lunes, 15 de agosto de 2016

CONTEMPLANDO UNA LLUVIA DE ESTRELLAS


El pasado viernes, durante la noche que transcurrió entre el 12 y el 13 de agosto, mi pareja y yo fuimos a ver las estrellas.

Contemplamos las estrellas tumbados en la oscuridad, en aquel mágico lecho seco y rocoso que es el Clot o Platja d’Espolla, en la comarca del Pla de l’Estany, rodeados de pinos, robles y encinas. Un lugar famoso por su maravilloso estanque de aguas intermitentes que parece surgir del suelo cada tantos años, cuando las lluvias son especialmente abundantes y continuas por la zona, y en cuyas aguas, cuando aparece, nadan esas extrañas y primitivas criaturas que son los triops, unos pequeños crustáceos acorazados cuyos huevos son capaces de permanecer aletargados en aquella tierra reseca durante un tiempo indefinido.

Era noche de lluvias de estrellas, de las famosas perseidas o de “les llàgrimes de sant Llorenç”, que decimos en mi tierra; esa lluvia de meteoros que ocurre cada año por estas fechas, que suelen coincidir con las tres noches posteriores al día 10 de agosto, que el santoral católico dedica precisamente a este santo -san Lorenzo en castellano-, a lo largo de las tres noches que van del 11 al 13 de agosto.

Y es que, según cuenta la tradición o leyenda, el 10 de agosto es supuestamente la fecha en que este santo recibió martirio, y las perseidas no son otra cosa que las lágrimas que san Lorenzo no pudo evitar verter al sufrir el martirio de ser asado vivo en una enorme parrilla, cerca del Campo de Verano, en Roma, delante del mismo emperador romano Decio, mientras lanzaba la famosa frase “Assum est, inqüit, versa et manduca” contra sus propios verdugos, o sea “¡Dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho, y comedme!”. Y tras esto, gritó “¡Gracias, Señor Jesucristo, porque he merecido franquear las puertas de tu reino”, y murió.

Pero volviendo a la realidad, ¡vaya si vimos estrellas y estrellas fugaces durante esa noche! Entre las nubes que se distinguían de la Vía Láctea, vimos caer meteoros de todos los tamaños y colores. Algunos de estos meteoros eran pequeñas estrellas fugaces que más que verse se intuían, y uno podría dudar de si realmente lo vio, si no fuera porque la otra parte también la había visto. Pálidas luces y estelas que duraban lo mismo que una pequeña chispa en la oscuridad. Otros se veían claramente, como pequeñas estrellas cayendo del cielo. Pero de todos ellos, los más impresionantes sin duda eran los grandes meteoros que vimos caer que dejaban una larga estela a su paso, de colores variables, y que en algunos casos incluso siguieron rutas curvas o fluctuantes o se dividieron y estallaron en pequeños fragmentos o pedazos al entrar en la atmósfera.

Allí estuvimos tumbados, mi pareja y yo, contemplando aquel maravilloso cielo nocturno, como si se tratase del reflejo inverso de un cielo celeste en las aguas de un mar tranquilo, mientras poco a poco la cálida temperatura descendió hasta tener frío, obligándonos a acurrucarnos juntos, en un abrazo.

¡Qué agradable me resultó sentir de nuevo el roce de su piel, su cuerpo contra el mío! No pude evitar pensar en aquellos primeros días en que nuestras piernas, nuestros brazos o nuestras manos se rozaban haciéndonos sentir mil sensaciones distintas de intenso placer. Despertar en mí aquel sentimiento que uno siente en los primeros días de descubrir un amor...

Debatimos y hablamos largamente, allí tendidos, acompañados por el canto de los grillos, el croar de los sapos, el ulular de los búhos, el aullido de los zorros y toda una miríada de sonidos desconocidos que surgían de la oscuridad. Sólo el ocasional sonido  lejano de algún coche, en una aún más lejana carretera, nos recordaba que, en algún otro lado, aún existía la humanidad.

¡Me levanté del suelo y bailé bajo la luz de la luna, cantando una canción de mi propia invención, que hablaba de magia, demonios, misterio y qué sé yo! Escuché la risa de mi amada.

¡Qué hermoso era todo! ¡Qué paz había!

Allí pasamos la noche, bajo la luz de las estrellas...

domingo, 14 de agosto de 2016

CÓMO SABER SI CONVIVES CON ALGUIEN QUE SUFRE TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD (TLP)

Hace años conviví con una persona con trastorno límite de la personalidad (abreviado TLP). Fue una experiencia maravillosa y terrible a la vez. No es fácil llevar una relación así, ya que el desgaste emocional es continuo y tu vida se acaba convirtiendo en una montaña rusa emocional con constantes altibajos que van desgastándote tanto física como psíquicamente, ante una situación que puede llegar a desbordarte. Durante aquella relación aprendí mucho en el proceso, y mucho más a posteriori, cuando a través de otras personas que padecían este mismo trastorno, llegué a comprender cosas que no entendí en su momento. Este pequeño artículo pretende, pues, ser una ayuda para todos aquellos que conviven con alguien que padece este trastorno, que en muchos momentos pueden sentirse solas y desamparadas ante un problema que no saben como afrontar.


Cuando alguien vive junto a una persona que sufre trastorno límite de la personalidad, puede encontrarse indefenso y tener que luchar ante toda una serie de sentimientos enfrentados; ¿cómo una persona puede ser totalmente maravillosa en un momento, y al otro transformarse en todo lo contrario? Los cambios súbitos y constantes de humor de un TLP pueden ser tan repentinos y desaparecer con tal rapidez que uno, llegado a cierto punto, puede sentirse superado, e incluso puede llegar a cuestionarse la realidad, creyendo si no se estará imaginando algunos de estos hechos, magnificándolos o sacándolos de contexto. Los reproches, la ira, los insultos, las amenazas, las autolesiones o los intentos de manipulación pueden convertirse en una constante dentro de la relación familiar o de pareja que van mermando poco a poco la capacidad de las personas que conviven con alguien que sufre este trastorno de personalidad, hasta el punto de poder caer en la desidia, la apatía o la desesperación, llegándose a aislar del mundo que le rodea.

Efectivamente, la convivencia con una persona con trastorno límite de la personalidad puede llegar a desbordarnos y no ser nada fácil. El mejor modo de enfrentar este problema es empezar a entenderlo, pero también empezar a entender lo que uno mismo está viviendo ante esta situación.

A continuación os dejo un pequeño cuestionario que os puede resultar de ayuda y guía para saber si podéis estar conviviendo con una persona con TLP. A pesar de ello, y ante la sospecha de que ése sea el caso, siempre hay que tener en cuenta que para tratar este tema adecuadamente es necesario el diagnóstico de un profesional, y este cuestionario sólo es un punto de referencia, una guía que no pretende dar ningún consejo sobre como convivir con el TLP; en todo caso, eso ya sería un tema para otro artículo.

Las respuestas afirmativas en la mayoría de estas preguntas podrían ser un claro indicativo de que la persona con la que convivimos es TLP, aunque en una instancia final sería necesario el diagnóstico profesional para verificarlo. Por otro lado, hay que tener en cuenta que cada persona es un mundo: pretender encasillar a las personas según un estereotipo sería cometer un tremendo error, pues cada individuo está conformado por sus propias vivencias personales, su modo de actuar y su modo de sentir, y la intensidad de las respuestas que ésta persona puede dar dentro de trastorno límite de la personalidad pueden variar mucho de una persona a otra.

¿MANTIENES UNA RELACIÓN CON UNA PERSONA CON TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD (TLP)?

  1. ¿Ocultas lo que realmente piensas o sientes porque tienes miedo de la reacción de esa persona?
  2. ¿Crees que no merece que valga la pena la horrible pelea o los sentimientos heridos que seguramente vengan después?
  3. ¿Sientes como si caminaras sobre cáscaras de huevo la mayor parte del tiempo y que no importa lo que hagas o digas, porque le dará la vuelta y lo usará en tu contra?
  4. ¿Eres culpado y criticado por todo lo que va mal en la relación, incluso cuando esto no tiene sentido lógico?
  5. ¿Eres el foco de intensas, incluso violentas, iras que no tienen sentido, alternando con períodos en los que esa persona actúa de manera perfectamente normal e incluso cariñosa?
  6. ¿Sientes que eres manipulado, controlado o incluso engañado algunas veces?
  7. ¿Sientes que esa persona (que te importa) te idolatra o te desprecia, sin puntos intermedios? ¿Deseas que actuase como solía, cuando parecía quererte y pensar que eras perfecto y que todo era maravilloso?
  8. ¿Sientes que la otra persona es como el Doctor Jekyll y Mr. Hyde, un momento una persona cariñosa que se preocupa, otro momento alguien que parece tan villano que apenas puedes reconocerlo? ¿Te preguntas cuál de los dos es el de verdad? ¿Esperas que sea una fase pasajera, pero no lo es?
  9. ¿Sientes que estás en una montaña rusa emocional con subidas muy altas (cosas increíbles y fantásticas) y bajadas muy profundas (sentimientos de desesperación, depresión, dolor por la relación que creías que tenías)?
  10. ¿Tienes miedo de pedir porque te han dicho que exiges demasiado o que algo malo pasa contigo? ¿Te han dicho que tus necesidades están mal o no son importantes?
  11. ¿Te preguntas si estás perdiendo la perspectiva de la realidad porque la otra persona siempre te está despreciando o negando tu punto de vista.? Además, ¿la otra persona a menudo actúa correctamente delante de otra gente, así que nadie te cree cuando explicas lo que está ocurriendo?
  12. ¿Sientes que hagas lo que hagas no está bien, y cuando te las arreglas para hacer lo que la otra persona quiere, de repente cambian sus expectativas. Las reglas no paran de cambiar y no importa lo que hagas , nunca puedes ganar? ¿Te sientes sin ayuda y atrapado?
  13. ¿Eres acusado de hacer cosas que nunca hiciste y de decir cosas que nunca dijiste? ¿Te sientes incomprendido una gran parte del tiempo, y cuando te intentas explicar, esa persona no te cree?
  14. ¿Eres constantemente humillado, pero cuando intentas dejar la relación la otra persona intenta evitar que te vayas de multitud de maneras – cualquier cosa desde declaraciones de amor y promesas de cambio hasta amenazas directas o indirectas como “nunca mas volverás a ver a los niños” o “nadie excepto yo te querrá jamás”?
  15. ¿Te es muy difícil planear algo ( reuniones sociales...) por culpa del estado de ánimo de la otra persona, su impulsividad o imprevisibilidad? ¿A veces incluso pones excusas ante los demás por su conducta – o intentas convencerte a ti mismo de que ese es el comportamiento normal?
  16. ¿Lees la lista anterior y piensas “¡Dios mío, no tenía ni idea de que a otra gente le ocurriese lo mismo!”? Pues hay un nombre para esto: Trastorno Límite de la Personalidad.

SÍNTOMAS EN EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD (TLP)

El trastorno límite de la personalidad (abreviado TLP) -también conocido como trastorno borderline, trastorno limítrofe, trastorno fronterizo o trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad- es, con mucho, el más común de los trastornos de la personalidad, ya que se calcula que afecta entre 0,2 y 1,8 % de la población general. A pesar de ello, su diagnóstico puede ser complicado, ya que, pese a ser uno de los trastornos de personalidad más estudiados, a menudo es co-ocurrente con otros trastornos del estado de ánimo, y también es confundido frecuentemente con el trastorno bipolar por tener ciertas similitudes con el mismo, aunque la temporalidad y duración de los episodios de cambios de ánimos repentinos difieren mucho en uno y otro caso.


El trastorno límite de personalidad se caracteriza, principalmente, por una enorme inestabilidad emocional del individuo, un pensamiento extremadamente polarizado y dicotómico (donde frecuentemente las cosas son blancas o negras, sin que existan términos medios), y unas relaciones interpersonales caóticas y fluctuantes que generalmente suelen afectar a la gente más cercana y allegada a ellas (familia, pareja amigos íntimos o compañeros de trabajo)-, a lo que hay que añadir una inestabilidad generalizada del estado de ánimo, la seguridad, la autoimagen y de la conducta, así como del sentido de identidad, que puede llegar a llevar a periodos de disociación.

Sería difícil hacer un retrato-robot de una persona que sufre trastorno límite de la personalidad. Cada individuo es un mundo sí mismo, con sus propias vivencias, recuerdos y personalidad, y un conjunto de síntomas no hacen justicia a la complejidad humana de cada persona y, por ello mismo, cada persona debe ser tratada individualmente.

Por el mismo hecho, muchas de las características comunes al trastorno límite de la personalidad, pueden ser encontrado en otros tipos de trastornos o, incluso, a menudo, en momentos puntuales, en ciertos momentos de la vida de cada individuo. Sin duda, lo que decide que eso sea un hecho aislado o puntual, o bien derive hacia algún tipo de trastorno anímico o de personalidad, es la durabilidad en el tiempo y la intensidad de estos hechos.

El cambio rápido de emociones, la impulsividad, las reacciones de ira inapropiada, la manipulación y los intentos de llamar la atención de los otros, la idea o miedo al abandono, el sentimiento de vacío, los impulsos autodestructivos, la ruptura repentina y generalmente iracunda con las relaciones personales por hechos banales o sin importancia, el sentimiento de vacío, ideación paranoide pasajera dependiente del entorno o la identidad inestable... Éstas son algunas de las características del trastorno límite de la personalidad.

Hacer una evaluación de un diagnóstico corresponde a los profesionales, pero evidentemente, los siguientes puntos pueden servir como guía o referencia...

PENSAMIENTOS QUE PUEDEN INDICAR TLP

El sujeto:
  1. Alterna entre ver a una misma persona como maravillosa o malvada. Tiene dificultad en recordar las cosas positivas sobre esa persona en los momentos en que la ve como un enemigo o un villano.
  2. Por el contrario, le resulta imposible recordar algo negativo sobre esa misma persona cuando la convierte en su “héroe”, llegándola a idolatrar.
  3. Alterna entre ver a otros como completamente a favor o en contra.
  4. Alterna entre ver situaciones como completamente desastrosas o ideales.
  5. Alterna entre verse a si misma como alguien inútil o importante.
  6. Le es difícil recordar el amor de alguien cuando hace tiempo que no está cerca.
  7. Cree que los demás están completamente equivocados o en lo cierto.
  8. Cambia su opinión dependiendo de con quién esté.
  9. Alterna entre idealizar a la gente o devaluarla.
  10. Recuerda situaciones de forma muy diferente al resto de la gente, o se encuentra con que es incapaz, simplemente, de recordarlas.
  11. Cree que los otros son responsables de sus acciones, o toma demasiada responsabilidad sobre las acciones de los demás.
  12. No está dispuesto a admitir un error o, por el contrario, siente que todo lo que hacen es un error.
  13. Basa sus creencias en sentimientos en vez de en hechos.
  14. No se da cuenta de los efectos de su comportamiento en los demás. Aunque en algunos momentos puede ser consciente de este hecho, es capaz de suprimirlo totalmente en los momentos de ira o sentimientos negativos.

SENTIMIENTOS QUE PUEDEN INDICAR TLP

El sujeto:
  1. Se siente abandonado ante la mínima provocación.
  2. Tiene estados de ánimo extremos que varían muy rápido (en segundos, minutos u horas).
  3. Tiene dificultad en controlar sus emociones.
  4. Siente emociones tan intensamente que le es difícil poner las necesidades de los demás antes que las propias, incluyendo la de los propios hijos.
  5. Se siente desconfiado y sospechoso gran parte del tiempo.
  6. Se siente vacío o como no si no fuese uno mismo la mayor parte del tiempo.
  7. Se siente ignorado cuando no es el centro de atención.
  8. Expresa enfado de forma inapropiada o tiene dificultad simplemente para mostrarlo.
  9. Siente que nunca puede tener suficiente cariño, afecto o atención.
  10. Frecuentemente se siente distanciado, irreal o fuera de todo.

COMPORTAMIENTOS QUE PUEDEN INDICAR TLP

El sujeto:
  1. Tiene dificultad observando los límites personales de otros.
  2. Tiene dificultad definiendo los propios límites personales.
  3. Actúa impulsivamente de maneras que son potencialmente autolesivas, tales como gastar demasiado, involucrarse en sexo peligroso, pelearse, ludopatía, abuso de alcohol o drogas, conducción temeraria, hurtos en tiendas, comer de forma desordenada, etc.
  4. Se autolesiona. Por ejemplo: se corta o quema la piel a propósito.
  5. Amenaza con suicidarse.
  6. Se aventura en relaciones basadas en fantasías idealizadas sobre lo que le gustaría que fuese la otra persona o la propia relación.
  7. Cambia sus expectativas de forma que la otra persona siente que nunca puede hacer algo bien.
  8. Tiene terror, iras impredecibles que no tienen sentido o, simplemente, tiene problemas para mostrar enfado.
  9. Abusa físicamente de otros. Por ejemplo: da bofetadas, pega o araña.
  10. Actúa de forma impredecible.
  11. Alterna entre querer estar cerca de alguien y luego querer distanciarse.
  12. Echa a gente fuera de su vida por asuntos triviales.
  13. Actúa de manera competente y controlada en algunas situaciones y extremadamente fuera de control en otras.
  14. Abusa verbalmente de los demás, insultándolos, criticándolos y culpándolos hasta el punto de la brutalidad.
  15. Es verbalmente abusivo con gente que conoce muy bien, mientras que se muestra encantador ante otros. Puede cambiar de un extremo a otro en segundos.
  16. Dice o hace cosas inapropiadas para reclamar el foco de atención cuando se siente ignorado.
  17. Acusa a otros de hacer cosas que no hacen , de tener sentimientos que no sienten, o creer cosas que no creen.

ALGUNOS DE LOS SÍNTOMAS DEL TLP SEGÚN EL DSM-IV

En el DSM-IV, un manual ampliamente utilizado como guía para diagnosticar trastornos mentales, e citan los siguientes criterios diagnósticos para el trastorno límite de la personalidad, de los cuales, deben presentarse al menos cinco de los nueve criterios enumerados más abajo siempre que al mismo tiempo estén presentes durante un periodo considerable de tiempo.

Síntomas afectivos
  • Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (por ejemplo, episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y rara vez unos días).
  • Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla (por ejemplo, muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).
  • Sentimientos crónicos de vacío o inutilidad.
Síntomas impulsivos
  • Comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes o comportamiento de automutilación.
  • Un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por extremos de idealización y devaluación.
  • Impulsividad en al menos dos áreas que es potencialmente dañina para sí mismo (por ejemplo, gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida). Nota: no se incluyen los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen más arriba.
Síntomas interpersonales
  • Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado. Nota: no incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen más arriba.
  • Alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable.
Síntomas cognitivos
  • Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves.

Más allá de la problemática del trastorno límite de la personalidad en la persona que padece este trastorno, está la problemática que surge alrededor de la gente más allegada al individuo que la sufre -parejas, familiares, amigos...-, ya que a menudo esos sujetos pueden sentirse desbordados frente a las reacciones extremas de un TLP-

Cómo saber si convives con alguien que sufre trastorno límite de la personalidad (TLP)

viernes, 12 de agosto de 2016

SUEÑOS LÚCIDOS ... o el arte de dominar los sueños

Algunas de las personas que me conocen saben que a menudo me he defino como un onironauta, un viajero de los sueños; ello es así porque a veces, cuando sueño, soy capaz de tomar consciencia del hecho mismo de que estoy soñando, y ello me ha permitido, a lo largo de los años, “vivir” diversas aventuras oníricas y disfrutar de los sueños de un modo similar al que uno puede disfrutar de un buen libro o una buena película. Este hecho puede sorprender a algunas personas, que se preguntarán si eso es posible y, en caso afirmativo, cómo. En realidad, no es nada del otro mundo, sino que hablamos de lo que la ciencia ha dado por llamar sueños lúcidos, esto es, cuando un soñador es capaz de reconocer que está soñando, algo que la mayor parte de la población ha vivido por lo menos en algún momento de su vida, aunque sea durante el transcurso de una pesadilla, cuando la toma de consciencia del hecho de soñar precede el despertar mismo.


No sé hasta que punto las personas que tienen sueños lúcidos disfrutarán de ello, pero yo lo he hecho a menudo (mucho más en el pasado que no en la actualidad, todo hay que decirlo), soñando diversas aventuras fantásticas en las que aparecían diferentes animales, personas y criaturas fabulosas, algunas nacidas de mi propia imaginación o de influencias variadas, como pueden ser la literatura, el cine o los cómics, entre muchas otras. Tal es el caso, que recogiendo parte de las criaturas oníricas las que soñé, y continúo soñando, en alguna ocasión, ya fuesen procedentes de sueños lúcidos o de sueños cotidianos, llegué a crear lo que me dio por llamar como Mundo-Sueño, y en este mundo corrí parte de mis aventuras oníricas, sobre las que ya he hablado en otro artículo (ver: El onironauta – Experiencias oníricas en el mundo de los sueños).

Sin embargo, más allá de mis propias experiencias personales, en este artículo quiero hablar explícitamente los sueños lúcidos en cuestión, qué son, como funcionan y cuales son los mecanismos que los activan, explicando incluso algunas técnicas para llegar a tenerlos, aunque eso requiera, quizás, un poco paciencia y de práctica.

Pero vayamos por pasos...


¿QUÉ ES UN SUEÑO LÚCIDO?

Se habla de sueños lúcidos (entendiendo el adjetivo “lúcido” como sinónimo de “consciente”) cuando un soñador es capaz de reconocer que está soñando y, dando un paso más allá, esa misma toma de consciencia dentro del propio sueño le permite controlar sus sueños en menor o mayor medida, pudiendo de este modo llegar a alterar  el argumento o la lógica del mismo, controlando deliberadamente no sólo las propias acciones dentro del sueño, sino también el contenido y desarrollo del mismo, llegando incluso, en algunas ocasiones, a poder retomar esos mismos sueños en distintos momentos, continuándolos allí donde se dejaron la última vez que se despertó, soñando por “capítulos”, por describirlo de algún modo.


Los sueños lúcidos pueden ser espontáneos –desencadenándose generalmente debido a un proceso fortuito interno o externo del propio soñador (esto es, en la mayoría de los casos), o bien mediante la práctica o aprendizaje-, o bien pueden ser inducidos alterando levemente la consciencia del soñador cuando éste está soñando.

El grado de lucidez en un sueño variará desde la toma de la conciencia mínima (el soñador es consciente que está soñando) hasta el sueño lúcido ideal, descrito por el psicólogo de la Gestalt Paul Tholey, que distinguía el sueño normal del lúcido en base a siete criterios, de los cuales consideraba esencial satisfacer como mínimo los cuatro primeros. Estos criterios son:

  • Consciencia del sueño por parte del soñador.
  • El soñador es capaz de disponer de su libre albedrío.
  • El soñador cuenta con sus capacidades normales de raciocinio.
  • La percepción de los cinco sentidos del soñador es comparable a los de la vigilia.
  • El soñador cuenta con los recuerdos de los que dispone cuando está despierto.
  • Al despertar, el soñador es capaz de recordar con claridad su sueño.
  • El soñador es capaz de interpretar el sueño dentro del sueño mismo u otro modo.

La mayoría de los sueños lúcidos se suceden durante las fases de sueño paradójico y durante las últimas horas de sueño, mencionando su ocurrencia durante los estadios de sueño lento y ligero. Son, asimismo, más frecuentes durante la siestas al mediodía, quizás debido a que entonces suele tenerse el sueño más ligero. Varios estudios han demostrado diferencias de contenido entre los sueños lúcidos y los ordinarios, ya que los primeros suelen contener emociones más intensas, tanto positivas como negativas, tal como pueden ser algunos sueños de carácter sexual o las pesadillas.

Considerar la lucidez onírica como un continuo condujo a los investigadores a la asociación de distintas situaciones oníricas cercanas al sueño lúcido bien por su semejanza, bien por su aparición en el tiempo, aunque no son propiamente sueños lúcidos. Éstos casos son:

  • Sueños prelucidos. Ciertos sueños en los cuales el sujeto es capaz de emitir una duda sobre la realidad de su entorno sin advertir plenamente que está soñando.
  • Sueños de falso despertar. En los sueños de falso despertar, el sujeto cree haber despertado a la vigilia, siendo que sólo ha cambiado de sueño. Aunque no se trata propiamente de un sueño lúcido, sí se los sitúa en las proximidades de la lucidez onírica.
  • Parálisis del sueño. La parálisis del sueño consiste a la vez en la atonía muscular característica del sueño paradójico y de la parasomnia que se produce cuando se está comenzando o terminando el sueño. En el trastorno del sueño, el sujeto se siente paralizado, incapaz de moverse o de hablar, pudiéndose presentar también alucinaciones visuales, auditivas o táctiles. Algunos métodos de inducción del sueño lúcido se dirigen a alcanzar ese estado con el fin de entrar conscientemente en el sueño.
  • Experiencias extracorporales. Algunos sueños lúcidos se caracterizan por la impresión de que el sujeto percibe su propio cuerpo y observar el entorno desde una posición diferente a la que ocupa su propio cuerpo.


LAS FASES DEL SUEÑO LÚCIDO

Se suele clasificar los sueños lúcidos en dos tipos según el modo en que aparece la lucidez: durante el sueño (aquellos en los que el sujeto se hace consciente de su condición en el curso de un sueño) o al quedarse dormido (aquellos en los que se entra conscientemente al sueño desde un estado de vigilia). Vale la pena anotar que más del 80% de los sueños lúcidos entran dentro de la primera categoría descrita, esto es, durante el curso del sueño.


Durante el sueño. Cuando la lucidez aparece durante un sueño, el sonador tiene la impresión de despertar dentro del mismo sueño y siente que puede seguir soñando, aun sabiendo que sueña. Según Celia Green, hay cuatro factores que inducen al reconocimiento del sueño: las tensiones de una situación de pesadilla, las cuestiones planteadas por un contenido onírico incongruente e irracional, el recuerdo de una observación técnica introspectiva o el reconocimiento espontáneo, sin razón aparente, de que la experiencia es diferente de la del estado de vigilia. Respecto al primer factor, si bien las emociones violentas y sexuales son una causa frecuente de lucidez, esta también puede aparecer por una emoción fuerte pero con connotaciones agradables. Es raro que el sueño lúcido ocurra gradualmente.

A partir de la vigilia. Cuando el sueño lúcido es una continuación del estado de vigilia de la conciencia, el sujeto tiene dos indicadores para saber que está soñando: la sensación de ser parte integral del sueño y la pérdida (o modificación) de las sensaciones corporales. Para dormirse conscientemente, el sonador debe pasar por el estado hipnagógico durante el cual las imágenes hipnagógicas, o alucinaciones auditivas, o incluso relativas a la propiocepción (sensación de flotar o girar, sensación de caída, vibraciones, entumecimiento o parálisis, sensación de estar fuera del cuerpo). En algunos casos, la conciencia del sueño presenta las fluctuaciones, e incluso lapsos de sueño de los que el sujeto no guarda memoria. Sin embargo, se considera que se trata de sueños lúcidos, pues la pérdida temporal de conciencia se produce antes de la actividad onírica.

El hecho de saber que se sueña permite al soñador ampliar su abanico de opciones en el propio sueño, así como abordar el contexto onírico con una mayor libertad de acción. No sólo puede controlarse a sí mismo y a sus actos, sino también intervenir deliberadamente en el ambiente, los personajes y el desarrollo de su sueño. Ciertas acciones se presentan con una gran regularidad, como soñar que se vuela o se levita, pero han sido señaladas otras experiencias más inhabituales, como la salida del propio cuerpo, las transformaciones en animales y otras criaturas fantásticas, el desdoblamiento de la visión, la visión panorámica, la ralentización del tiempo y las experiencias de carácter cósmico como la evolución en espacios con cuatro dimensiones. El sonador también puede influir la dirección del sueño tomando la decisión de prolongarlo y, a veces, incluso interrumpirlo y luego retomarlo durmiéndose pocos segundos después (aunque esto puede llegar hacerse unas horas después o, incluso, en días consecutivos).


Aunque en teoría se pueda tener todas las experiencias imaginables, las creencias culturales y personales del soñador, sus expectativas conscientes o preconscientes, sus especulaciones sobre la posibilidad de que ocurra o no de cierta acción, en particular por la influencia ejercida por otras narraciones, determinarán notablemente la apariencia de los sueños así como la capacidad del sonador de modificarlos.

Del mismo modo, la propia experiencia del sujeto con este tipo de sueños, su grado de lucidez, es decir el punto hasta el cual logra conservar su capacidad de raciocinio, de juicio y de tomar distancia con respecto al aspecto ilusorio de la situación, así como respecto a las emociones que desencadena, influirán en el contenido y los matices de la experiencia. En lo relativo a la percepción, ésta puede ir de un estado de confusión a una impresión de gran vivacidad y realismo. Diferentes criterios de la experiencia, que conciernen tanto la conciencia de sí mismo como el contexto onírico, son pues susceptibles de grandes variaciones según el soñador, el sueño, e incluso los diferentes momentos de una misma experiencia onírica.

La manera como la lucidez onírica termina puede definirse como la pérdida de la consciencia de soñar. O bien se vincula a la desaparición del sueño y el soñador se despierta, a veces de manera voluntaria, otras debido a emociones muy intensas, o bien el soñador se relaja en su vigilancia onírica, dejándose distraer, favoreciendo así la disipación de la lucidez, lo que lo conducirá de nuevo a un sueño ordinario y sin control. En ciertos casos, la lucidez se pierde en un sueño ordinario debido a la transición de una escena onírica a otra, que puede, por ejemplo, manifestarse mediante un falso despertar. Éste cambio de escena hace que el soñador relaje su vigilancia respecto al sueño lúcido, lo que hará que fácilmente vuelva a quedar atrapado en un sueño normal, sin poder ejercer ningún tipo de control sobre él, a no ser que se dé cuenta, de nuevo, de que está soñando.


COMO TENER SUEÑOS LÚCIDOS

A la hora de tener sueños lúcidos de una manera consciente, del mismo modo que cuando queremos recordar los sueños que tenemos en el transcurso de una noche, la motivación es una condición previa indispensable para conseguirlo. Para llegar a este fin, existen varios métodos para inducir el sueño lúcido, que se pueden clasificar en tres grandes categorías.


Adormecimiento consciente

Mediante este método, el sujeto entra deliberadamente en el sueño desde la vigilia evitando perder la consciencia durante el proceso. Esta idea está sujeta a una gran cantidad de variaciones. Es posible concentrarse en la actividad hipnagógica, en la visualización voluntaria, en una tarea mental o incluso prestar atención a la respiración, los latidos del corazón u otras sensaciones físicas, como escuchar música. Los métodos de adormecimiento consciente son más asequibles a las personas que tienen facilidad para dormirse.

Toma de consciencia en el sueño

Este método supone la capacidad de recordar con precisión el contenido de los sueños. Busca que el sujeto sea consciente de que sueña dentro del sueño en curso. Se pueden aplicar varios principios basados en el reconocimiento de temas oníricos frecuentes, la sorpresa suscitada por situaciones incongruentes, la intención de encontrar un objeto en el sueño, o simplemente la intención de ser consciente de su estado de soñador.

Algunos de estos métodos dan prioridad a la autosugestión; uno de los más conocidos es la inducción mnemónica de sueños lúcidos, conocida como MILD (del inglés Mnemonic Induction of Lucid Dreams) desarrollado por Stephen LaBerge, que recurre a la memoria prospectiva, asociando un despertar matinal con una vigilia de cerca de tres cuartos de hora y, antes de volver a dormirse, una visualización y una autosugestión con el fin de recordar tomar consciencia en el próximo sueño. LaBerge demostró que una interrupción del sueño durante la noche, seguida por un estado de vigilia de entre cuarenta y cinco minutos y una hora antes de volverse a dormir (este principio se llamó Wake Back to Bed, en español “despertar, regreso a la cama”) aumentaba significativamente las posibilidades de la aparición de la lucidez onírica. En la misma dirección, también se ha empleado la sugestión posthipnótica.

Otros métodos se basan en el análisis del estado de la consciencia, como el “reflexivo-crítico” descrito por Paul Tholey, que tiene como objeto ejercer una facultad crítica durante la jornada marcando la autoconsciencia y el entorno, una facultad generalmente inactiva durante el sueño ordinario. Con tal fin, el sujeto duda de la realidad de su entorno y efectúa diferentes test o pruebas de realidad.

Utilización de estímulos externos

Estos métodos se basan en el principio de los estímulos externos (luces, palabras, sonidos, vibraciones, etc.) que pueden emitirse durante la fase de sueño paradójico para permitirle al sujeto darse cuenta de que sueña. Hearne utilizó la detección del cambio de ritmo respiratorio para desencadenar un ligero choque eléctrico en la muñeca. LaBerge desarrolló las gafas Novadreamer, que detectaban el movimiento ocular rápido y enviaban señales luminosas. El empleo de estos dispositivos por separado es poco eficaz y debe asociarse con una buena preparación mental, pues de lo contrario los estímulos se incorporan en el imaginario del sueño ordinario.


MI EXPERIENCIA PERSONAL CON LOS SUEÑOS LÚCIDOS

En el caso de mi experiencia personal, la mayoría de sueños lúcidos que he tenido han ocurrido en algún momento en que la lógica me indicaba que alguna cosa no era posible o rompía con mis esquema de credibilidad, ya fuera en un contexto contemporáneo o no contemporáneo. Por ejemplo, el hecho de que un animal me hablase en un contexto contemporáneo puede hacerme dar cuenta de que estoy soñando, cosa que, sin embargo, no me sucede, quizás, en un contexto de corte fantástico; por otro lado, la aparición de un arma de fuego o un coche deportivo en un contexto medieval, puede hacer que me dé cuenta de que estoy soñando, al no cuadrar dentro de mi visión de dicho contexto. Es en esos momentos cuando, dentro del mismo sueño, me pregunto si no estaré soñando, y en caso de que la respuesta sea afirmativa y ningún estímulo del propio sueño desvíe mi atención, entro en la fase de sueño lúcido.


En el momento en que me doy cuenta que estoy soñando, ya me ha es posible intervenir en el ambiente y el desarrollo del sueño, tomando siempre mis propias decisiones dentro del transcurso del mismo, aunque con más libertad en unas situaciones que en otras. Por ejemplo, en sueños de corte medieval fantástico, a menudo he podido hacer aparecer cosas que me han ayudado dentro del mismo -un arma, un vehículo de desplazamiento, un edificio...-, pero generalmente sólo lo he podido hacer dentro de lo que era coherente en ese contexto -como podría ser una espada, un caballo, un castillo o, incluso, un dragón-, pero no algo que no se adecue a ese contexto –como podrían ser una ametralladora, un tanque o un rascacielos, que sin embargo si me cuadrarían dentro de un contexto contemporáneo.

Del mismo modo, aunque por lo general me resulta difícil hacer aparecer cosas de la nada, como una puerta en un muro que tengo frente a mí, en el caso de una huída-, sí que puedo hacer que éstas aparezcan siguiendo cierta lógica -por ejemplo, si busco una puerta, ésta no aparecerá de repente frente mío en un muro donde antes no había nada, pero sí lo hará, por ejemplo al girar una esquina o mirar en cualquier lugar donde antes no había mirado, como si siempre hubiese estado ahí. No me aparecerá un caballo surgido de la nada, pero sí podrá aparecer surgiendo de la espesura...

Supongo que esto es así porque aunque soy una persona muy imaginativa, siempre he tenido la mente muy atada a la realidad, y soy de esas personas que tocan con los pies en el suelo. Por eso, aunque mis sueños suelen ser muy fantásticos, en cierto modo casi siempre siguen ciertas pautas lógicas o regladas que le dan cierto sentido, y los argumentos de los mismos sueños suelen ser parecidos a los de un libro o una película, aunque pudiendo llegar a tener ciertos toques surrealistas.

En mis sueños lúcidos (y también en los no lúcidos), he estado muy influenciado por la literatura, los juegos de rol, el cine y los cómics, pero también han  influido algunas vivencias de la realidad, a menudo relacionadas con experiencias del día anterior. Obras como Las aventuras oníricas de Randolph Carter, de H.P. Lovecraft, los relatos oníricos de Lord Dunsany o el libro de Las 1001 noches han influido enormemente sobre este tipo de sueños.

Por lo general, en los sueños lúcidos soy capaz de hablar con todo tipo de personajes, incluyendo monstruos y animales, y mis sentidos parecen más vividos, pudiendo sentir incluso sabores y olores, como el sabor de un vaso de ginebra o el olor de la tierra húmeda y en descomposición de un bosque. Es en momentos así cuando a menudo me he dado cuenta que estoy soñando y participo más activamente en los sueños.

Y hay muchos otros hechos que me pueden permitir darme cuenta que estoy soñando, como respirar bajo el agua y descubrir que no me ahogo, creer que voy a morir y no aceptar esa idea, o el sencillo hecho de volar, que al darme cuenta de que es algo imposible, me ha hecho plantear si no estaré soñando, momento en que descubro que, efectivamente, es así.

Fuera de lo que son las horas nocturnas, he podido provocarme o autoinducirme sueños lúcidos haciendo siestas acompañado de música clásica con ciertos toques épicos (con la “Sinfonía del nuevo mundo” de Dvorak conseguía muy buenos resultados), que ha menudo han ido precedido de imágenes hipnagógicas de paisajes naturales (bosques, desiertos, mares...) o edificios, casi siempre de corte fantástico o medieval, incluyendo edificaciones de tipos. En algunos casos estos sueños simplemente se han convertido en sueños muy vividos, pero en otros casos han pasado a convertirse en sueños lúcidos, donde he podio participar de forma activa.

Del mismo modo, durante la adolescencia, a menudo unía estas experiencias oníricas de una noche a otra, de modo que soñaba como si las aventuras que vivía estuviesen serializadas. Esta es una capacidad que fui perdiendo y hace años que ya no he sido capaz de realizar, a no ser que sea durante el transcurso de una misma noche.

martes, 9 de agosto de 2016

RECUERDOS NOSTÁLGICOS: LOS SOBRES SORPRESA

Cuando los sueños venían dentro de un sobre de papel...


Recuerdo que en mi infancia existían unos sobres sorpresa que en su interior contenían, tal y como ya anunciaban siempre unas magníficas ilustraciones exteriores, figuras de plástico de todo tipo: ejércitos de soldados, maquetas de vehículos (tanques, aviones, automóviles, barcos, naves espaciales...), indios y vaqueros, menaje de cocina o del hogar, objetos que hacían alusiones a distintos oficios o, incluso, ¡dinosaurios y monstruos!

Creo que los sobres sorpresa –recuerdo la marca Montaplex, aunque sin duda existieron otras- fueron uno de los juguetes más modestos y baratos que existieron en aquellos años de mi infancia, pero, a su vez, uno de los que más alimentaron no sólo mi imaginación, sino la todos los niños y niñas de aquella época.


¿Qué otro juguete, sino, te permitiría tener un todo un ejército de soldados por 5, 10 o 15 pesetas? ¿O bien obtener la maqueta de un tanque o un avión con todo lujo de detalles? ¿O tener un menaje completo de cocina, con menú incluido? ¿O el mobiliario clásico de cualquier casa? ¿E incluso castillos u otros edificios? Las posibilidades eran muchas, y cuando ibas a comprar uno de estos sobres, siempre tenías distintas temáticas donde elegir; lo que encontraras dentro una vez los compraras, ya era un enigma.

Eran otros tiempos, éstos eran juguetes para jugar y para compartir. Evidentemente uno podía jugar solo con ellos, pero era mucho más divertido comprar uno de esos sobres, por ejemplo, e intercambiar unas piezas u otras, por otras que te podían interesar más. Siete soldados de infantería y un tanque, por un triceratops o  un tiranosaurio rex, dos dinosaurios, por la maqueta de un avión. Y ¿porqué no?, a veces intercambiábamos algunas de estas piezas con las chicas, ya que el contenido de “sus” sobres, a veces también podían resultarnos interesantes. Y digo “sus” sobres, porque en aquella época, como aún sucede hoy en día con según que juguetes, había una marcada diferenciación en el tipo de contenido de los mismos según cada género.


Las escalas de medida de las figuras del contenido un sobre no sólo variaban de un sobre a otro, sino que podían variar también en el contenido de un mismo sobre. Así, podías obtener quizás doce figuras soldados de infantería de un tamaño concreto, y una o dos figuras de soldados de un tamaño mucho mayor, o quizás cuatro de cuatro tanques que, en proporción, eran de un tamaño mucho menor.

Sea como sea, para un niño, era muy fácil combinar todos aquellos objetos independientemente de su temática o el tamaño de los mismos; esto era el poder de la imaginación.


Es cierto que la mentalidad de los niños de hoy es muy distinta a la de los niños de entonces, y va mucho más ligada a la tecnología, pero no dudo que muchos de estas figuritas, vehículos y toda una serie de otros objetos variopintos, a día de hoy continuarían haciendo las delicias de muchos niños, sino también de muchos adultos aficionados al modelismo, los wargames o los juegos de rol.

Recuerdo que estos sobres se vendían en todo tipo de tiendas susceptibles de ser visitadas por los críos, como los quioscos, librerías y tiendas de chucherías, pero también se vendían frecuentemente en estancos y bares, donde no era raro que algunos padres con sus hijos. Eran otros tiempos, sin duda.


De entrada, cuando uno compraba uno de estos sobres, lo hacía atraído por unas magníficas ilustraciones a todo color que nos evocaban el interior de su contenido. Éste podía hacer referencia a cualquier tema: el salvaje oeste, las guerras mundiales, animales salvajes, la antigua Roma, vikingos, el espacio, la edad media, oficios, mobiliario, menaje de cocina, deportes, vida submarina, etc. Quizás debido a la época, el contenido de los mismos aún estaban muy marcados y diferenciados según el género del comprador al que iban destinados, fueran niños o niñas, aunque era lo bastante diversificado para contentar a ambos, y en algunas temáticas, podríamos decir que su contenido a veces era la suficientemente neutro como para contentar a ambos grupos.

Más allá de los sobres sorpresas de papel mencionados, recuerdo que también existieron muchos otros tipos de sobres sorpresas –algunos en sobres de plástico- que contenían cómics o revistas, juguetes y chucherías


Siendo niño, el éxtasis de abrir uno aquellos sobres de papel, que con sus ilustraciones nos evocaban los carteles de una vieja película o un cómic antiguo, anunciaba su contenido, era indescriptible. Algunos rompían aquellos sobres delicadamente; otros, los rasgaban sin miramientos para acceder rápidamente a su contenido inmediatamente.

Una vez abierto, uno siempre sacaba unos blisteres de plástico, que podían ser de distintos colores, que contenían las piezas del kit en cuestión. Estas piezas tenían de separarse una a una y, a menudo, hacía falta quitarles las rebabas de plástico que tenían con unas tijeras o un cuchillo (por aquella época muchos aún desconocíamos lo que era un cúter). Algunas de estas piezas eran de una escala determinada, pero otras no. No era raro que junto a pequeños soldados, te viniera algún tanque u otro vehículo de medidas fuera de la escala de esos mismos soldados, o incluso la copia de algún objeto asociado a la temática en cuestión –pongamos por caso un rifle- que podía triplicar o quintuplicar el tamaño de un soldado. Pero bueno, en la imaginación de un niño, la escala de esos objetos poco importaban, pues ya nos encargábamos de ajustar cada cosa a su medida.


Si las piezas del kit eran de una pieza única, como podía ser el caso de un pequeño ejército de soldados, inmediatamente uno ya se podía poner a jugar, pero frecuentemente muchas otras piezas necesitaban de un montaje, más sencillo o complicado según de que artículo se tratase. Así, mientras que algunos objetos eran tan sencillos como unir dos piezas, como el caso del cuerpo de un tanque con su torreta, o un jinete con su montura, otros eran mucho más elaborados, llegando a ser como pequeñas figuras articuladas o piezas de maquetismo. En todo caso, su montaje resultaba sencillo, ya que las piezas se montaban a presión, sin necesidad de herramientas, cola o pegamento de ningún tipo, aunque como ya he dicho antes, a veces era necesario quitar previamente ciertas rebabas de plástico con tijeras o cuchillo.


Muchos de estos juguetes, con los años, se perdían o se tiraban, pero recuerdo aún con claridad que era habitual compartir muchos de estas pequeñas piezas de plástico con los otros chavales, y los soldados, vehículos y otras figuras pasaban de una mano a otra del mismo modo que los cromos o canicas. El trueque estaba a la orden del día. Montábamos batallas campales con aquellos pequeños ejércitos en la calle o el patio del colegio, fabricando montañas y colinas con la tierra, abriendo senderos y caminos apartando la grava de la tierra, o construyendo pequeñas trincheras o riachuelos horadando el suelo con una rama. Era el mundo de la imaginación compartida, donde era posible enfrentar tanques y soldados de infantería contra dinosaurios, o aviones contra gigantescos pterodáctilos, o hacer luchar ejércitos de vikingos contra vaqueros, e incluso cocinar en pequeñas ollas y sartenes de plástico todo tipo de personajes.


Fue toda una generación la que disfrutó de aquellos sobre sorpresa que ofrecían tantos mundos maravillosos del presente, pasado y futuro. La mayoría de nosotros guardábamos estos juguetes, como los clics de Playmobil, dentro del enorme bote de cartón cilíndrico de Colón o cualquier otro detergente, que por aquella época uno de los recipientes más usados para guardar los juguetes de un niño, junto a algunas latas de hojalata de galletas o del Cola Cao.

¿Qué se hizo de aquellos sobres sorpresa? ¿Por qué desaparecieron de un día para otro?

Me cuesta creer que este tipo de artículos desaparecieran por falta de ventas, ya que siempre fueron unos artículos baratos y una apuesta fácil para que cualquier padre contentara a sus hijos. Lo cierto es que cuando uno indaga sobre el tema, el porqué de su desaparición, prácticamente de la noche a la mañana, continúa siendo un misterio.


Hoy en día existen juguetes parecidos, pero sin el añadido de la sorpresa genuina, juguetes de marca que se venden directamente como piezas de coleccionista, pero que no tienen aquel sabor tan genuino de aquellos sobres sorpresa de antaño, en el que uno realmente no sabía que esperar de su contenido, hasta que sacaba las piezas de su interior.

Sea como sea, aquellos viejos sobres sorpresa de Montaplex y otras muchas marcas parecidas, así como muchas de las figuritas o maquetas que eran su contenido, hoy en día se han convertido, para nostálgicos y coleccionistas, en una pieza más que señalan el recuerdo de otra época lejana, no ya en el paso del tiempo, sino también en sus propios recuerdos, los recuerdos de la infancia.


miércoles, 3 de agosto de 2016

URBEX: LA FONT DE LES CURCULLES

 Texto y fotografías: Joan Ramon Santasusana Gallardo.
Fecha: 02 de agosto de 2016. Lugar: En algún lugar de la comarca del Gironès, provincia de Girona, Cataluña, España.
Total fotografías tomadas: 50. Total fotografías publicadas: 29.
Si quieres saber qué es el urbex: Urbex: exploración urbana.
Si quieres ver otros archivos urbex: Archivos urbex.


La Font de les Curculles es una fuente de agua intermitente cuya característica más visible, cuando uno la ve aparecer de repente en medio de la frondosa vegetación que la rodea, es la pequeña fachada de obra que enmarca la puerta que conduce hacia el interior de la montaña.

Su nombre, Font de les Curculles (“Fuente de las Conchas”, en catalán) no es casual, ya que hace alusión a las conchas que están fijadas en parte del marco de su puerta y el techo abovedado interior de la entrada, muchas de ellas, hoy en día, desaparecidas o muy desgastadas.


Una vez superado el umbral de esa puerta, uno puede adentrarse unos pocos metros en el interior de la montaña del Calvari, situada en la Vall de Sant Daniel, justo a las afueras de la ciudad de Girona. A lo largo de un estrecho pasillo rocoso en el que se notan los efectos del desgaste en sus muros, podemos observar los efectos de la erosión, debidos básicamente a la humedad y la disolución de sales cálcicas y ferrosas características de la zona. Precisamente estas sales son las que dan cierto sabor ácido y picante a las aguas de ésta y otras fuentes cercanas.


En medio de la oscuridad de este corto pasillo, que a día de hoy se ha convertido en refugio de murciélagos, arañas y multitud de insectos y miriápodos, uno cree poder adivinar lo que es un pequeño ecosistema por sí mismo, mientras observa algunas raíces que han logrado penetrar la tierra para aparecer en el techo y las paredes de esta pequeña galería.

No es mucho lo que nos ofrece esa fuente, ni puedo contaros demasiado de su historia, pues lo cierto es que si bien he indagado sobre ella, no he logrado averiguar nada, pudiéndoos ofrecer sólo este pequeño reportaje fotográfico.


























martes, 2 de agosto de 2016

SACA PARTIDO A TU COCINA: CONGELANDO VERDURA TROCEADA

Ahorra espacio, tiempo y dinero... congelando verdura troceada.

Pulsar en la foto para agrandar la imagen.

Cuando tenemos un importante excedente de verduras, hortalizas o las vainas verdes de ciertas legumbres, o bien cuando éstas amenazan con estropearse o han empezado a hacerlo ya, es buena idea ponerse manos a la obra y dedicarse a trocearlo todo, o al menos aquellas partes aprovechables de las mismas, para congelarlas y utilizarlas en un futuro. Ello no sólo es un buen método de aprovechar la comida que de otro modo desecharíamos, sino que también puede suponer una buena inyección económica, al permitirnos ahorrar algo de dinero, y, sobretodo, un ahorro de tiempo cuando cocinemos platos que utilicen esas verduras, hortalizas o legumbres como ingredientes, ya que los tendremos disponibles y listos para cocinar de inmediato.

Lo ideal, a la hora de congelar las verduras frescas es trocearlas, lavarlas a conciencia, escurrirlas bien, y guardarlas en cajas de almacenaje o bolsas transparentes o semitransparentes que nos permitan adivinar su contenido con un simple vistazo, o en caso contrario, utilizar un buen etiquetado. Pimientos, cebolla, apio, puerros, ajos, berenjena, calabaza, col, brócoli, coliflor, zanahoria, vainas de judías o habas tiernas y verdes... Todo ello es susceptible de ser troceado y congelado, y lo mismo podemos hacer con ciertas plantas aromáticas, como pueden ser el perejil, el orégano o la albahaca.

Una buena idea es aprovechar parte de las verduras, hortalizas y legumbres que de otro modo desaprovecharíamos, ya que, por ejemplo, de las cebollas, puerros o ajos podemos aprovechar tanto sus bulbos como sus hojas verdes, o de las judías y habas verdes, sus vainas si éstas están tiernas. Así, cuando utilizamos cebollas, pongamos por caso, podríamos trocear sus hojas verdes y congelarlas para, en un futuro, emplear las mismas en otro plato, como puede ser una sopa de verduras o una buena salsa para macarrones, y si cocinamos habas con chorizo, podríamos aprovechar las vainas para hacer un buen guisado.

Las verduras y las hortalizas troceadas son ideales para elaborar un plato sencillo y sano, herviéndolas solas con un poco de sal y aceite –como puede ser el caso de las cebollas, col, brócoli, coliflor o calabaza-, como condimento de diversas salsas –como los pimientos, cebollas, apio, puerros o berenjenas-, o como acompañamiento para platos como tortitas, fajitas, kebabs o dürüms hechos en casa.

Éste es un buen modo de sacar partido a tu congelador.