gegant de rondalla, gegantàs més alt que set muntanyes, que té set pams de boca i set pams de nas, i un ull com un sedàs, que garranyic-garranyac, amb quatre queixalades no deixarà ni tros ni pedaç... i que té unes sabates que a cada passa, feia set llegües de camí. Ridiculitzat en la seva monstruosa fisonomia i instints primaris, finalment es burlat per l’enginy humà.

A la vall de Ribes de Freser, les valls d’Andorra i la Vall d’Aràn, es fa servir a en Jan del gel, un enorme gegant, com espantainfants, que té tot el cos de gel, per evitar que els nens surtin els dies que fa molt de fred. Diuen que té una mirada glaçadora, capaç de deixar congelats als nens desobedients que són capaços de sortir de casa els dies de ventisca. Un cop ha quedat el desafortunat glaçat, l’alça sense cap problema, i se’l porta  la seva cova de gel on se’l cruspeix tal qual.


En Joan Ralla és un gegant que habita a la regió de Sobrarbe a l’Alt Aragó, a qui s’atribueix la construcció de diversos dòlmens i menhirs. S’alimenta dels caps dels ramats de les poblacions que hi ha aprop de la contrada on viu, i el seu nom es fa servir per fer obeir als nens desobedients.

Per un altre costat tenim a en Jan de l’Onso Pelut , fill d’un ós i d’una noia, que té la capacitat de manar i governar els óssos. Aquest personatge és un company d’en Jan Pelut, amb qui no es pot confondre, com no es pot fer amb en Joan de l’Ós, ja que aquest últim, encara que tenia una força sobrehumana, no tenia o gaudia de les característiques de geni dels boscos del primer.

En Jan Pelut , gran amic d’en Jan de l’Onso Pelut va despullat i duu tot el cos cobert de pèls, àdhuc a la cara, però no són pas pèls animals, sinó vegetals, formats amb brins d’herbes. Aquest personatge és l’amo de tots els arbres i de totes les herbes del bosc, i governa tots els llops, que fa anar cap on vol i els mana atacar els ramats dels qui no li són amics, un semblant com fa el Pare Llop, amb el qui es confon de vegades.

L’Esparriot o Janot, és una carnavalesca de Castelló d’Empúries, en el ball dels confits, que anava descalç i vestia amb una espècie de túnica blava coberta de petxines i mol·luscs, una gran cucurulla al cap i una gran xeringa amb la que mullava a tots els presents que participaven en aquesta mena de ball o guerra on es llençaven confits. Sembla ser que podria representar el mar o a una antiga divinitat marina.


I per últim, no ens hem d’oblidar d’un dels personatges més mítics i bàsics del llegendari o rondallari català, en Joan de l’Ós. La rondalla d’en Joan de l’Ós ens explica que aquest va ser fill d’una donzella i d’un ós que es va enamorar d’ella i se la va emportar al seu cau. Quan el heroi es va fer gran, per tal d’alliberar a la seva mare del jou tan bestial del seu pare, el va matar. Després d’això, en Joan de l’Ós es va convertir en protagonista de moltes altres aventures, acompanyat de diversos companys de característiques tan prodigioses com les seves, i en una d’elles, fins i tot, es va enfrontar al Diable amb la seva maça de set quintars (o encara de noranta quintars diuen uns altres rondallaires). Però també va combatre gegants i altres monstres, i va vèncer tota mena d’enemics i obstacles. En Joan de l’Ós, encara que d’aspecte bàsicament humà, té certes característiques animals, ja que és tan pelut com el seu pare, i alguns relats seus encara asseguren que també té ullals i un aspecte no gaire atractiu. Però de la història d’en Joan de l’Ós potser ja en parlarem en un altra ocasió...


Talment, aquí deixo aquest escrit que ha pretés ser una breu mitologia dels éssers fantàstics dels Països Catalans que apareixen per la nit de Sant Joan, i un breu recull d’aquells altres que reben aquest mateix nom.

Si t'ha agradat aquest article, poster vols llegir: